Opinión

La ciudad que nos habita, Ana Cristina Chávez A.

Comparte
image_pdfMira en PDFimage_printImprimir

Miel y Salmuera

Todos llevamos una ciudad por dentro, el lugar de donde somos, en donde habitamos, o el que aspiramos construir. Ese sitio nos acompaña a lo largo del tiempo, para hacernos recordar las raíces, la manera en la que crecemos, los momentos agradables, las enseñanzas de vida… Así, cada quien edifica la ciudad/mundo en donde desea prolongar su estadía.

   La ciudad personal puede ser reflejo de la ciudad real en la que vivimos. El cuidado de nuestra casa grande es espejo de cómo nos protegemos y lo que nos importa. La consciencia ciudadana es un acto de darse cuenta, de ver lo que hacemos, entender la razón de ese accionar e identificar los efectos que produce en la vida colectiva.

   Podemos ser mejores ciudadanos en la medida que entendamos que nuestra actuación en el ámbito público es importante. Recientemente, mientras caminaba en una avenida principal de Santa Ana de Coro, donde se ubica una parada de transporte, observé algo que me llamó la atención: un niño de como cinco años estaba a la orilla de la acera con el cierre del pantalón abajo y dispuesto a orinar en la carretera. Esto, alentado por su joven madre, quien le decía que utilizara como baño ese espacio lleno de gente, lo que para ella era algo normal. No había la discreción de hacerlo contra una pared, en alguna esquina y fuera de la vista de curiosos; situación nada agradable, pero que es común ver en nuestras vías, convirtiéndolas en urinarios al aire libre, donde los hombres buscan marcar territorio como si de una nueva raza canina se tratara.

   Me pregunté qué pensaba esa mujer cuando instó al pequeño a que orinara en la calle, ¿es esa la ciudad que quiere para ella y su niño? ¿Un territorio con hedor a acre, donde no existe el sentido del pudor, la privacidad, el cuidado propio y ajeno? El cariño a una ciudad se debe manifestar en todas las personas que en ella habitan, empezando por sus gobernantes, que tienen que amarla no solo en época de campaña electoral o fechas emblemáticas. Por ejemplo, dejar en el abandono y la desidia una biblioteca del estado, destruida por el fuego y los posteriores actos de vandalismo, dista mucho del afecto sincero hacia la cultura y el conocimiento.  

   El incumplimiento de normas de convivencia, desacato a la autoridad, displicencia ante lo que acontece a nuestro alrededor, abuso de poder, irrespeto al otro y la imposición de la viveza criolla, son actitudes cotidianas que deshumanizan la vida en colectivo. Una ciudad que no considera a los adultos mayores, a las personas con discapacidad, que no tiene visión ecológica ni sustentable, es una ciudad que tiende a ser violenta, agresiva y que no se puede disfrutar.

   En este sentido, el Centro Internacional Miranda, institución venezolana adscrita al Ministerio del Poder Popular para la Educación Universitaria, que promueve la investigación y el desarrollo del pensamiento crítico, cuenta con una línea ý programa de estudio denominada “Ciudades de Inclusión y Enfoques del Cuidado», con la intención de formar y sensibilizar, desde un enfoque eco-feminista-animalista sobre los cuidados hacia las y los más vulnerables de la localidad.

   Para este centro, una ciudad de inclusión y de cuidados es aquella que se construye colectivamente para el logro de relaciones entre iguales, enfatizando el cuidado de las personas que más lo necesitan, a través del desarrollo de políticas públicas que garanticen la movilidad, el transporte, la construcción y mantenimiento de infraestructuras adecuadas, la higienización de los espacios comunes, así como la promoción de valores de empatía y solidaridad.

  De tal modo, la labor de edificar una ciudad inclusiva, igualitaria y respetuosa, pasa por impulsar una visión colectiva a través de la organización comunitaria, hacer contraloría social en cuanto al cumplimiento de las leyes, y formar una cultura de convivencia ciudadana desde los primeros años de educación. Hay que forjar la cultura del bien común, respetando las individualidades y diferencias que nos marcan como personas, pero estimulando el beneficio de todos, y donde nadie –incluso sus políticos- se mee ni defeque los lugares compartidos y las cabezas de los habitantes.

Cada ciudad puede ser otra

                                                        Mario Benedetti

Cada ciudad puede ser otra

cuando el amor la transfigura

cada ciudad puede ser tantas

como amorosos la recorren

el amor pasa por los parques

casi sin verlos amándolos

entre la fiesta de los pájaros

y la homilía de los pinos

cada ciudad puede ser otra

cuando el amor pinta los muros

y de los rostros que atardecen

uno es el rostro del amor

y el amor viene y va y regresa

y la ciudad es el testigo

de sus abrazos y crepúsculos

de sus bonanzas y aguaceros

y si el amor se va y no vuelve

la ciudad carga con su otoño

ya que le quedan sólo el duelo

y las estatuas del amor.

Deja una respuesta