Una revolución innecesaria
Douglas Játem Villa
En el sentido clásico, en el sentido que la revolución es un proceso ejecutado por fuerzas indetenibles que producen las transformaciones estructurales, radicales y definitivas de sistemas que han fracasado en posibilitar niveles satisfactorios de felicidad y bienestar a su población, se puede afirmar que en Venezuela no es necesario, ni es realista, hablar de revolución.
En la Venezuela que nació a la democracia el 23 de enero de 1958, la que nos acostumbró a vivir en un clima de libertades, la que posibilita que el pueblo con su voto encomiende el poder a quien le merece su confianza, la que garantiza en la Constitución los diversos derechos humanos, incluyendo los derechos civiles, políticos, económicos, como los de propiedad e iniciativa; sociales, culturales, y otros, aun con vicios y defectos, no tiene justificación hablar de revolución y tampoco es necesario.
Basta valorar el hecho que Venezuela llegó a ser el país latinoamericano con mejores niveles de democracia y bienestar económico, lo que demuestra sobradamente que no hay condiciones objetivas o subjetivas para plantear cambios tan transcendentales.
Esto no niega que el desenvolvimiento de Venezuela durante los años finales del siglo XX fue insatisfactorio, y que eso exigía correctivos que posibilitaran recuperar las condiciones de vida que demandaba la población.Pero estos cambios son realizables dentro del sistema político que se desarrolló en nuestro país,el cual ya había generado progreso al pueblo venezolano, y por tal razón se afirma que en Venezuela no se plantea realizar algún proceso revolucionario.
Pero la evolución de Venezuela durante lo que va del siglo XXI ha sido tan negativa, hasta el punto de que se puede hablar de destructiva, que hoy es vital e impostergable recuperar el proceso de desenvolvimiento seguido durante la parte final dlel siglo XX, cuando Venezuela, se repite, llegó a ser el país latinoamericano con mejor nivel de progreso.
Se recalca entonces que la recuperación económica referida debe realizarse, no solo al margen de una iniciativa revolucionaria, sino precisamente dentro del mismo sistema político democrático que prevaleció durante los años anteriores. No es necesario decir que si bien el sistema democrático debe ser el mismo, es imperioso cambiar el patrón de relaciones intersectoriales dentro del mismo: a)Entre la empresa y los trabajadores;b)Entre el estado, incluyendo los partidos políticos,y la empresa y los trabajadores, con el fin de generar las políticas e iniciativas económicas que signifiquen inversión,empleo, ingreso y consumo de bienes y servicios básicos; c) Entre el estado y la sociedad civil con el fin de asegurar el papel protagónico de la sociedad civil, de los ciudadanos, y la renovación y rectificación de los partidos políticos hacia su nuevo papel al servicio de la sociedad
Por el contrario, la “revolución” que se requiere exige contar con instituciones trasparentes designadas de acuerdo con lo establecido en la Constitución de la República,como el Tribunal Supremo de Justicia, el Fiscal General de la Republica, , el Contralor General de la República, la Defensoría del Pueblo, el Concejo Nacional Electoral. Pero eso no es lo que ha ocurrido. Lo que ha ocurrido esc más bien una tendencia al ejercicio absoluto y hegemónico del poder,y ya se sabe que el poder corrompe, y que el poder absoluto corrompe absolutamente.
Estamos cayendo en una contradicción porque se habla de que la Constitución de 1999 es la base de un proceso revolucionario perfeccionador de la democracia, pero, como ya se dijo, lo que se está haciendo es magnificar la concentración del poder que es un claro atentado contra la democracia
En definitiva, se puede aceptar que el desenvolvimiento de Venezuela entre 1958 y 1998 fue positivo en el sentido de que responde al concepto y practica de la democracia, y se agrega que se ..puede perfeccionar e incrementar su aporte al bienestar del pueblo realizando los cambios no revolucionarios como los indicados antes y que se traducen en una nueva y correcta forma de desarrollar la actividad política por parte de políticos que lleven adelante la política y destierren la politiquería.


