Que nada ni nadie, nos quite nuestra alegría, por Fredis Villanueva

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Empecemos por decir que a lo largo de nuestra vida hemos tenido eventos desagradables, pero también, hemos vivido muchos momentos felices, eso es un primer paso para que no nos asalten los pensamientos negativos, sino para que canalicemos los pensamientos positivos, porque por muy desagradable e ingrato, que hayamos tenido un encuentro, siempre hay una buena lección en él, que tenemos que aprovechar. Así que, sin más preámbulo, pasamos a desarrollar el tema de hoy: “Que nada ni nadie, nos quite nuestra alegría”.

Ciertamente, que casi todos los días, por no decir todos los días, surgen en nuestra vida múltiples razones que nos pueden estresar o hacernos sentir tristes, ejemplos hay muchos en el día a día, que si las llaves de la casa no aparecen, tampoco aparecen las llaves del carro, ahora en el camino nos encontramos una cola y al llegar para hacer alguna diligencia otra cola, con funcionarios que con o sin pistola, son intratable, sin carisma y sin relaciones humanas, se creen el último vaso con agua en el desierto. Realmente, pareciera que al final siempre hay algo que nos quiere perturbar la vida.

Frente a lo antes dicho, debemos tener una buena actitud, para que nada nos estrese o nos degaste. Me viene a la memoria una frase que puede que esté muy trillada de un viejo sabio, que dijo, “La vida es un 10% de lo que nos acontece y un 90% de cómo reaccionamos a lo que nos sucede”. Pese a que esa frase fue dicha hace un sinnúmero de años, el mensaje que está detrás de ella, se mantiene vigente hasta el día de hoy. Está frase precisa de una vital importancia, no solo porque de alguna manera nos hace dar cuenta que no es lo que suceda a nuestro alrededor lo que va a influenciar como nos tenemos que sentir, sino nuestra forma de reaccionar, ante cualquier acontecimiento externo y eso es lo que va a marcar la diferencia. De modo, que ningún cretino o engreído, nos quite nuestra alegría.

Uno no puede controlar el tráfico, tampoco podemos direccionar la conducta de una persona que, para bien o para mal, esté cerca de nosotros y que ella misma no sepa que tiene retardo intelectual, pero si podemos controlar nuestra respuesta, De manera, que cuando estemos ante una situación como las que hemos mencionado, preguntémonos: ¿Vale la pena perder la alegría por esto? Por supuesto, que no.

En mi muy humilde reflexión final, pienso que: una buena forma de empezar el día es que al despertarnos, después de agradecerle a Dios por el nuevo día que nos está regalando, tomemos la decisión de que nada ni nadie, nos quite nuestra alegría, por lo que pueda o deja de suceder a nuestro alrededor, porque de manera clara hemos decretado que hoy es un día maravilloso y sí por haber pensado así nos va bien, mañana lo repetimos, hasta que se haga una excelente costumbre. Personalmente, algo parecido coloqué ayer martes en mi estado de WhatsApp, con palabras más, palabras menos, lo cierto que me fue bien y por eso hoy lo repetí, convencido que mañana haré lo mismo.

Para finalizar, cada uno de nosotros tenemos el poder de ser feliz, justo donde nos encontremos y nada ni nadie, nos puede robar nuestra alegría y si alguien pretende hacerlo, pensar: esta persona no me conviene y nos retiramos de manera silenciosa, eso es mejor, que iniciar una discusión estéril.

Gracias por invertir su valioso tiempo en leerme, ojalá se sienta gratificado por la inversión del mismo.

¡Un abrazo lleno de bendiciones!

¡Hasta el próximo miércoles, Dios mediante!

Por Fredis Villanueva.