La enfermedad grave se cura
El bienestar de los venezolanos exige, como en cualquier país, que su desenvolvimiento responda a un sistema y un modelo que signifiquen, entre otras cosas, democracia y libertad de iniciativa para el ciudadano y para la empresa, lo cual indica que se requiere un gobierno distinto al que ha regido durante los últimos años. Esto debe tenerse muy presente, como en el caso de un enfermo muy grave cuya salvación solo es posible con la prescripción y aplicación vitalmente acertadas del tratamiento requerido. Se puede decir que Venezuela iniciará su recuperación en el momento en que el nuevo gobierno ocupe el Palacio de Miraflores, y empiece a ejecutarse su plan de estabilización macroeconómica durante el tiempo que resulte necesario.
La economía venezolana ha registrado durante muchos años un comportamiento macroeconómico que le ha impedido tener el crecimiento estable y sostenido cónsono con la evolución de la población. Demás está decir que esto ha sido, en grado determinante, resultado del comportamiento del ingreso de origen petrolero del país. También está demás decir que la recuperación exige la realización de cambios económicos que cumplen un papel similar al del tratamiento médico referido en el caso de la salud humana, y que se denominan planes de ajuste estructural. Estos cambios económicos requieren a su vez otras modificaciones, políticas y de otra naturaleza, que responden a convicciones éticas que le den sentido a la economía y desarrollan instituciones formales e informales, las cuales tienen que cumplirse conjuntamente con el ajuste estructural. Se puede comprender que se tienen que resolver dos desastres, uno económico y uno político. En esta oportunidad, daremos una rápida visión al segundo y analizaremos el primero.
Es fácil comprender que se trata de ejecutar algunas acciones de realización inmediata y otras posteriormente, todo ello con el propósito de restablecer el equilibrio económico, cuya rapidez depende del grado de deterioro acumulado, en el ámbito nacional, el cual es sin duda el peor de la historia. Es fácil ver la diferencia entre una Venezuela que produce tres millones de barriles diarios de petróleo y otra que apenas genera trescientos mil barriles, lo cual muestra claramente que la recuperación exige un período de tiempo que no será breve, y un esfuerzo muy penoso. Pero desde un principio se puede decir que se reúnen las condiciones requeridas para alcanzar el éxito, porque el territorio dentro del cual tenemos que trabajar es Venezuela, y porque los venezolanos tenemos la capacidad requerida. Un ejemplo se puede encontrar en el hecho de que si PDVSA no pueda volver a producir un volumen significativo de petróleo, o en un tiempo razonable, Venezuela lo puede hacer con otra empresa y en esa forma aportarle recursos a la economía nacional para aplicarlos al bienestar de la población.
Se conocen las dificultades. a) El liderazgo político cohesionado, y al respecto Guaido está ejerciendo su oportunidad, y se conocen otras posibilidades. b) La unión entre los sectores opositores es lamentable, pero no un impedimento, especialmente si se logra consolidar, entre los opositores conscientes que denuncian la ilegitimidad del 6D y que detectan la mentira, una organización política, social y moral capaz de actuar en forma fructífera. Reconozco mi optimismo, pero más allá, percibo un comportamiento distinto en quienes están reclamando, sin miedo, sus derechos y reivindicaciones desde su base en la sociedad civil, y sin dejarse amarrar por quienes no aprecian el valor de las cosas. Me parece que Venezuela está cerca de tocar fondo y elevarse.
Como dice el Padre Ugalde, la economía no es la sociedad, es apenas una parte de ella. No hay ley económica que pueda evitar el desastre, sino la conciencia humana con sus valores de amor y solidaridad, valores sin los cuales no se puede levantar vuelo. Se requieren también formas de espiritualidad de raíces no económicas que se expresan en relaciones sociales, instituciones, prácticas sociales, organizaciones y leyes con una lógica complementaria a la del mercado
Pero debemos cambiar de tema y dedicarnos al problema de la estabilización macroeconómica. La primera de las acciones requeridas con carácter estratégico y urgente puede ser la eliminación del control de cambio, o su flexibilización, con el fin de que la relación cambiaria refleje su verdadero valor, apoye nuestras exportaciones y se evite el proceso de arbitraje indebido en el mercado respectivo. Esto puede acompañarse con un acuerdo de financiamiento relacionado con la deuda externa de los acostumbrados con el Fondo Monetario Internacional, el cual significaría el ingreso inmediato de algún monto de divisas que posibilita administrar compromisos externos, como los relacionados con deuda, algo de obligatorio cumplimiento cuando la exigencia que plantea su servicio supera las casi inexistentes reservas internacionales; importaciones y otros. Esta es una experiencia exitosa que ya superó Venezuela a principios de la década de 1990. También puede ser una inversión extranjera significativa, algo que también constituye aporte de divisas, la cual puede realizarse en el sector petrolero, en las industrias básicas en Guayana, y en general, en alguna una iniciativa de reconversión productiva en sectores de producción nacional con ventajas comparativas y competitivas, como el turismo, la industria petroquímica y otros.
Debe comprenderse muy bien que el punto relacionado con la amortización de la deuda externa puede ser considerado el más importante dentro del programa de ajuste estructural, junto con un componente esencial dentro de este esfuerzo, el cual es lo que se puede considerar un proceso de formación del venezolano, principalmente como el consumidor que tiene que ser parte del desenvolvimiento de la economía nacional, pero también, con rasgo significativo, en su carácter de ciudadano que tiene que ser parte de todos los cambios necesarios, incluyendo los de naturaleza indeseada, como los casos de abastecimiento insuficiente del mercado de bienes y servicios, lo relativo a tarifas de servicios básicos y otros.
Dejando aparte el mercado petrolero para un tratamiento especial que posibilite los mejores frutos que puede significar, incluyendo el precio de la gasolina, con el propósito de que el mismo cumpla el papel que le corresponde dentro del desenvolvimiento del país, especialmente en materia de ingreso fiscal y de comercio legal y legítimo, se destacan las acciones que incentivan la producción nacional y que combaten el contrabando de extracción, lo cual es el control de precios.
El tradicional déficit fiscal tan perjudicial en materia de inflación exige el saneamiento de las cuentas públicas buscando eliminar las devaluaciones periódicas de la moneda nacional, o lo que queda de ella, y también los incontrolables créditos adicionales. Esto implica racionalizar el gasto público, y aumentar los ingresos fiscales ampliando la base tributaria o aumentando los impuestos.
Las tasas de interés deben ser administradas con el fin de que se coloquen a un nivel cercano a la tasa de inflación, en ausencia de hiperinflación, con el propósito de incentivar el ahorro nacional y reflejar el costo real del dinero.
Dentro del equilibrio macroeconómico como el objetivo fundamental, se tiene que valorar lo que se puede denominar la Política Comercial, la cual debe traducirse en unos impuestos o aranceles de importación cónsonos con un tipo de cambio competitivo al cual ya se hizo referencia, con el fin de que la producción nacional compita con calidad en los mercados internacionales, sin necesitar medidas de protección exageradas como fue tradicional, al mismo tiempo que se suman esfuerzos para promover una actividad de exportación no petrolera.
Un asunto que debe registrarse como muy importante es el relativo a la eficiencia y agilidad que tiene que alcanzar y mantener el gobierno en su operatividad administrativa para asegurar que la ejecución de las diversas acciones reseñadas, y cualquier otra que sea necesaria, se traduzca en el resultado que se espera de ellas, como por ejemplo que el control de precios, el control del déficit fiscal, el movimiento de las tasas de interés y otras, no obstaculice y entorpezca el control de la inflación.
Uno de los resultados principales de un programa de estabilización macroeconómica como el que nos ocupa, es la redimensionalización del Estado y su dedicación fundamental a atender áreas prioritarias, como la salud y la educación, destacando la construcción, mantenimiento y dotación adecuada de hospitales y planteles educacionales, incluyendo los requerimientos de personal, y en general la provisión de servicios básicos para el bienestar de la población. Debe registrarse que la actividad de la iniciativa privada será requerida en el ámbito de algunos de estos servicios, cuyo mantenimiento será posibilitado por el nivel de las tarifas correspondientes a los mismos servicios.
Como en el caso de la salud, la etapa de la enfermedad, como la de la Venezuela de hoy, es la negativa, la del dolor y del miedo, la cual tiene que aceptarse como inevitable en la primera etapa. Debe enfatizarse que el programa de ajuste estructural no elimina inicialmente las calamidades que ha estado y está sufriendo la población venezolana. Sin embargo, se anota que debe procurarse aliviar en lo posible, con prioridad, el impacto negativo sobre los sectores de menor ingreso. Pero se puede manifestar, con certeza y confianza, que una vez cumplido acertadamente el proceso de prescripción y tratamiento, en este caso el plan o programa de ajuste estructural, el desenlace es la recuperación y curación del enfermo, la Venezuela del bienestar de los venezolanos.
Se cree que hoy se pueden tener presentes los buenos resultados que nos rindió el programa de estabilización macroeconómica de los años 1990, y también que un programa de formación del ciudadano venezolano, nos puede capacitar para sobrellevar los momentos más duros, y para impedir equivocaciones tan imperdonables como la cometida con el entonces presidente, Carlos Andrés Pérez.
Douglas Játem Villa


