LA EXCELENCIA COTIDIANA
En mi reflexión de la semana comienzo por decir, una frase del filósofo, polimata y científico griego, Aristóteles, la misma dice así: «La excelencia no es un acto, es un hábito «. Así que, por ser un hábito, según Aristóteles, al referirnos a LA EXCELENCIA COTIDIANA, como el tema de mi reflexión de la semana, es básico que empecemos el día, agradecimiento a Dios por la bendición de permitirnos ver un nuevo amanecer y pedirle que nos ayude a hacer las cosas bien, aunque sean pequeñas, luego nos ponemos en pie de lucha y después de nuestro aseo personal, enfocarnos en convertir el ocio en una cita memorable con nosotros mismos y con los demás, llenando nuestras horas y minutos de aprendizaje, en lugar de matar el tiempo.
Así que, sin más preámbulo, la excelencia cotidiana es una forma de vivir que implica hacer las cosas bien y con tiempo, y que se fundamenta en la mejora continua y el aprendizaje constante.
Para abreviar, la excelencia cotidiana, es un compromiso de mejora continua y de búsqueda de hacer cada día las cosas un poco mejor.
Lo importante de la excelencia cotidiana, es que todos estamos en condiciones de aprender a hacer una cosa primero y después otra, siempre con cautela y dedicación, haciendo de nuestro tiempo un buen uso.
Recordemos la frase de Aristóteles: «La excelencia no es un acto, es un hábito». De modo, que si de excelencia cotidiana se trata, es poner conciencia a las pequeñas cosas, día tras día. Quizá algún día, miremos atrás y nos demos cuenta que las cosas que creíamos pequeñas, eran las grandes.
En síntesis: Cuando nos acostemos, al final del día, y hagamos un resumen de lo que hicimos durante el día, tengamos la alegre sensación de que, también, nuestra tarea del día, ha sido una buena página que podemos escribir en
el libro de nuestra vida.
Si le gustó mi reflexión de la semana, cuánto le agradezco que me ayude a compartirla.
¡Un abrazo lleno de bendiciones!!
Por Fredis Villanueva.


