SEVEN UP
No. No piensen que voy a hablar de este refresco conocido por todos nosotros. No. Voy a hablar de una historia muy triste que sucedió hace unos años aquí en nuestra querida patria Venezuela.
Hace unos años atrás en una escuela de Fe y Alegría, la maestra le propuso a sus alumnos que expresaran lo que deseaban ser en el futuro. Cada uno fue expresando sus deseos. “Yo quiero ser médico…yo deseo ser militar”…etc. De repente un alumno respondió así a la pregunta de la maestra: “Yo quiero ser seven up”. La maestra asombrada de esa afirmación le pidió que le explicara lo que quería decir. Éste le respondió: “Yo quiero ser como el Sr Seven Up de mi barrio porque él tiene toda la ropa que quiere, él tiene todas las mujeres que desea y todo el barrio lo respeta y le tiene miedo pues tiene muchas armas.” Allí la maestra comprendió que el niño se refería a un delincuente que azotaba el barrio donde vivía ese niño. Él era su ídolo.
Al poco tiempo de este evento escolar, un diario de la ciudad publicaba una noticia en la cual se informaba que había muerto en un enfrentamiento con la policía un delincuente, apodado Seven Up. Este delincuente tenía en su record la muerte de varias personas. Un amigo mío, comunicador social y con una fuerte sensibilidad humana, tomó la decisión de investigar, ante esta noticia, la vida de dicho delincuente. Este delincuente era un joven de 16 años que había sido abandonado por sus padres. Fue su abuelita la que lo acogió y con ese inmenso amor que tenía por su nieto trató de educarlo. Lo inscribió en la escuela a fin de que recibiera la educación necesaria para su propia realización. Pero, el abandono de sus padres y quizás otras circunstancias que vivía, lo convirtieron en un niño rebelde. Varias veces fue convocada su abuela por los problemas que ese niño ocasionaba constantemente. Era un niño violento, hiperquinético, etc. Ante esto la escuela lo expulsa. Dos exclusiones: abandono por parte de sus progenitores y expulsión de la escuela.
Esta triste realidad se vive constantemente en nuestra sociedad. La mayoría de los delincuentes no han terminado la escuela. “La escuela no puede perder alumnos porque, si los pierde, los regala a la criminalidad.”(Tonucci, Francesco.- https://www.lavoz.com.ar/ciudadanos/francesco-tonucci-si-escuela-pierde-un-alumno-lo-regala-delincuencia)
En una buena política educativa, el Estado debe garantizar que nuestros niños y adolescentes concluyan su educación formal. El ser humano nace impreparado para desempeñar todo aquello que le va a demandar la vida. Por esta razón es importante la educación que tiene como objetivo capacitarlo para que se realice como persona y pueda con sus aptitudes contribuir al beneficio de la sociedad. Debe procurar, a través de los valores, actitudes y comportamientos que inculca, que el ser humano se desarrolle como sujeto consciente del momento histórico que vive.
Lamentablemente adolecemos en múltiples oportunidades de los medios necesarios para cumplir con este fin: faltan escuelas, hay baja calidad en la educación; muchos niños tienen que abandonar tempranamente su escolaridad para trabajar, etc. Por otra parte, los educadores son mal pagados, no se les da el valor que representan para la sociedad, etc.
Y en este momento de la historia esta situación se agudiza con la pandemia que nos azota. El Covid 19 nos ha obligado a cerrar las puertas de la escuela y tratar de educar a la distancia, a través de las redes sociales. Se cierra una Escuela presencial obligatoria y se tiene que reinventar un sistema de enseñanza “telemático”. La proximidad y la cercanía, el contacto personal y el vínculo son parte intrínseca de la educación.
Pero, ¿estamos preparados para esto? ¿Nuestra realidad social y económica nos garantiza los medios para lograr a la distancia los objetivos de toda educación? ¿Están preparados nuestros docentes para cumplir su misión a través de las redes sociales? ¿No estaremos olvidando que la educación nos es solo información, sino que también implica educar en valores? ¿Caemos en la cuenta de la debilidad de nuestro tejido social y la fragilidad de las redes sociales?
Con mucho dolor e indignación no veo que el Estado venezolano esté afrontando esta realidad de manera seria y consciente. Nuestra educación tristemente va “de capa caída”. El futuro se nos presenta muy oscuro. Si no atacamos esta realidad con responsabilidad y sin fanatismos ideológicos, aumentará la delincuencia en el futuro.


