Desde la Península de la Amistad…

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El significado de la bendición

Debemos empezar por decir, que Dios es amor y fuente de bendiciones igualmente para todos. Así como este humilde servidor, quien aquí escribe, se considera un ser bendecido; todos también, pueden ser seres bendecidos por Dios, al saber agradecer cada mañana al abrir los ojos, por ese nuevo día que Él nos está dando. Hay quienes dicen: “Nadie cambia de la noche a la mañana”, pero se equivocan… uno se puede levantar un día y decir: “Ya no más”… siempre pa’lante, con Dios y su bendición, por delante.

La palabra “bendición”, viene del latín benedictio, benedictionis, sus componentes léxicos son: bene (bien), dicere (decir), más el sufijo –ción (acción y efecto). De modo, que el término bendición, hace referencia a la acción y efecto de bendecir. Este verbo por su parte, es una forma de bautizar la acción de alabar, ensalzar, o engrandecer, de consagrar algo al culto divino o de invocar la bendición divina a favor de algo o de alguien. Por lo tanto, la bendición es la expresión de un deseo benigno que se dirige a una o varias personas o a un objeto y que, a través de la propia expresión, se concreta. Esto quiere decir que, al mismo tiempo en que se pronuncia la bendición, se materializa la acción de bendecir.

Una bendición puede expresarse de muchas maneras, teniendo una mención implícita al acto de bendecir, la frase: “Que Dios te guarde”, también supone una bendición. Cuando sentimos la voluntad sincera de una persona que nos dice o nos escribe: “Que te vaya bien”; “Fuerza para superar esto”; “Que te vaya bonito”; “Suerte, te deseo lo mejor”; “Pido a Dios que no te desampare”; “Que vaya y regrese con bien”, existen muchas frases más, que pueden entenderse también, como bendiciones.

En mi muy humilde opinión, pienso: que en mis más de 3 décadas en un aula de clases como educador, me convencieron que es en el hogar donde debemos tomar conciencia sobre lo que implica y significa la bendición de Dios, de manera, que esa es tarea de los padres. Cuando no enseñamos a nuestros hijos a valorar lo que Dios les ha dado, creamos hijos irresponsables, indiferentes, espiritualmente hablando, terminan siendo unos malagradecidos u olvidadizos. A nuestros hijos, tenemos que enseñarles a poner a Dios en primer lugar, no solo con las palabras, sino también, con el ejemplo, sin embargo, sabemos de padres y representantes, que no tienen a Dios como prioridad. Es emocionante escuchar que alguien nos diga: “Dios te bendiga”, porque esa persona nos está deseando lo mejor y cuando nosotros bendecimos a alguien, también atraemos el favor de Dios.

Para finalizar, al bendecir se otorga vida, no solo al que recibe la bendición, sino también, al que la da. Así como el sol sale para todos, asimismo la palabra de Dios es una bendición para todos. Recordémosla, hablémosla, escribámosla, en nuestros corazones… Cuando recibamos una bendición, exclamemos: ¡Amén!

¡Un abrazo lleno de bendiciones! ¡Hasta el próximo miércoles, Dios mediante!   

Por Fredis Villanueva.

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