Tiempo Falconiano

Comparte

Algunos cambios

50000% de inflación durante el último año 2018-2019, y de 3000% en lo que va de 2019. Esta es la actualización de la catástrofe económica del pueblo de Venezuela. No se trata de algo novedoso, es lo mismo de los últimos dos años, de hiperinflación, y de inflación durante más de 10 años anteriores a 2018. Se puede ver que en 2019 la inflación es menor, debido principalmente a la barbaridad que significa la congelación de los depósitos bancarios a través del encaje total, algo que elimina la posibilidad del crédito bancario a empresas y a personas, y por ende al financiamiento al crecimiento económico. Se puede indicar también el hecho de que el gobierno aceptó finalmente disminuir la frecuencia de los aumentos salariales oficiales inflacionarios. Se ve que el gobierno ha aceptado su incapacidad para regular precios. Se ve que el gobierno ha aceptado la libre circulación del dólar, llegando incluso a aceptar la tasa de cambio libre como la tasa oficial al respecto.  Se registra que hay cierto impulso emprendedor de producción, basado en unas pocas exportaciones abaratadas por la devaluación del bolívar. Se registra cierta entrada de dólares vía remesas familiares, las cuales “palian” el insignificante, o inexistente salario, y posibilitan alguna demanda, especialmente de comida. Sin embargo, se repite que lo de “bueno” que pueda haber en un índice inflacionario menor, es anulado por el mayor sufrimiento que causa el estancamiento y destrucción de la producción nacional. Se sufre la misma tragedia desesperada por la sobrevivencia aquí, y de emigración en busca de esta última en otros países. Es difícil apreciar algo nuevo, y mucho menos esperanzador y alentador, como consecuencia de que no se puede apreciar algún cambio significativo en la política económica del gobierno. Se puede ver, sin que el gobierno lo reconozca, que se decidió tomar como objetivo supremo combatir la hiperinflación, algo que no se puede cuestionar, excepto por el hecho de que esa meta se convierta en el único propósito del gobierno. Ya se dijo que es muy dañino cambiar un menor índice inflacionario por una destrucción de la producción, dado que eso no es una solución realista, la cual, dada la naturaleza de la inflación que es el resultado de una demanda superior a la oferta, exige, vitalmente, el incremento de la producción. En consecuencia, el bienestar de la colectividad venezolana depende en medida muy determinante, entre tantas cosas, de que se registre el intercambio natural y libre entre los dos factores de la producción en cualquier país del mundo, las familias, consumidoras y por ende demandantes, y las empresas, productoras y por ende oferentes. La realidad venezolana demuestra que esto es muy difícil de lograr en el país, por cuanto es muy difícil que el gobierno lo llegara a ver como lo más importante. Esta es la apreciación que aquí se registrar, sin pretender tener la verdad absoluta. La realidad demuestra que lo más importante para el gobierno es mantenerse en el poder, y esto, en cuanto a las empresas, significa mantenerlas restringidas en cuanto a su libre iniciativa y al derecho de propiedad, y en cuanto a las familias, mantenerla similarmente restringidas en cuanto a la vigencia de sus derechos fundamentales, especialmente los calificados como derechos humanos. Como se ha dicho tantas veces, mientras la realidad es que Venezuela tiene un potencial real y muy alto para el desarrollo económico, como se demostró de manera ejemplar después de 1958, la misma realidad ha estado mostrando lo contrario, la destrucción de la economía, de todo lo cual se concluye en la imposibilidad de apreciar y expresar, como es lógico que se quiere, alguna perspectiva positiva, alguna perspectiva diferente a la muy negativa que se ha registrado. Más aún, se puede agregar que una apreciación similar se puede registrar con relación a la evolución política e integralmente social de nuestro país. Sin embargo, la conclusión no es, no debe ser, pesimista y resignada, dado que nuestra historia reciente, compleja por los rasgos positivos que mostró después de 1958, y muy negativos después de 1999, da pie para alimentar y mantener la confianza en un cambio de política, un cambio de gobierno, y así en la recuperación de Venezuela.

Douglas Játem Villa

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *