¿Por qué escribo?, por Ana Cristina Chávez

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¿Por qué escribes? Preguntas, mientras esquivas la mirada como buscando hacer invisible mi rostro aborigen silenciado por siglos.

¿Para quién escribes? Me increpas, pretendiendo detener mi afluente de ideas.

¿Qué escribes? Reclamas, cada vez que deseas censurar la hoguera que arde en mi pecho.

Yo respondo con un cántico aprendido en las noches de aquelarre:

«Soylamujerconsangreenlasvenasquequierescallarperonosedeja,

quenovaabordarniaponerlamesaensusantolugar,

quenoeslaviuditanilahijadelrey,

niquesequierecasarperonohallaconquien.

Aestahembraquesoyconpisadafirmeloszapaticosnoleaprietannilasmediasledancalor,

alaqueantesqueriaseraporelpeloyahoraqueestápelonayanolaquieres,

doñaAnanoestáaquí,yanoestáensuvergelcortandolarosaysembrandoelclavel».

Me observas con cara de duda. Yo afirmo:

-Soy la bruja a la que temes, la que quemas, la que lapidas, a quien le mutilas el placer desde el centro de su cuerpo-universo femenino, porque tienes miedo de su voz, de su instinto, de su intuición animal, fiera cazadora, dueña del mundo yo soy desde antes, desde siempre. Soy el eje de la carreta en la que andas, la que de su sangre hace vertiente y te nutre y te invade. Soy savia del árbol, mujer sabia que degüellas, que violas, que matas. Soy la sombra de otras y su luz, sus raíces, flores en invierno, rayo de luna, sol en la penumbra de un aposento-cocina-calabozo al que me arrojaste y yo escapé.

Y mientras me tuerces el pescuezo, y de mi pico brotan palabras carmesí, y me desplumas y me cueces en el caldo del olvido, revivo, sangro, paro, aborto, me desnudo, rompo y grito, y amo, y me siento viva y me toco y disfruto, retornan alas, fragancia envolvente; soy boca, carne, piel, vulva, vísceras, entrañas, útero, abrazos, esperanza, me hago verbo encendido, incendiario, rompaelvidrioencasodeincendio.

¿Por qué escribes?, insistes.

-Porque soy todas las que amordazaste y no pudieron escribir en su propio nombre.

  Por: Ana Cristina Chávez Arrieta