Sobrevivir … Por: Ana Cristina Chávez

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Escribir, escribir, escribir, para desmorir un poco, hacerse sobreviviente. Arrojarse al mar encerrada en una botella. Enfrentarse al monstruo de la página en blanco, mirar fijamente el techo y traspasarlo.

Mimetizarse, transfigurarse en animal que perfora hojas, se traga letras, las escupe, mancha el papel; monstruo marino de ocho tentáculos.

Teclear, rayar, dibujar palabras, torcerle un brazo a la inspiración, quemarse en la hoguera, renacer entre las cenizas. Dudar, temer, matar de puro susto, en defensa propia. Enfrentarse a la crítica, al dolor corporal, al despecho autoflagelado, a las ampollas de los pies, a las tripas hablándote, a los cobros de facturas, al trabajo mal pagado, a trabajar por amor al arte, a vivir sin trabajar, a trabajar sin vivir, al sueño no cumplido, a subsistir sin sueños, al sueño de día y al insomnio de búho.

Escribir para irte al carajo; escribirle al carajo que se va, al que quiere que te vayas y no te escribe. Escribir pa’ que supure la herida que no cierra.

Por qué escribes si no eres escritora y nunca lo serás. No me importa, sé fingir, igual yo aprendo, de a poquito, de a sorbitos, de mirarte a vos escribiendo allí sentado, dando a luz, pariendo ideas, abortando temas, desangrando historias.

Yo aprendo de leerla a ella, a la otra y a la que está aquí como yo, sin rumbo, pero perdidamente enfocada en escribirle a alguien que no sabemos si nos lee.

Escribo pa’ desahogarme, para ahogarme escribiendo, porque no quiero hundirme sola y vos te venís conmigo, aquí en mi cama, desnudo como yo, hambrienta como yo, porque después que mato el tigre no le tengo miedo al cuero. No me muestres más los dientes, ¿es que te crees invencible?, no me habéis visto retozando.

Vení que yo te cazo, que yo te vuelo los sesos, venite conmigo, me aburrí de estar sola, vamos a comernos, a escribirnos los cuerpos, a desmorirnos un rato, a sobrevivir en este infierno.

Miel y Salmuera