Miel y Salmuera … La brillante poesía natural de Jenny Araque Saavedra

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Por: Ana Cristina Chávez Arrieta

   ¿El deseo de nosotras las mujeres puede compararse con la inmensidad del mar?, ¿Albergamos acuosidades, misterios, mundos profundos y tormentas internas?, ¿somos receptáculos y destinos para verter el fuego?, Jenny Araque Saavedra (Caracas, Venezuela, 1979), en su primer poemario titulado 3:53, nos hace pensar al respecto y demuestra que hay semejanzas entre los mares y el universo femenino, empleando para ello una prosa sencilla pero elegante y seductora.

    El libro, publicado en el mes de agosto por el Fondo Editorial #NosUneLaPoesía, en colaboración con Ediciones Madriguera y Senderos Literarios, reúne 36 poemas en torno al amor, la pasión y la complicidad de pareja. En sus palabras hay mucho de instinto, de fuerza y de sutil erotismo. Su poesía es un continuo decir y no decir, una delicada insinuación, una discreta revelación de imágenes, donde quien lee se convierte en testigo de encuentros furtivos, de coqueteos incesantes y de las ganas que dos tienen de tocarse y compartir sudores, tal como lo expresa en el texto «Pasión evidente»:

Con cada café una sonrisa,

una mirada cómplice,

inocente roce de piel con piel,

amantes en un juego prohibido.

Misterio, pasión y poder,

peligrosa seducción, silencioso deseo.

Un tsunami de emociones, dos almas tentadas

gritaban lo imposible de ocultar.

   En muchos de los poemas los elementos de la naturaleza son protagonistas, interactuan con las emociones que manifiesta la autora y asumen un ritmo, una cadencia verbal.

Allí estaba el firmamento, despejado.

Las estrellas titilaban a lo lejos,

la melodía de la noche fiel testigo,

mientras tanto, siempre tú, a mi lado.

   En otros de los textos esos mismos elementos se transfiguran en fusión de cuerpos, en deseo prohibido, en el acercamiento de labios y pieles desbordadas. Hombre y mujer se encuentran como la lava ardiente de un volcán que erupciona y recorre presurosa los caminos que la llevan al mar; hasta esa mujer-mar convertida en apacible receptáculo o en avivadora de la llama, siendo capaz de cubrir el ardor masculino, retenerlo y transformarlo.

Me posees,

despiertas una vorágine.

Este mar en mí se agita.

Luego descansa.

   El título «3:53» habla de noches de desvelo, de madrugadas de escritura, por ser la hora en que muchas veces la musa despertaba en la escritora, pero también porque es el valor aproximado de la máxima densidad de los diamantes. Y si hay alguien que sabe brillar es Jenny Araque, quien desde su labor como promotora de lectura con el Club Personitas, cultiva en las infancias y adolescencias el hábito de leer y escribir. Así, la Jenny poeta, la periodista, la educadora y la madre, se conjugan en el cuerpo creador y creativo de la Jenny mujer, quien nos hace partícipes de sus sensaciones y nos regala su palabra viva en este libro.

Esta madrugada me reveló

que la soledad no es soledad,

la soledad es sentirme acompañada

aun estando sola.

Conmigo la luna silenciosa,

el tibio amanecer,

la brisa suave que acaricia mi piel,

el cielo azul que me arropa.

También está el canto de las aves en mi ventana,

la sonrisa de mi niño,

su abrazo sincero y la luz de sus ojos,

la bendición de mis padres,

los buenos días que respondo en la calle.

La soledad no es brava,

es una compañera amable, leal,

que pule tus rincones más oscuros.