Sector textil de Ureña teme desaparecer

Comparte

Decenas de personas, la mayoría en carros particulares, arriban a diario a la ciudad fronteriza de Ureña, motivadas por el turismo comercial. El sector textil es el principal factor que atrae a este grupo de empresarios, pues la calidad del jean y lo pujante de las fábricas convierten a la zona en un punto de referencia nacional e internacional.

Ese panorama dista enormemente del actual, donde de las 500 fábricas que existían, según el director del sector textil de la jurisdicción de Pedro María Ureña, Fernando Grajales, solo quedan 200, y trabajando a 10 % de su capacidad.Antaño, la producción de jeans alcanzaba a cubrir la demanda nacional y significaba una gran competencia para quienes deseaban importar el producto.

“Llegamos a producir, entre todas las empresas, más de 35 millones de pantalones (damas, caballeros y niños). En la actualidad, la cifra no pasa de los 3 millones”, lamentó Grajales.En esa época dorada, miles de trabajadores, tanto directos como indirectos, se desplazaban desde San Antonio, Cúcuta y de diversas comunidades de Ureña, hacia las fábricas que operaban en la localidad. Hoy, el grupo disminuyó y el tránsito de empleados es mínimo y sujeto a muchos factores.

Para el director del sector textil en el municipio, la devaluación que ha venido arrastrando el bolívar significó, para la mayoría, un gran problema, pues al momento de renovar inventarios, el dinero no representaba el mismo valor, registrando pérdidas. Ahora, todos manejan el peso colombiano, y en algunos casos el dólar, como la moneda aún no oficializada que mueve el incipiente mercado.

“Estábamos trabajando a pérdida. A eso se le suman los cierres fronterizos y la pandemia, escenarios que han diezmado la producción”, resaltó Grajales, al tiempo que lamentó que el virus siga afectando enormemente la movilidad.

“No se tiene la posibilidad de recibir clientes, en lo que llamamos turismo comercial, ya no pueden venir con facilidad personas de Trujillo, Mérida y San Cristóbal a comprar en la frontera”, dijo.

Mantienen la calidad, mas no la cantidad

Los empresarios que aún le apuestan al sector se han esforzado por mantener la calidad; incluso, la han robustecido, pero sin posibilidades de acrecentar el número que se produce.

“Nos estamos esmerando mucho más”, resaltaron los fabricantes al ser consultados por el equipo reporteril de La Nación.

La poca materia prima que entra sigue llegando de Colombia, China e India. “Nos toca esperar a que arribe, se haga el proceso de importación y, en muchas ocasiones, las empresas debemos esperar por un cupo”, enfatizó Grajales, quien, como dueño de Jeans Brigadier, ha tenido que pagar por adelantado la mercancía, y “la recibe a los tres meses, como es el caso de la tela”, especificó.

A esto se suma la falta de créditos, tanto por parte de la banca nacional como regional, pues mantener un capital para eso no es sencillo. “Nuestro grueso de clientes siguen siendo nacionales. Hemos logrado, en algunas oportunidades, exportar para Colombia. El mercado nacional hay que surtirlo y se necesita mercancía, pero para eso hay que tener un músculo financiero, la banca apoyándonos, y con una óptima movilidad”, apuntó.

Lara, Carabobo, la zona andina y la capital del país, Caracas, son los puntos que aún concentran la mayor cantidad de clientes. 15 días atrás, Lisandro Ascanio, dueño de una fábrica, viajó a la ciudad de Barquisimeto y se trajo una imagen esperanzadora: “el comercio está agarrando nuevamente vida”, dijo.

Ascanio comparó la imagen que vio con la que prevalecía dos años atrás, cuando las zonas comerciales del centro del país se hallaban desoladas y sin el movimiento que las caracterizaba. “Aún requerimos de muchas mejoras e incentivos para conseguir levantar la producción”, recordó.

“Sigue disminuyendo la producción”

Lisandro Ascanio, dueño de la fábrica Maclar, ve con preocupación que la producción de su producto sigue en baja, debido a los inconvenientes con la movilidad y costos.

“Estamos en desventaja con las personas que confeccionan en el centro del país, en la zona de los llanos y otras regiones de Venezuela”, subrayó.

En los 20 años invertidos completamente al sector, Ascanio ha mantenido la persistencia y la fe por lo que hace, pese a los tiempos difíciles, que no han cesado y continúan arropando a los empresarios de la frontera.

“No nos queremos ir de Ureña, seguimos creyendo en el país”, enfatizó el ciudadano.A la semana, su fábrica solo está produciendo 1.000 pantalones, con la participación de 20 empleados directos y 25 indirectos; estos últimos son los que poseen los talleres satélites, muy conocidos en la frontera y que se encuentran constituidos por grupos familiares que han comprado sus máquinas de coser y otros instrumentos para la terminación del producto.

Hay un grupo, muy sonado en el sector, que no se puede obviar: “los que despeluzan los pantalones”, un trabajo a detalle que emplea a ciudadanos de frontera y a algunos migrantes internos que hacen vida en la zona.

“Necesitamos soluciones prontas para seguir desempeñándonos en este oficio”, manifestó Ascanio, mientras insistía en la necesidad de que los diálogos que ha sostenido el sector productivo con las autoridades regionales, comiencen a dar los frutos anhelados para el rescate de la producción.

Con información de El Nacional