Opinión

Reflexiones del Pastor: La alegría del amor

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En el libro del Génesis leemos: “Hagamos a los seres humanos a nuestra imagen, según nuestra semejanza” (1, 26) La Palabra de Dios nos indica que el ser humano no es una simple creatura, sino que él a diferencia de todo el resto del universo fue creado a imagen y semejanza del Creador. Y en la Primera Carta de San Juan se nos manifiesta que “Dios es amor” (4, 8) Por lo tanto nosotros somos amor. Hemos sido creado para amar y ser amados. Desde el principio estamos llamados al amor porque así nos creó Dios. Él ha puesto en nosotros un ansia ilimitada de amar y ser amados. Es la evidencia más grande que tenemos. Al amar y ser amados nos sentimos felices pues nos realizamos. Y, por lo contrario, cuando nos falta el amor nuestro paisaje interior se convierte en sombrío y triste. El amor es pues, como una fuerza irresistible que nos arranca de nosotros mismos y nos lanza a entregarnos al otro.

Esta realidad es tan cierta que hasta la ciencia humana de la psicología lo afirma. El ser humano que no es amado y que, por lo tanto, no sabe amar, es un ser que difícilmente se realizará en la vida. La psicología nos dice que al faltarle el amor al ser humano fácilmente termina en la delincuencia y en problemas graves de personalidad. El amor, por lo contrario, es la mejor terapia para enfrentar los problemas. Cuando tenemos algún problema en la vida y contamos con el amor de un ser querido que nos acompaña y apoya, nos sentimos muy distintos de cuando nadie nos brinda apoyo y amor. Dos vivencias totalmente opuestas. El amor es una necesidad muy grande para el ser humano.

En la historia encontramos que desde muy antiguo se trata de este tema por su importancia para el ser humano. Filósofos como Aristóteles y Platón dedican tiempo para filosofar al respecto. En la edad media San Agustín afirma que: “No se entra en la verdad sino por la caridad”. Y afirma que el amor es el alma de la vida ética: “la virtud es el orden en el amor”. En el Renacimiento el criterio que encontramos es que el hombre es libertad y, por lo tanto, el amor se convierte en la plenitud afectiva que nos lleva a la libertad. En la actualidad nos encontramos con que el amor se confunde con el placer; es un amor de telenovela. Se confunde el amor con la genitalidad. Así encontramos expresiones como “hacer el amor”. El amor no se hace, el amor se vive. Peor aún el ser humano mismo se degrada y se reduce a un simple objeto que podemos utilizar de cualquier modo, especialmente para disfrutar de placeres.

Entonces. ¿cómo se debe entender el amor? Para los que nos consideramos discípulos del Señor Jesús nos queda claro lo qué es el amor al ver al mismo Señor que “compartía la naturaleza divina, y no consideraba indebida la igualdad con Dios, sin embargo, se redujo a nada, tomando la condición de siervo, y se hizo semejante a los hombres. Y encontrándose en la condición humana, se rebajó a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” El amor es renuncia al egoísmo y entrega al ser amado. Jesús renunció a su condición divina y se hizo hombre igual a nosotros en todo menos en el pecado. Eso es amor. Y además para alcanzaros la reconciliación con Dios aceptó la muerte ignominiosa de la cruz. Repito: eso es amor verdadero.

Para comprender mejor las características propias del amor citemos a San Pablo: “El amor es paciente y muestra comprensión. El amor no tiene celos, no aparenta ni se infla. No actúa con bajeza ni busca su propio interés, no se deja llevar por la ira y olvida lo malo. No se alegra de lo injusto, sino que se goza en la verdad. Perdura a pesar de todo, lo cree todo, lo espera todo y lo soporta todo.” (I Co.13, 4-7)

Santa Teresa de Calcuta afirma: “El amor comienza en el hogar; el amor vive en los hogares y esa es la razón por la cual hay tanto sufrimiento y tanta infelicidad en el mundo de hoy…Todo el mundo hoy en día parece estar en tan terrible prisa, ansioso por desarrollos grandiosos y riquezas grandiosas y lo demás, de tal forma que los niños tienen poco tiempo para sus padres. Los padres tienen muy poco tiempo para ellos, y en el hogar comienza el rompimiento de la paz del mundo.” (A.A.V.V., Las enseñanzas de la Madre Teresa, Madrid, Libro Latino, 1998).

Monseñor Mariano Parra Sandoval

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