«Me prometí no descansar hasta hacer justicia», dice víctima del 11 de abril ante Corte IDH
En la presentación de alegatos finales sobre el caso del 11 de abril de 2002 ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH), Mohamad Merhi, padre de una de las personas asesinadas en esas protestas, exigió al tribunal internacional que estos hechos no queden en «impunidad total» y se provea justicia a todos los afectados.
Luego de 24 años de los sucesos, la Corte IDH realizó este miércoles 14 una audiencia pública sobre la responsabilidad del Estado venezolano sobre diversas violaciones a los derechos humanos por la represión de la marcha de ese abril, convocada por gremios laborales y diversos sectores en rechazo al despido público de centenares de trabajadores de la estatal Pdvsa.
En la audiencia sobre el caso «Trujillo y otros vs Venezuela», los jueces escucharon los alegatos de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, las declaraciones de dos víctimas, una testigo de las manifestaciones y un perito que habló sobre las decisiones del Ejecutivo.
Merhi se presentó ante la Corte IDH no solo como padre de Jesús Mohamad Capote, sino para que «no se olvide» a Orlando Rojas, Jesús Orlando Arellano y Fernando Sánchez Colmenarez, entre otras víctimas.
Expresó que Jesús, que contaba con 18 años, «no era solo mi hijo, era mi amigo» y su muerte afectó a su madre, María, y su hermano Jonathan, que apenas tenía 10 años cuando Capote fue asesinado.
Merhi dijo que decidió asistir junto a su hijo a esa «marcha pacífica de más de un millón de personas» porque «sentimos que en Venezuela se había perdido la democracia y el Estado de derecho». Pero en la esquina La Pedrera, dijo, cerca de las 3:30 p.m. el grupo afecto al Gobierno se retiró del lugar y empezaron los disparos desde Puente Llaguno, que al principio confundió con «fuegos artificiales y bombas molotov».
A unos 10 metros de distancia, relató, «vi a un hombre desplomarse con su cámara y con sangre saliendo a borbotones de su cara» y que luego identificó con el fotógrafo Jorge Tortoza, quien fue uno de los primeros asesinados. «A otros metro vi a una mujer alta, la señora Malvina Pesate, y pensé lo mismo, que la habían herido con piedras».

Pero al ver una tercera personas con sangre, comentó Merhi, se dio cuenta de los disparos y escondió a su hijo detrás de un árbol, le ordenó retroceder y le dijo que lo esperara en la avenida Urdaneta. Él procedió a esconderse junto a otras personas detrás de un quiosco de periódicos y allí perdió rastro de Jesús, por lo que decidió retornar a su casa con la esperanza de llegar encontrarlo allí.
Cerca de las nueve de la noche, dijo Mehri, se movilizó al hospital Doctor José María Vargas, en el centro de Caracas, donde buscó a su hijo Jesús entre los heridos. Al final, relató el hombre, lo llevaron a ver la lista de ingresados donde vio su nombre con la palabra «fallecido» escrita a un lado.
«Una luz se apagó dentro de mí, la tristeza empezó a predominar en mi vida y en la de mi familia, en especial a la de su hermano menor Jonathan», afirmó visiblemente conmovido.
«Al segundo día identifiqué el cuerpo de Jesús en la morgue de Bello Monte. Ese día le prometí a mi hijo y me prometí a mi mismo no descansar hasta hacer justicia. Han pasado 24 años y medio, 24 años de lucha. No nos anima aquí sentimiento alguno de revancha, de odio o de retaliación, nos anima el inconmensurable amor que le profesábamos por siempre… Es ese amor el que ha conservado incólumes nuestras urgencias de verdad, justicia».
Aunque el Tribunal Supremo de Justicia admitió una petición de investigación independiente que presentó tras revisar decenas de pruebas y videos, Merhi indicó que se desestimó la denuncia por una «fuerte injerencia gubernamental y posibles sobornos». Dijo que se declaró en huelga de hambre frente al TSJ y lo detuvo a los nueve días por una reunión que concretó con el entonces secretario general de la OEA, el colombiano César Gaviria. Sin embargo, no hubo mayores respuestas en su caso.
Mohamad Merhi afirmó que la lucha para esclarecer la muerte de su hijo Jesús y el resto de las víctimas del 11 de abril «tuvo consecuencias devastadoras» en su vida, pues perdió todos sus bienes materiales. Sin embargo, sentenció que la pérdida más dolorosa fue el propio asesinato de Jesús y las afectaciones de su círculo familiar.
«Mi hijo menor Jonathan tenía 10 años cuando Jesús fue asesinado, quedó traumatizado y durante muchos años lloró por la muerte de su hermano en las noches. Nunca pudo superarlo. En 2009 fue declarado un niño con discapacidades por las autoridades sanitarias de Canadá. La madre de Jesús, María Concepción Capote, todavía mira las fotografías de su hijo y anhela que salte mágicamente para abrazarlo una última vez. 24 años después sigue anhelando, sigue esperando justicia», expresó.
Mohamad Merhi dijo a los magistrados de la Corte IDH que la «impunidad es total» en el caso del 11 de abril de 2002. «Esa impunidad no es un accidente, es el resultado de un sistema que ha protegido a los responsables, que ha desestimado investigaciones, que ha perseguid a las víctimas y sus familiares, que ha dejado a familias enteras sin respuesta durante más de dos décadas».
Por último, dijo que su hijo Jesús no murió en vano. «Ha muerto por la causa de la libertad y por el futuro. Hoy ante esta honorable corte pido que su muerte no quede en la impunidad, pido que se reconozca la verdad, pido que se ordene justicia, pido que se repare íntegramente a las víctimas y las familias. Pido que se investigue, se juzgue y se sancione a los responsables, pido que el Estado venezolano reconozca su responsabilidad».
La representación del Estado venezolano no participó de la audiencia, pese a que la Corte IDH envió la invitación para juramentar a su representado y enviar sus alegatos. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos reiteró la responsabilidad internacional de Venezuela en la violación sobre el derecho a la vida y libertades personales de al menos una decena de personas.
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