A propósito del Día Mundial de la Tierra: talar y quemar reduce capacidad de retención de CO2 en montañas de Falcón

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Este 22 de abril se cumplen 50 años del Día Mundial de la Tierra. Esta fecha fue elegida porque el 22 de abril de 1970 se realizó una manifestación en Estados Unidos para que se creara en el Gobierno una agencia ambiental que trabaje sobre las problemáticas medioambientales.

El planeta enfrenta en la actualidad una pandemia del COVID-19 a la par que confronta la crisis climática. La naturaleza está enviando un mensaje de socorro, debido a que resienten los efectos de las actividades humanas.

Aunque de forma parcial la actividad humana ha parado por el COVID-19, y muestran algunas mejoras en sitios específicos del planeta;  las huellas de siglos de producción contaminantes siguen causando estragos.  Por ejemplo, el mes pasado fue uno de los marzos más calurosos jamás registrados, según el servicio europeo Copernicus sobre cambio climático.

En Venezuela, el Instituto de Meteorología e Hidrografía (Inameh), señaló que Falcón y Lara serían los estados con las temperaturas más altas del país durante la temporada de sequía.

El descanso obligado que los humanos le han dado a la Tierra en estos días de cuarentena por el coronavirus,  debería impulsar a las industrias a adoptar medidas para mitigar sus impactos ambientales.

La amenaza de la deforestación

Es en este punto donde los bosques y montañas adquieren un papel importante en la mitigación y adaptación al cambio climático, debido a su capacidad captadora y retenedora de CO2.

La deforestación es la que más aporta a las emisiones de gases de efecto invernadero, seguida por el sector transporte y el sector energético. En Venezuela los parques nacionales son la mejor herramienta para hacer captura de carbono y cuando se tala y quema para ampliar frontera agrícola, construir carreteras o grandes infraestructuras se está reduciendo esa capacidad.

La zona de protección del Parque Nacional Juan Crisóstomo Falcón ha sido objeto de la tala y quema de personas para el uso de la tierra con propósitos agrícolas y de pastizaje. 

La deforestación se ha convertido en un instrumento para cambiar suelos de vocación forestal a pastos para ganadería, ampliación de la frontera agrícola e, incluso, para apropiación y acaparamiento de tierras.

Talar y quemar ya son prácticas comunes en muchos países. En Falcón, las montañas que comprenden el Parque Nacional Juan Crisóstomo Falcón y su zona de protección, ubicado en la sierra falconiana, son las que más sufren por los incendios debido a la deforestación por parte de personas malintencionadas que ven a la tierra como elemento para pastar, sembrar o simplemente para tener la leña con la que cocinan ante la falta de suministro de gas doméstico.

Desde hace muchos años la deforestación en el Parque Juan Crisóstomo Falcón amenaza con secar nacimientos de agua. La lucha de la comunidad contra la misma comunidad para preservar los acuíferos naturales es permanente, sin embargo; la carencia de agua en toda la sierra de Falcón, ha obligado a sus habitantes a resolver con los pocos nacimientos de agua que quedan.

La sierra falconiana ha sido perjudicada por la reforestación. Con 153 guardaparques que resguardan 20 mil hectáreas, que a su vez están dividas por zonas: especial natural, especial de comunicaciones, y zona primitiva, solo tiene un lago subterráneo de la cueva de Acuarite.

Curimagua contaba con muchos nacimientos y ahora solo se cuenta dos. De seguir con la desforestación se corre el riesgo de que las cuencas se sequen, debido a que han ido disminuyendo su cauce; durante el año se registran pocas lluvias, disminuye la neblina, la tierra va perdiendo humedad.

El proceso de deforestación en Curimagua, producto de la tala en las montañas que son parque nacional, obedece a que los serranos buscan  sembrar  para tener algo que comer sin pensar que la tala y quema disminuye los cauces. Además que la madera es utilizada para cocinar debido a que desde hace más de dos meses el gas doméstico no llega a esas poblaciones.

Otro de los casos son los crecientes incendios forestales en la zona protegida del parque Juan Crisóstomo Falcón. El pasado 11 de abril, un incendio de gran magnitud fue reportado por habitantes del poblado de Acurigua, debido a inescrupulosos que deforestan, talan y queman árboles para preparar los terrenos para la siembra, lo que afectó a cerca de 12 hectáreas de montaña.

Los lugareños dieron aviso a los Bomberos de Coro, quienes junto al departamento de gestión de riesgos de Protección Civil en Falcón, se trasladaron al área donde el fuego era más profuso. La acción rápida tanto de los lugareños como de los funcionarios de la Unidad 15 del cuerpo de bomberos y PC, lograron a través de la construcción de un cortafuego con picos y palas-, evitaron que las llamas se propagarán más allá de las 12 hectáreas afectadas de la zona protegida del parque nacional.

El fuego afectó sembradíos y casas rurales de Acurigua que se ubicaron a unos 500 metros de donde se inició el fuego en la montaña.

Comando contra incendios

En enero de este año la Secretaría de Ambiente del estado Falcón y los distintos organismos preventivos y de seguridad reactivaron el Comando Estratégico Unificado contra Incendios Forestales, con la intención de garantizar la capacidad de respuesta oportuna ante cualquier incendio reportado en cualquier parte de la geografía falconiana, en virtud de la fuerte temporada de sequía que se pronosticaba.

El Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inameh), señaló que Falcón y Lara serían los estados con las temperaturas más altas del país durante la temporada de sequía, por lo que el comando se enfoca en las áreas más vulnerables, pues conocen  las prácticas agrícolas que aplican de manera indiscriminada que pueden generar un impacto ambiental negativo.

Convivencia con el COVID-19

Los cambios en las formas de convivencia y movilización durante este tiempo de aislamiento social y sus visibles efectos en la naturaleza y urbes del mundo, están llamando a la reflexión sobre el impacto de nuestras acciones, cuando se entiende que el cuidado de la tierra es una responsabilidad compartida.

Sería distinto ver cómo millones de personas hacen frente a la pandemia, teniendo agua limpia o potable para tomar, que cuentan con alimentos para su dieta diaria y que pueden abrir sus puertas y ventanas sabiendo que respirarán aire limpio y puro, y no como en mucho casos los gases del humo que producen las fogatas hechas con leña para cocinar, debido a la falta de una política gubernamental que garantice el acceso al gas doméstico a las familias para cocinar alimentos.

El COVID-19 será la ocasión para que la ciudadanía haga una introspección personal para entender que sin agua y sin un medio ambiente sano no hay vida, los recursos naturales deben ser hoy sus aliados y no sus enemigos, aun cuando la pandemia solo resuelva el quedarse en casa, y que los temas del medio ambiente queden para otro momento, pues seguramente las necesidades presupuestarias para atender los temas de salud provoquen que se reoriente el gasto público, y una vez más la materia ambiental deberá aguardar.

EN DATOS

Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), entre 1998 y 2017 más de un millón de personas murieron a causa de catástrofes geofísicas relacionadas con el clima.

El planeta Tierra surgió hace más de 2500 millones de años, cuenta con una superficie terrestre de 510 millones de Km2 y se estima un volumen total de agua de 1420 millones de Km3, de ahí que se le designe como el planeta azul.

Lisbeth Barboza CNP 8146

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