Simón Bolívar en Cumarebo, por Ernesto Faengo

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Hace algunos años, cuando en este país había respeto, la historia tenía valor y la función pública la ejercian ciudadanos probos que encarnaban el verdadero sentimiento popular, en Puerto Cumarebo por decreto municipal se acordó cambiar el nombre de la plaza principal ubicada al centro de la ciudad y que había recibido varios nombres por Plaza Simón Bolívar con la instalación de un busto del libertador y así rendirle homenaje al prócer más grande de nuestra historia, los hombres de la época, se quitaban el sombrero cuando pasaban debajo del busto, algunos se santiguaban y otros hasta se arrodillaban, los gobernantes de turno y las colonias extranjeras rendían homenaje al Libertador al celebrase o conmemorarse cualquier fecha significativa de la historia, era la expresión variada de un solo sentimiento, respeto, admiración y reconocimiento al venezolano más universal y quien había pasado en este pueblo su última navidad en Venezuela, bailó con algunas cumareberas y hasta denominó a su cuerpo militar ·”Batallón Cumarebo”

Años después el busto fue cambiado por una bellísima estatua pedestre con un porte elegante y varonil del Libertador y se arreglaron los bancos y se cambió todo el piso por material de granito, es decir se puso la plaza bien bonita y se colocó la estatua sobre un pedestal cubierto de mármol con unas placas a los lados que identificaban los hechos y motivos de su existencia, la gente de Puerto Cumarebo respetuosa, y las autoridades cumplían y hacían cumplir la ley, estaba prohibido caminar por los pasillos de la plaza con paquetes o bolsas en la manos, sembraron árboles entre ellos unas matas de mamón que eran dolor de cabeza para jóvenes que en el descuido de los mayores subían a las mismas pero al bajar eran recibidos por un policía que los llevaba al comando, eran reprendidos y detenidos sus padre o representantes, era agradable y placentero sentarse en los bancos de la plaza de día o de noche, en las navidades la plaza se ponía full y las misas de aguinaldos eran divinamente hermosas y romanceras, en esa época apenas existían en Cumarebo algunas escuelas publicas donde se impartía educación primaria..Pasaron los años y Puerto Cumarebo creció en población y en desarrollo, nació el Liceo Mariscal Sucre y después el Ezequiel Zamora, las universidades se instalaron en la zona, fábricas, empresas multinacionales, entidades bancarias variadas, iglesias de diversas religiones, y de la noche a la mañana a la Plaza Bolívar le cambiaron su presencia y su significación, los bancos hechos para sentarse los quebraban las patinetas, los pasillos estaban llenos de venduteros, borrachitos y meretrices, cambiaron las luces por unos faroles horribles, inadecuados y sin funcionamiento, los árboles se fueron secando y muriendo de lastima y descuido, el pedestal de la estatua del Libertador le tumbaron sus insignias y placas identificadoras, los pasillos de la Plaza Bolívar se tiñeron de negro sucio por la mugre acumulada y los escupitajos de saliva de los mascadores de chimó. La gente buena poco frecuenta la plaza y los pocos visitantes comentan alarmados el abandono, la indiferencia y falta de amor y respeto por este símbolo de nuestra nacionalidad.

Este 24 de julio se conmemora un año más del natalicio del Libertador, sería bueno que las autoridades refrescaran la estructura de la Plaza Bolívar, acondicionaran y dieran rostro humano al Boulevard y la denominada “placita Padre Román” y reivindicaran aunque sea en parte la figura y el nombre de Bolívar, Simón, El Libertador, el inmortal, el verdadero, tienen esa deuda, es tiempo de saldarla.

Por Ernesto Faengo Pérez