Opinión

Reconectar, por Ana Cristina Chávez Arrieta

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   Luego de una pausa obligada por algunos inconvenientes con los dispositivos tecnológicos que uso para trabajar, regreso a esta columna de los jueves.

   En un época en la que dependemos de internet, computadoras, celulares inteligentes y tabletas electrónicas, la desconexión puede transformarse en una tragedia. Sin embargo, un respiro a las redes sociales a veces resulta sanador y hasta desintoxicante, generando algo así como una mezcla entre angustia por lo que dejas de hacer y tranquilidad por lo que dejas de ver.

Pero sin duda, la curiosidad y necesidad de estar informados y en contacto con el mundo son más fuertes que nosotros mismos, que el mal servicio de Corpoelec y que cualquier pírrico aumento de sueldos en la administración pública.

De vuelta al ruedo, reflexiono sobre cómo sin equipos tecnológicos desesperadamente busco libros en la biblioteca de mi hogar, muchos adquiridos por mis padres entre los años 70 y la primera década del 2000, con páginas amarillentas y ciertas ideas en desuso.

Lo bueno es que siempre consigo textos vigentes que con sabia paciencia han esperado por mí, aunque guarden cierto rencor y algo de celos por el lugar que ocupan los libros digitales en los archivos de mis equipos tecnológicos, pues -a falta de dinero para visitar librerías en busca de novedades o para aprovechar las ofertas en los mesones de descuento-, los sitios web de descarga gratuita de libros y los grupos de lectores en telegram y facebook, son mis mejores aliados.

Retomar un libro que dejé a medias en el pasado y lograr reconectar con él como si fuera una creación completamente distinta, es gratificante. Ser capaz de preguntarme por qué no había leído antes determinado texto si siempre estuvo allí frente a mis ojos, o darme cuenta que ahora sí disfruto y entiendo a un autor, son actos sencillos pero que demuestran la importancia de saber esperar.

También ha ocurrido que reiteradamente no termina de convencerme alguna historia que a muchos les gustó y que expertos recomiendan. Así que ni modo, le tocará aguardar un tiempo más para ver si logro estar lista para entrar a su mundo literario, o hasta que comprendamos sin remordimientos que no estamos destinadas a juntarnos.

En verdad vuelves a conectar cuando sientes que estás donde debes estar, con los libros, las personas, los lugares y los objetos que quieres y necesitas. Conectas y hay chispitas, electricidad, corriente, comunicación, intercambio. Conectas cuando sabes diferenciar a la perfección entre mariposas en el estómago, hambre e indigestión. Conectemos entonces, aunque la gente sin corazón de Corpoelec se oponga.