El Ing. Humberto Peñaloza y el día de Cumarebo
El olvido provocado, y la adulteración de la historia de hechos y acontecimientos que involucra a personajes y confunde el origen de ciertos pueblos por parte de élites preponderantes es un fenómeno estudiado por la sociología, la historia y la política. Este proceso se conoce formalmente como amnesia colectiva o borrado histórico.
Humberto Peñaloza fue uno de los ingenieros petroleros, empresarios y promotores culturales más insignes de Venezuela durante el siglo XX. Nacido con orgullo en la tierra de Puerto Cumarebo, estado Falcón, es recordado como un visionario que buscó democratizar el acceso a la riqueza petrolera y fortalecer la identidad civil del país. Formó parte de la histórica primera promoción de ingenieros de petróleo egresados de la Universidad Central de Venezuela en 1948
En su Discurso de Incorporación como Miembro de Número a la Academia Nacional de la Ingeniería y el Hábitat (Silla Nro. 14) Peñaloza rompe con la rigidez académica para evocar con orgullo y nostalgia su infancia, dedica líneas memorables a la influencia que tuvo la geografía, el viento y la cultura de Puerto Cumarebo en el moldeamiento de su carácter civilista, definiéndose a sí mismo ante los académicos, antes que como ingeniero, como un «cumarebero auténtico».
Existen recopilaciones de conferencias y cartas dirigidas a instituciones falconianas donde Peñaloza abordaba la identidad regional. En estos textos, solía describir a Puerto Cumarebo, no solo como el lugar donde nació, sino como el espacio que le enseñó los valores de la civilidad, el esfuerzo propio y el amor por la cultura
El silencio que rodea la figura de Humberto Peñaloza en su propio suelo es una anomalía histórica comparable con la aberración de seguir con el error histórico del 17 de mayo como día de Cumarebo, unos por una declarada ignorancia supina del tema, otros actuando irresponsablemente para no asumir el deber ético de corregir.
Mantener viva la presencia del Ingeniero Humberto Peñaloza no es un acto de nostalgia; es una deuda moral y un ejercicio de legítima defensa cultural. Un pueblo que olvida a sus científicos, a sus humanistas y a sus civilizadores se condena a la orfandad referencial. Reivindicarlo hoy en las aulas universitarias y en las calles de Zamora es devolverle a Puerto Cumarebo uno de sus espejos más limpios, demostrando que de este puerto caribeño no solo zarpan barcos, sino también las mentes más brillantes que han moldeado el destino de Venezuela
Existe un hilo conductor directo entre el olvido de nuestros grandes hombres y la aceptación sumisa de fechas impuestas. La comunidad actual ha sido forzada por élites y sectores poderosos —económicos y políticos— a conmemorar el 17 de mayo de 1845 como el «Día de Cumarebo». Sin embargo, la historia crítica nos demuestra que ese decreto de la vieja oligarquía caraqueña fue un acto impropio y extemporáneo, un ropaje jurídico que luego siglo y medio después le asignaron fecha de fundación de un pueblo que ya tenía alma, vida y arraigo borrando de un plumazo la verdadera gesta autonómica de Puerto Cumarebo: la creación de la Parroquia Civil y Eclesiástica en 1819, el auténtico hito que otorgó origen, legalidad, partida de nacimiento y vida civil independiente a nuestra comunidad caribeña.
El mismo patrón de dominación: El poder centralizado que en 1845 ignoró la voluntad civil y la fundación de 1819 es el mismo que en el siglo XX y XXI sepultó el legado de Peñaloza
La sumisión iconográfica y calendaría: Celebrar una fecha impuesta por élites ajenas mientras se oculta a un cumarebero universal que llevó nuestro gentilicio por el mundo, es aceptar la colonización de nuestra memoria.
Por lo tanto, la rebelión intelectual debe ser total. Hay que rescatar la figura y obra del ing. Humberto Peñaloza y hay que rescatar los orígenes de 1819, porque ambos representan la misma bandera: la de un Cumarebo que se piensa a sí mismo desde sus propias entrañas, desde el valor de sus pioneros y desde la legitimidad de sus luchas civiles. Romper el silencio sobre el ingeniero es, al mismo tiempo, comenzar a cuestionar las efemérides impuestas para devolverle a «La Perla de Falcón» su verdadera cronología de libertad y dignidad mancillada y permitida por quienes a falta de valor cívico y voluntad intelectual, prefieren hacer como el avestruz, hundir la cabeza para simular que nada está pasando.
Dr. Ernesto Faengo Pérez.


