Sí podemos cambiar, por Fredis Villanueva
De entrada les diré, que el escorpión y la rana es una fábula de origen desconocido, aunque algunos dicen que es una fábula budista y otros se la atribuyen al fabulista de la Antigua Grecia, Esopo… Así que, sin más preámbulo, esperemos que dicha fábula nos ayude a profundizar un poco más sobre el tema de hoy: “Sí podemos cambiar”.
Una vez más he acudido a la Wikipedia para resumir la versión de la fábula del escorpión y la rana y así, tratar de llegar a una acertada conclusión. Paso a contar la historieta: “El escorpión le pidió a la rana que lo cargara para cruzar el río, la rana le preguntó: ¿cómo sé que no me picarás? El escorpión le respondió: porque haría que ambos nos ahogáramos. Pues bien, la rana aceptó; no obstante, a la mitad del río el escorpión rompió su promesa y picó a la rana… cuando la rana le preguntó: ¿por qué lo hiciste sí tú también vas a morir? Ahora los dos moriremos; el escorpión le respondió: ‘es mi naturaleza’.
Moraleja: “Aunque el sentido común dicte lo contrario y terminemos perjudicando a los demás e, incluso, a nosotros mismos, no podemos dejar de ser quienes somos, es nuestra naturaleza”… Según la moraleja de la fábula, nos aconseja que no intentemos ir “contra nature”, esto quiere decir, que nuestra naturaleza no nos permite cambiar.
Claro que sí podemos cambiar, lo que pasa es que muchas veces explicamos o argumentamos nuestras conversaciones con frases célebres o fabulas como la antes mencionada, como buscando mayor credibilidad a las actuaciones erradas de los demás, o como una fórmula de evadir un poco nuestras responsabilidades, otras veces apelamos a terceros como testigos para validar nuestras opiniones o nuestros actos.
La fábula que nos ha servido de referencia, puede que en la realidad se dé en algunos casos, pero en otros no. Recordemos, que una fábula es un relato literario donde los protagonistas son animales que hablan y al final, aparece una moraleja que resume la historieta en una enseñanza moral o lección, pero en los humanos, no tiene por qué ser siempre así, porque todos estamos en capacidad y tenemos la posibilidad de cambiar y mejorar.
Ahora bien, les pido un paréntesis porque no es de mi agrado hablar en primera persona y, menos aún, colocarme como ejemplo, porque a lo mejor para mucha gente no lo soy, pero esta vez, no me queda de otra. Personalmente, he cometido muchos errores, con la convicción de que no puedo cambiar lo que he vivido, pero si he aprendido de mis tropezones y me he forjado un nuevo horizonte; con la misma convicción, sé que no los voy a repetir porque he madurado y, sobre todo, porque días tras días, he buscado ser mejor persona, con la certeza de que sí usted ha llegado leer hasta aquí, es porque también está convencido que existir es cambiar, cambiar es madurar, madurar es crecer, crecer es mejorar y si nosotros mejoramos, mejora nuestro entorno.
En mi muy humilde reflexión final, pienso: por una parte, que a veces una fábula encierra una mentira y por la otra, que una buena señal de que estamos en lo cierto de que sí podemos cambiar, es cuando aprendemos a distinguir, quién merece de nosotros una explicación, quién merece solo una respuesta y quién merece solamente nuestro silencio. Además, cuando hemos dejado en el pasado las falsas creencias, tratando de ser más objetivos y hemos abierto la mente para tratar de analizar varias opiniones… Convencidos que dichas señales son buenas para bien en nuestras vidas.
Para finalizar, les sugiero que en una parte bastante visible, escriban: “No estoy para problemas. Si traes paz entras, si no, te regresas”.
Gracias por invertir su valioso tiempo en leerme, ojalá se sienta gratificado(a) por la inversión del mismo.
¡Un abrazo lleno de bendiciones!
¡Hasta el próximo miércoles, Dios mediante!
Por Fredis Villanueva.


