Salario en ruinas: ¿Aumentará en corto plazo?

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Tras la implosión de la economía y la demolición del salario los venezolanos asisten a la cristalización de una sociedad más desigual en la que trabajadores, técnicos y profesionales obtienen una retribución muy baja que los instala en la pobreza, al borde de la misma o en una clase media en declive.

No obstante, forzado por las circunstancias, Nicolás Maduro recurre a la empresa privada y alienta una apertura que oxigena a sectores específicos, mientras otros permanecen en el foso de la crisis. La tendencia, explican analistas, será una mejora lenta y desigual de los salarios.

Desde 2013 el Banco Central oculta el índice de remuneraciones, pero la consultora Anova Policy Research construyó uno con datos recolectados entre octubre de 2020 y enero de 2021, entrevistas a 313 empresas e inspección de las tablas salariales del sector público. 

Si bien el estudio no incluye a los trabajadores por cuenta propia, al sector informal y las empresas del área financiera, desnuda la insuficiencia del salario.Anova señala que al cierre de enero de este año el salario promedio en el ala privada de la economía, incluyendo en este concepto sueldo, bonos y todo tipo de compensación, se ubicó en 70,1 dólares, una cifra enana que refleja el impacto de siete años consecutivos en recesión y una hiperinflación que estalló en 2017 y pulverizó la moneda.

La comparación con Perú es ilustrativa: en Lima el salario promedio mensual equivale a 420 dólares y permite comprar 212 kilos de pollo o si fuese el caso, 70 Mccombos grandes de cuarto de libra con queso en McDonald’s.

Un trabajador venezolano con el salario promedio en el sector privado tan solo podría comprar 29 kilos de pollo o si quisiera ir a McDonald’s, siete Mc Mccombos grandes de cuarto de libra con queso.

En el sector público la quiebra del Estado golpeó al salario con mayor virulencia que en las empresas privadas. La investigación de Anova, realizada para el Observatorio Venezolano de Finanzas, indica que el análisis de la distribución salarial por cargos de las tabulaciones oficiales señala que el salario promedio es de apenas 4,7 dólares.

Fuentes explican que el gobierno complementa este monto con la asignación de bonos y en el caso del personal mejor calificado, con cajas de comida conocidas como “el CLAP de los VIP” y reparto de euros en efectivo. Pero la gran mayoría de los trabajadores tiene un ingreso muy inferior al del sector privado.

Junto al salario también se han evaporado las prestaciones sociales, un dinero que el trabajador recibía al retirarse de acuerdo a sus años de servicio y que durante su vida laboral podía utilizar hasta 75% para emergencias médicas, gastos de educación y compra o reparaciones en la vivienda.Aparte del impacto de la hiperinflación las prestaciones también se han difuminado porque están relacionadas al salario y la mayor parte del ingreso que reciben los trabajadores, tanto en el sector privado como público, corresponde a bonos y pagos en especie.

Gerentes apretados

En general los profesionales que han logrado escalar hasta puestos de dirección en la estructura laboral reciben una compensación exigua. Anova indica que en promedio un gerente en Venezuela obtiene a fin de mes una remuneración de 206,4 dólares, un monto que está muy por debajo de la tendencia en la región.

Según los datos del Total Remuneration Survey 2020 de la consultora en recursos humanos Mercer, los salarios más bajos a nivel de gerencia en la región, tomando en cuenta el costo de la vida, correspondieron a Argentina con 3.300 dólares al tipo de cambio oficial. Los más elevados estuvieron en Uruguay y Chile donde superaron los 6 mil dólares.

Enrique Gallardo es ingeniero civil y tiene el cargo de gerente en una empresa de construcción, explica que “mi salario es muy bajo porque este sector está paralizado, trabajamos muy poco, quiero irme de Venezuela junto a mi esposa que es arquitecto, afortunadamente no tenemos hijos”.

Industriales a la espera

Las leyes aprobadas para maniatar al mercado siguen vigentes, pero tras la catastrófica caída de la producción petrolera y de la recaudación de impuestos, el gobierno perdió poder en la economía, relajó los controles de precios y permitió la libre circulación del dólar.

El giro hacia el mercado resucitó a una economía muerta que entre 2014-2020 se redujo a la tercera parte de lo que era en 2013, pero la mejora del salario requiere medidas en distintos frentes.

Anova indica que el mayor ingreso mensual corresponde a los trabajadores de la manufactura donde el promedio es de 89,7 dólares. Luigi Pisella, director de Conindustria, explica que “hace un año el salario promedio en la industria estaba alrededor de 20 dólares y tenemos como objetivo que siga aumentando, pero necesitamos condiciones”.Los industriales esperan que el gobierno elimine la exoneración de aranceles a productos que se elaboran en el país, a fin de competir en igualdad de condiciones con los importados. Además, necesitan que avance el plan de vacunación contra el Covid-19 para incrementar las horas de trabajo.

La lista también incluye suministro sin interrupciones de electricidad, combustible, mejoras en el acceso al crédito y control de la hiperinflación. De esta forma, el uso de la capacidad instalada aumentaría e impulsaría los salarios. 

Durante la administración del expresidente Hugo Chávez el gobierno estatizó todas las empresas del sector eléctrico y la principal compañía de telecomunicaciones. Años de pésima gerencia han hundido la calidad del servicio, a lo que se añade la caída en la producción de diésel y gasolina por el mal estado de las refinerías de Pdvsa.

Luigi Pisella afirma que “el uso de la capacidad instalada, en promedio, está actualmente en 20%. Si logramos que aumente hasta 40% nuestros salarios podrían duplicarse. Venimos de muy abajo, si el uso de la capacidad aumenta, por ejemplo, hasta 30% puede parecer poco, pero es un incremento de 50% en la producción, es algo que se va a sentir”.

Según dónde estés

El director de Ecoanalítica, Asdrúbal Oliveros, considera que la tendencia general es hacia un incremento pausado del salario en el sector privado, pero explica que en algunas áreas el aumento tendrá más vigor que en otras.

“Nuestras proyecciones contemplan un salario promedio en el sector privado de 72 dólares para este año, un aumento hasta 90 dólares en 2022 y otra alza hasta 115 dólares en 2023” dice Asdrúbal Oliveros.

“Veremos estructuras muy desiguales. En las áreas con capacidad de resistencia en la coyuntura actual como alimentos, medicamentos, clínicas, tecnología y telecomunicaciones habrá un ritmo más acelerado en el aumento del salario que, por ejemplo, construcción, educación y sector bancario que están muy deprimidos”, añade Asdrúbal Oliveros.

Un factor a tomar en cuenta es que en determinadas profesiones hay un viento a favor. “Existen ocupaciones donde la presión para mejorar los salarios es mayor por la escasez de personal. En tecnología, por ejemplo, las empresas tienen que ser competitivas porque el personal más calificado puede trabajar para compañías de otros países desde Venezuela”, explica Asdrúbal Oliveros. 

“Otra área es la de finanzas donde cuesta encontrar personal calificado tras la ola de emigración. También mercadeo y ventas, porque desde que se relajaron los controles las empresas han retomado los mecanismos de análisis del mercado. Además, el ajuste del salario va a ser más rápido en el sector informal” agrega Oliveros.

La productividad

La mayoría de los economistas coincide en que los salarios se relacionan con la capacidad de aumentar la producción por trabajador. Omar Zambrano, director de Anova, destaca este concepto y señala que “el salario de equilibrio está relacionado a la productividad y en este aspecto hay limitaciones importantes”.

El estudio elaborado por el Banco Interamericano de Desarrollo y el IESA sobre las empresas venezolanas, con datos hasta el primer semestre de 2020, da una idea clara de las trabajas para elevar la productividad.

Macroconsultores resume los principales hallazgos del estudio: en el transcurso de un mes, en promedio, las empresas padecen once interrupciones en el servicio de internet, diez cortes de energía eléctrica y seis fallas en la disponibilidad de agua. El acceso al crédito es deficiente y hay escasez de trabajadores calificados por la emigración.

Omar Zambrano indica que “las restricciones, el ambiente macroeconómico, la inseguridad jurídica, colocan un techo bajo a la mejora que podría haber en la producción. Puede haber algunos nichos con mejor desempeño, pero la economía se va a ir atomizando, no hay condiciones para un crecimiento horizontal, de amplia base”.

Dólar e hiperinflación

Técnicamente Venezuela ingresó al túnel de la hiperinflación en diciembre de 2017. Para diagnosticar esta enfermedad la mayoría de los economistas emplea la definición que en 1956 estableció Phillip Cagan: un país sufre hiperinflación cuando la inflación alcanza 50% en un mes y culmina cuando en un período de doce meses no ha habido otro mes de 50%.

Tras no ahorrar durante el período de los altos precios del petróleo, endeudarse masivamente, no realizar las inversiones necesarias para mantener la producción petrolera y caer en una profunda recesión que merma la recaudación de impuestos, el gobierno se quedó sin recursos para cubrir el gasto y recurrió a la creación de dinero.

La economía es un juego de contrapesos y la inyección de dinero dinamitó el equilibrio entre la oferta y la demanda disparando los precios. De acuerdo con el Banco Central de Venezuela solo en 2020 la inflación fue de 2.959% y en el primer trimestre de este año ya acumula un avance de 127,8%. Ante la pulverización de la moneda las empresas utilizan al dólar par fijar los precios y crecientemente para pagar remuneraciones. Anova indica que en el sector privado 46% de las remuneraciones se cancelan en dólares.

Pero el ingreso en divisas no está vacunado contra la inflación. Mientras los precios aumentan velozmente porque el gobierno crea dinero para cubrir gastos, la cotización del dólar aumenta a un ritmo más lento: Ecoanalítica precisa que en febrero hacían falta 223 dólares para comprar lo que en enero de 2019 se compraba con 100 dólares. 

Muy atrás queda la ensoñación de 2004-2012, cuando el ingreso de los trabajadores y el consumo crecieron a paso firme. La fiesta financiada con petrodólares terminó en pobreza y todo apunta a un largo camino para que el salario se equipare con el del resto de los países de América Latina.

Con información de Runrunes

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