El regreso de María Corina Machado acelera el ritmo de la transición en Venezuela
María Corina Machado ha regresado a Venezuela —como ella misma lo ha afirmado— “a terminar la tarea”. A colocar el horizonte de una transición a la democracia en la mente de la ciudadanía, como una posibilidad cierta. En tan solo una semana en el país, el revuelo de su presencia y el calado de sus declaraciones han desplegado una ola de optimismo en amplios sectores. Su retorno ha obligado al Gobierno de Delcy Rodríguez, la presidenta encargada, a reiterar públicamente su agenda reformista, su promesa de mejoras económicas y su compromiso con la apertura política.
Por Alonso Moleiro / elpais.com
Rodríguez se ha retratado también con la causa de la transición en un mensaje televisado emitido apenas una hora antes de la rueda de prensa de Machado. En su alocución del jueves, la mandataria hizo afirmaciones que en cualquier otra circunstancia habrían sido calificadas de heréticas en la ortodoxia chavista: “Vengo de un sistema que estamos transformando desde dentro”; “conozco las entrañas del Estado y soy la única persona capacitada para liderar esta transición”; “aquí habrá elecciones, todas las que manda nuestra Constitución, organizadas por una autoridad electoral renovada y con el mundo como testigo”. En todo momento, solicitó ser evaluada con pragmatismo: “Pido que me juzguen por los hechos”.
A diferencia de lo sucedido durante décadas de hegemonía chavista, esta semana ha sido la oposición, de la mano de Machado, la fuerza que ha marcado la orientación y los contenidos del relato público en el país, a pesar de que su presencia en los medios masivos nacionales sigue estando fuertemente restringida. El escenario de esta semana perfila una tendencia: Machado parece haber tomado la iniciativa frente al chavismo en la agenda política.
“Estamos viendo un proceso de mimetización del chavismo, incluso en los colores que escoge Delcy Rodríguez para vestirse en estos días [el blanco]”, afirma Pedro Benítez, historiador de la Universidad Central de Venezuela y analista político. “Lo que no tengo claro es qué tan sinceras puedan ser esas palabras sobre la democracia y la restauración. Si el chavismo tuviera un verdadero interés en concretar la transición que promete Delcy, se estaría sentando directamente con María Corina a discutir los términos del cambio”, afirma.
Benítez señala que la circunstancia actual recuerda al contexto de la campaña presidencial de 2012: un Hugo Chávez popular y poderoso, dueño de la narrativa, lleno de petrodólares y ofreciendo programas asistenciales que solapaban la palabra “socialismo” con la inversión social, frente a un Henrique Capriles que procuraba presentarse como una variante moderada del relato de izquierda. “Ahora está sucediendo lo contrario”, sostiene. “Ahora Delcy va detrás de María Corina”.
La sociedad venezolana demanda un giro. La inconformidad con el estado de cosas está extendida, mientras las promesas se reciclan. El Gobierno chavista lo tiene claro y, con el objeto de preservar su presencia en el poder, durante lo que va de 2026 ha intentado fortalecer la gobernabilidad a través de una alianza con Estados Unidos que le otorga auxilio económico y estabilidad en el mando.
“Hay que entender que el proyecto chavista originario, ideológico, que promovió alguna vez Hugo Chávez, ya feneció desde el punto de vista político”, opina Jesús Seguías, director de la firma Dataincorp. “Es una corriente en proceso de reconversión. El chavismo debió emprender estas reformas de forma voluntaria para no tener que pasar por esto, pero las estructuras internas de poder lo impedían. Los cambios desde el poder no son sencillos”, explica.
Para Tulio Hernández, sociólogo y columnista de prensa, el regreso de María Corina ha acelerado el proceso: “Ya vemos todas las señales. Hasta ahora, la transición se venía produciendo con parsimonia, a cuentagotas. Eso ha cambiado. El regreso de Machado se produjo en medio de un enorme desborde popular, muy poco común, parecido a lo que en mitología comparada denominamos “el regreso del héroe”. Ella no ha pedido permiso para regresar; lo hace luego de un largo tiempo de ausencia impuesta. Evadió la cárcel, asumió los riesgos y fue reconocida con el Premio Nobel de la Paz. En su regreso hay mucho de epopeya y las masas le han dado el impulso necesario”, comenta.
Para Hernández, “el retorno de Machado ha puesto en evidencia la fragilidad del poder, que ya no se muestra omnímodo sino agrietado”. El sociólogo pondera como muy positivos “los cambios discursivos que ha producido este regreso en otros actores fundamentales, como en Estados Unidos, en el equipo de Donald Trump y en el propio Gobierno venezolano. Marco Rubio ha dicho por primera vez que el país debe celebrar elecciones en el plazo más breve posible, asomando 2027. Y ahora, esta nueva Delcy Rodríguez se compromete públicamente con la agenda liberal: asume la libertad de mercado, las garantías constitucionales, la transparencia institucional y el Gobierno civil. El propio Diosdado Cabello ha dejado de usar uniformes militares. Es un cambio simbólico significativo”, analiza.
“María Corina Machado es hoy la dueña de la conexión emocional con las masas”, coincide Jesús Seguías, habitual crítico de la dirigente. “No hay otro líder en el país que tenga este tesoro. Las emociones son la joya de la corona en la política general. Luego de haber sido apartada del juego, ella regresa al país porque ha respetado los acuerdos promovidos por Estados Unidos, ha decidido respetar las negociaciones con el chavismo y plegarse al plan de tres fases del secretario de Estado, Marco Rubio”, explica Seguías.
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