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“Volver me da mucho susto”: Más de 28.000 venezolanos tienen casas en peligro de derrumbe

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Entre quienes perdieron sus casas totalmente y aquellos que las tienen con graves daños, el número de venezolanos que requieren un refugio crece cada día. En plazas y parques de Caracas se multiplican los campamentos improvisados en Caracas y La Guaira a una semana del terremoto que devastó el norte del país. El Gobierno de Delcy Rodríguez ha reportado en su último balance que 15.866 personas lo perdieron todo y otras 28.380 no pueden volver a sus casas, aunque sigan en pie.

María Márquez ha pasado las noches después del terremoto en dos de los 69 refugios montados en la zona de desastre. Llegó primero al Parque del Oeste en la capital, que hoy está abarrotado por más de 2.500 familias. La vivienda alquilada donde vivía con sus dos hijos en un barrio de Catia perdió el techo. La escuela a la que asistían los niños también sufrió daños. Al día siguiente del terremoto, se fueron al refugio que tenían más cercano, pero con los días prefirieron mudarse a Altamira, donde las personas viven en una plaza ubicada a pocas cuadras de edificios desplomados. “Esto va a ser para largo”, reconoce la mujer, una asistente dental que solo piensa qué será de su vida a partir de ahora. Su familia vive en el oriente del país y decidió mudarse a Caracas porque en su pueblo no conseguía empleo. “Es muy fuerte perderlo todo así, porque estamos en un país en el que hay que reventarse el triple para poder tener algo”, se lamenta.

Otra vecina de Catia se instaló en el campamento levantado en el Parque del Este, uno de los más grandes de la ciudad. En este refugio la ayuda parece desbordarse. “Nos dan desayuno, almuerzo, cena y merienda. Hay que tener barriga para comer todo lo que nos dan”, dice sorprendida María Cánchica, de 67 años, oriunda de los Andes y que tenía dos años viviendo en Caracas. La falta de coordinación en la emergencia hace que los apoyos se desplieguen en los sitios más accesibles; quienes más padecen la tragedia están casi totalmente desatendidos. En este campamento hay recreadores, cuentacuentos, comida, ropa. Hay baños y duchas. Decenas de fundaciones, particulares y empresas se han instalado en el parque para ayudar. Todos han pasado por aquí, incluida la presidenta, Delcy Rodríguez.

Bajo la sombra de uno de los enormes árboles del parque, Leidyde Torrealba, de 40 años, abordó a la mandataria. Le planteó su caso: ella no perdió su casa. Era arrendataria, pero ahora tampoco tienen dónde vivir. La mujer se recuperaba de una luxación en el hombro que le quedó de cargar piedras en el urbanismo Hugo Chávez, en La Guaira, para sacar de los escombros a la persona que le arrendaba una habitación. Su historia familiar es la de muchos venezolanos. Llevaban ocho años como migrantes en Perú cuando el esposo enfermó y decidieron volver. No les ha ido bien desde entonces. Leidyde es maestra y desde que regresó a Venezuela solo ha podido trabajar limpiando casas. Los hijos están en los Valles del Tuy con los abuelos, el esposo donde un amigo en Caracas y ella, en La Guaira, la ciudad más golpeada por el terremoto. “Nunca pudimos conseguir casa para estar juntos. Pero estar así dispersos creo que nos salvó de que no nos pasara nada”. La condición para ser beneficiario de una vivienda es pernoctar en uno de los campamentos, le dijo la presidenta Rodríguez. Leidyde ya está registrada.

El Gobierno creó una comisión que llamó con pompa de Evaluación de Habitabilidad de Viviendas e Infraestructuras y puso al frente al viceministro de Educación Universitaria, Francisco Garcés. Un cuerpo de inspectores revisa cada edificio y los clasifica entre los de alto riesgo, los que pueden ser reparados y los que no tienen daños relevantes. Los inspectores están desbordados. “Hoy he subido como 300 pisos a pie haciendo inspecciones en apartamentos”, dice un ingeniero.

Rodríguez también creó un Estado Mayor de Campamentos Transitorios y Viviendas y militarizó los albergues de afectados. “Hay miles de soluciones de viviendas que tendremos para antes de que finalice este año”, prometió la presidenta esta semana.

La capital de Venezuela tiene traumas acumulados por gestiones anteriores de tragedias. Recurrentes deslizamientos de tierra en las laderas de los barrios pobres multiplicaron el número de personas sin casa. La gente recuerda con cierto temor cuando el Gobierno tomó militarmente hoteles y viviendas desocupadas para albergar a personas afectadas e incluso metió a familias enteras en los pasillos de los ministerios. No está clara cuál será ahora la política para atender a los afectados por el terremoto, cuando el país ha vivido un violento cambio de mando tras la intervención militar estadounidense y se supone que debería encaminarse a una transición política.

Morelba Núñez, de 47 años, también está alojada en el Parque del Este. “No podemos regresar hasta que inspeccionen los edificios”. La mujer ya perdió su casa hace 13 años y vivió tres en un refugio instalado en una escuela de artes en Caracas. “Sé cómo es esto y no quiero volver a pasar por un refugio. Quiero mi casa”, dice. Marta Zerpa vivía en La Guaira, en un edificio que no se cayó, pero en el que aparecieron algunas fracturas en las paredes. Desde la semana pasada, es una vecina alojada en un campamento en Caracas. “No perdí a nadie en mi familia, pero sí a bastantes conocidos”. Recuerda que la noche después del doble terremoto vio cómo salían las luces de los teléfonos entre las rendijas de los escombros. Era gente pidiendo auxilio. “Volver a mi casa me da mucho susto”, dice. Ahora solo le queda esperar.

El País/Alberto News