Nacional

Pocos avances en las reparaciones de colegios y centros de salud

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Se ven pocos, y lo son, para la titánica tarea que tienen por delante. Los voluntarios que reparan un colegio del oeste de Caracas, convocados por la administración de Nicolás Maduro, hacen lo que pueden para restaurar este edificio público, cuya responsabilidad quedó en manos de la comunidad.

Maestros, obreros, representantes y los propios estudiantes caminan entre paredes llenas de humedad, baños y aulas, contando los avances logrados desde que Maduro los convocó, el pasado 12 de junio, a conformar las Brigadas Comunitarias Militares (Bricomiles) para reparar los centros educativos y sanitarios.

En la Unidad Educativa Antonio José de Sucre empezaron el 11 de julio, un mes después de que Maduro anunciara la creación de estos grupos y un día antes de que altos funcionarios del chavismo visitaran la institución en un acto televisado con el mandatario nacional para contar lo que pensaban hacer en las instalaciones.



Poca gente, mucha voluntad

Cuando se conoció el plan, la directiva del Antonio José de Sucre, una de las instituciones más grandes de la zona, con una plantilla de 1.260 alumnos, convocó a los voluntarios y logró que 160 vecinos, representantes y hasta estudiantes se apuntaran a la brigada operativa.

La Bricomil asignada a esta escuela está coordinada por nueve líderes políticos de la comunidad y militares que supervisan la ejecución de cada obra, según explicó a Efe la dirigente del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) Yarayk Carvajal.

«Se hizo la caracterización de nuestros padres y representantes de las comunidades que quisieron colaborar, quiénes eran el personal capacitado con la albañilería, los que podían hacer el trabajo de pintar, de algunas reestructuraciones y esto permitió hacer esa captación para lo organizativo y poder, día a día, armar un cronograma de trabajo», dijo Carvajal.

La organización del trabajo está planteada para que los colaboradores participen en el tiempo que tengan disponible para el voluntariado, y de ello depende el avance de la obra, tal como explican en la escuela.

Por eso avanza lento el trabajo en las siete hectáreas que componen el colegio, donde cada uno de los 43 salones, las bibliotecas y los más de 15 baños necesitan algún arreglo en mayor o menor medida.

Ante esta circunstancia, los propios maestros y obreros que forman parte de la nómina de la escuela se quedan hasta más tarde de su horario habitual para ayudar con alguna reparación.

Son entonces la voluntad y el sentido de pertenencia las claves en este plan del Ejecutivo, según la subdirectora de la institución, María Palma.

«¿Quién más que los padres y representantes que tengan sentido de pertenencia de la institución y qué más que el aporte que ellos puedan tener, que ellos puedan dar a la institución? No solamente por formar parte de la comunidad, sino que también sus hijos, su representado o representada forma parte de la institución», subrayó la docente.


EFE