“No todos los ojos cerrados duermen, ni todos los ojos abiertos ven”, por Lourdes Díaz Güerere

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Es una frase que se le atribuye al actor estadounidense Bill Cosby. 
A este punto hemos llegado en ser selectivos. Adaptamos lo que vemos o no vemos a una conveniencia absoluta. No es tan malo. 


Es instinto humano, es una forma de sobrevivir. 
Comencé a escribir esta columna en el mes de mayo de este 2020 por invitación del equipo de Diario La Mañana en su versión digital. Las vivencias de nuestras comunidades en el occidente llevan una secuencia hasta la agudización de los retos propios de la realidad, del presente, de la nueva normalidad.


En el fondo, hablo desde la intimidad de nuestros corazones en Dabajuro, estamos en un punto de quiebre. Estamos agotados. Fue una semana difícil. 


Como ya sabrán:
-Seguimos sin agua por tubería, esperando una respuesta. Menos mal Dios nos ha auxiliado con lluvias muy oportunas y puntuales. Dirán que no es consuelo justo, pero es Misericordia.

A veces hay luz. Cuadrillas de Corpoelec trabajan aún sin tener las herramientas necesarias para auxiliar una zona tan extensa.  
-Ya nos acostumbramos – en serio-   al olor a leña porque sin gas, es un acto de respeto al derecho a cocinar que tienen las familias.


-Están batallando todos los organismos y la comunidad por una organización adecuada para distribuir el poco combustible que hay.


-El tema del coronavirus es directamente proporcional al tamaño del amor propio y al prójimo de quien lo padece, de quienes tienen riesgo de contagio y de quienes deben por necesidad salir a la calle. ¿Tapabocas?.. No diría ausentes. Diría que ahora veo raro a quien como yo pueda cargar uno. 


-Inició el año escolar en el país. Por aquí en Dabajuro aún no hay directrices. Ni siquiera se logró la logística de apoyo al docente y a las instituciones para la entrega de calificaciones del año escolar pasado. Muchos no sabemos si nuestros representados fueron promovidos o cómo fue su rendimiento escolar. Ni siquiera sé si en el fondo estoy dispuesta a volver a iniciar el año escolar en estas condiciones y cuestionando si vale la pena empezar de nuevo así o esperar para nivelarlos pedagógicamente en las condiciones adecuadas. En este tema diré como el personaje de Eudomar Santos en “Por estas calles”: “Como vamos viviendo vamos viendo…”. Solidaria me siento con los docentes de nuestra tierra y lo que me consta están viviendo, están padeciendo.

¡Ah! Olvidaba. A veces hay internet. Pero esta semana casi no, de paso.


-Muchos comercios y transacciones son necesarias en dólares físicos para adquirir un  producto o servicio, pero es difícil el acceso a la moneda. De hecho, hasta hace unos días me enteré que los billetes en sí mismos eran un negocio rentable para algunos. Los negocios impensables existen.


Mucho hemos discutido en los últimos días en distintos grupos y organizaciones a través de las redes. Muchos minimizan el esfuerzo por mejorar la calidad de vida que de forma personal asumen la mayoría de los venezolanos. Siempre hay alguien que dice “¿Hasta cuándo? y es que no piensan hacer nada”. 


Me pregunto ¿qué significa no hacer nada en nuestra realidad?
Quien nada hace está destinado a lo que describíamos en columnas anteriores: “morir de mengua”.


Por cierto, tocando frases coloquiales de nuestros pueblos, decía mi madrina Lupita hace unos días que hablara sobre el significado de la frase: “venga pa´que se componga”. Significaba que cuando llegaba una visita a casa hace unas décadas; la dueña de la casa invitaba a la dama visitante a lavarse las manos y la cara en una “ponchera” ya dispuesta en la entrada con su respectivo espejo, compacto y rubor, talco y perfumes como el popular “Ramillete de Novia” para luego ingresar impecable al hogar. Atando cabos históricos, de allí surge la frase de la ronda tradicional “componte, niña, componte; que hay viene tu marinero…”.


No puedo dar cierre a esta columna hoy sin limpiar mis ojos y despejar el alma ante el dolor de la repentina e impactante noticia del fallecimiento ayer viernes 18 de Frank Gerardo López Gutiérrez. Un infarto hizo sucumbir su vida en los recién cumplidos 40 años el pasado 06 de septiembre.

En su jornada de trabajo habitual en la eterna “Ferretería Frank” cambió bruscamente de plano. La comunidad de Dabajuro consternada por la partida de uno de los jóvenes comerciantes más brillantes de nuestra generación. No es por la cercanía, no es por los lazos familiares; pero Frank Gerardo representa a todos aquellos  jóvenes de nuestra tierra que formaron desde el hogar para el trabajo y que asumió cabalmente esta encomienda hasta siempre. En lo personal, te voy a extrañar primo. Condolencias a la familia, a sus seres muy amados; en especial para Franklin, Aida, Haidé y Raquel un abrazo infinito.

Se nos adelantó un comerciante muy joven entregado al servicio de su labor. Creo no equivocarme en decir que tenía una inteligencia y habilidad admirable. Sea el hogar de Dios su lugar de paz eterna.


Entrelazando con el título que ocupa la columna de hoy me atrevo a tomar textualmente una publicación que hace en su cuenta Instagram el amigo y excelente actor venezolano David Emilio Bermúdez: “El día que entendamos que así como el problema es de todos, también la solución es de todos y tengamos un discurso personal y no grupal donde criticamos lo que no hacen los demás, pero jamás hablamos de lo que nosotros somos incapaces de hacer. Allí nacerá la nueva Venezuela”.

La Mañana

Medio de comunicación impreso mas importante del estado Falcón, con 67 años de trayectoria.

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