Opinión

Yo tampoco quiero mando

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Douglas Játem Villa

“Pues, yo tampoco quiero mando”. Esto le dijo Emparan a los caraqueños congregados en la plaza de Caracas, y motivados por Madariaga a procurar la salida del poder por parte del representante de la corona. En Venezuela, especialmente hoy, la realidad es la contraria, demasiada gente quiere el mando, aún sin tener la capacidad para ejercerlo, o para conservarlo.

La historia nos recuerda el día y la fecha. En un día como hoy, hace unos 300 años, en un momento en el cual el poder imperial se veía combatido por la marcha de la historia representada por procesos indetenibles de libertad, como la Revolución Francesa, la Independencia de Estados Unidos, los colonos ingleses que le ponían limites a su monarca y otros que registra la historia, la humanidad empezaba a transitar los senderos de la independencia.

A pesar de la lentitud histórica, la cual llevó a preguntar si 300 años de espera no eran suficientes, Venezuela desempeñó un papel importante especialmente dentro del conjunto de lo que para entonces se podía considerar América Latina, con los aportes universales de Bolívar, Miranda y los demás. Sin embargo, al cabo de los últimos 200 años, con aciertos y desaciertos, con años de éxitos y de fracasos, aún tenemos que completar el trayecto interminable que le signifique al pueblo de Venezuela el bienestar y la felicidad a lo cual tiene derecho.

Al respecto, se tienen presentes algunos asuntos importantes, tales como el venidero proceso electoral en el mes de julio, las mayores y menores discrepancias sobre diversos aspectos, incluyendo el tema de las candidaturas aceptadas y rechazadas, o inhabilitadas; el Registro Electoral Permanente, la libre ejecución de las diversas campañas electorales, el efecto que puede tener la decisión de la Corte Penal Internacional sobre sus investigaciones en Venezuela, las relaciones con el gobierno de Estados Unidos, incluyendo lo relacionado con las trilladas sanciones; las interminables negociaciones relativas al juego electoral,incluyendo las derivadas de candidaturas que no son tales porque no reúnen respaldo electoral significativo y otros.

No es fácil entender cómo se negocia unidad entre dos opciones electorales si una tiene respaldo de 80% y la otra 12%.Una coa es que la unidad electoral sea buena y preferida, y otra cosa es que se deba descartar una candidatura porque no reúne respaldo unánime.

Se puede ver que el proceso electoral esta demasiado complicado y que se requiere de un esfuerzo muy grande y complejo, quizás algo de “arriba”, para lograr el resultado óptimo de unas elecciones limpias,respetadas  y acatadas.