Opinión

Rectificación, recuperación y libertad

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La fecha, 23 de enero, obliga hoy a procurar que el artículo tenga el propósito histórico, guardando la distancia, de ayudarnos a apreciar el futuro de Venezuela. Es positivo? Es negativo? De entrada se debe considerar positivo, porque toda persona debe tener una valoración positiva de su país.

Esto no significa la irresponsabilidad de engañarse ocultando el contenido negativo que pueda tener la realidad. Sería una estupidez total desconocer hoy las pobres condiciones de vida del pueblo venezolano, su carencia de libertad y en general de todos los rasgos definitorios de una sociedad libre, democrática, digna, honesta y capaz de posibilitar bienestar a su población.

Pero si puede, y debe, valorar su potencial de progreso basado en su acervo general de recursos, como corresponde a cualquier país. Es evidente que la Venezuela colonial fue una de las más atrasadas durante el largo período de hegemonía española. Pero también es evidente que la Venezuela posterior a 1811, es de las repúblicas más importantes, quizás la de mayor peso, dentro del proceso independentista latinoamericano.

Esto se apoya en la gesta de Bolívar, de los más reconocidos en el mundo, Miranda, Sucre  y los demás forjadores, sin olvidar a Andrés Bello en su campo. Después, la insuficiencia del sentido de proyección temporal y la ausencia de una fuerza capaz de frenar las apetencias personalistas, nos arrastró durante unos 127 años, hasta una especie de segunda independencia, el 23 de enero de 1958. Entonces, otro grupo de forjadores condujo triunfalmente nuestra nave, la cual fue capaz rápidamente de crear progreso económico y político, de lo mejor en América Latina, de dotar a Venezuela de una Constitución reconocida como muy buena, y de expulsar la tradicional dictadura militar, y el comunismo cubano que fracasó en su intento de apoderarse del país.

Luego de unos 40 años, oscilantes entre éxito y fracaso, de nuevo la insuficiencia del sentido de proyección temporal y la ausencia de una fuerza capaz de frenar las apetencias personalistas, nos ha arrastrado durante los últimos 22 años al trágico deterioro de Venezuela. Hoy estamos frente a la realidad Estamos frente al planteamiento inicial. Debemos responder cómo apreciamos el futuro de Venezuela. Hoy esta respuesta debe ir más allá del hecho de que toda persona debe tener una valoración positiva de su país. Creo que una mayoría de los venezolanos, y en parte debido a la experiencia personal de vida a lo largo de los últimos años, comprensivamente lo aprecia negativamente, al menos durante unos cuantos de los próximos años. No es necesario explicar por qué es así. Incluso se debe reconocer que la calidad del recurso humano venezolano, quizás lo que nos era más valioso poco tiempo atrás, se ha deteriorado. Pero no ha desaparecido. Está presente en algunas ámbitos, tales como petróleo, arte, algunas ramas científicas y tecnológicas. Quiero destacar uno, el cual lo llaman resiliencia, algo que pone en evidencia que más allá de la injusta imputación de “venta al gobierno a cambio de comida”,  el pueblo venezolano, al cabo de esos 22 años, no ha sido derrotado. Unos  días es golpeado, otros él golpea, como lo hizo con la Consulta Popular. En este momento se puede decir que su fuerza está creciendo. En cambio, la capacidad de gobernar del régimen es cada día menor.

No es necesario explicar esto, basta apreciar como aumenta el rechazo en todos los sectores del país, no solo en algunos. Por otro lado, los venezolanos queremos vivir dentro del modelo de libertad, propiedad e iniciativa personal, democracia, igualdad de oportunidades, religión  y otros, y eso seguirá vigente en el mundo, aunque se deberá seguir derrotando aspiraciones contrarias al ser humano. Se deben tener presentes hechos aún vigentes, como el que concluyó el 12 D 2020, el cual enseña, según la visión de muchos ciudadanos que integramos la Sociedad Civil, que los venezolanos, aparte de la celebración histórica, podemos, y debemos, sentir que recuperaremos y continuaremos la Venezuela del 23 de enero de1958.Más allá de un normal y razonable optimismo, considero que podemos confiar en el destino de nuestro país, el destino de Venezuela.

Por Douglas Játem Villa

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