Punto Fijo arriba a 50 años entre luces de colores y protestas por agua

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El Punto Fijo de Rafael González hoy celebra sus bodas de oro entre luces de colores, obras rimbombantes y embellecimiento de ornato. Las autoridades regionales y locales le regalaron a los carirubanenses mejoras que para la mayoría no eran necesarias.

«Es como limpiar el frente de una casa mientras que el interior se cae a pedazos», manifestó Rosa Molina en una de las dos protestas que precedieron la inauguración del pórtico de entrada a Punto Fijo, que se llevó a cabo la noche del miércoles 26 de febrero.

Está obra que da la bienvenida a Punto Fijo y en la cual se invirtieron millones de dólares, muestran una de las caras de la moneda: la bonita, la de progreso, la de gente llena de sueños, emprendedora, pujante y luchadora.

Sin embargo, existe la otra cara: de aquello que no marcha como todos quisieran, la que no duerme cargando agua, la de los abuelos que pierden la vida buscando el vital líquido, la que sufre por lo constantes apagones que quema los aparatos eléctricos que compraron con años de esfuerzo, la que sobrevive sumidos entre aguas negras y basura.

Ya han pasado 50 años de la firma del decreto de municipalidad del caserío más grande del mundo. Para ese entonces, Punto Fijo figuraba como una de las ciudades más pujantes de Venezuela, flanqueada por el centro refinador más importante del mundo. Nadie se esperaba que de a poco cayera en un pozo del que ahora cuesta mucho sacarla.

Las autoridades gubernamentales lo repiten a diario: «Estamos trabajando para sacar al municipio de esta situación, pero no es facil».

Los carirubanenses esperan otros regalos que sean más provechosos, para poder hablar con propiedad de progreso y desarrollo.

Blanca Sánchez CNP 9237

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