Opinión

Miel y Salmuera |UN DÍA NORMAL

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(Para esos locos bajitos que aún podemos ser)

Cinco de la tarde y la gallina ya cantó, el sol y la luna entran en convivencia por un rato, hasta que Doña Selene se apodere de su turno de trabajo por este lado del mundo, y por allá el señor sol avise con su salida, que ya es hora de acostarse a dormir.

El gato ladra para que lo saque a pasear y el perro se acurruca a los pies de la cama hasta que observa a un pedazo de queso persiguiendo al ratón de la biblioteca, entonces, maúlla asustado.

 Me baño rápido y me visto como de costumbre: gorra de basquetbolista, corbata de boxeador y patines de bailarín. Le preparo la merienda a mis padres y una buena cena antes de enviarlos a la escuela, para que la lleven calientita en su carretilla de libros. Allá los espera mi prima Claudia para dictarle sus clases respectivas de Juegos Tradicionales II y Videojuegos nivel aprendiz.

Mi hermana ya alistó el bote de remos en el que nos iremos al trabajo, se percató de que no hay marea alta y podremos fluir con tranquilidad en nuestro viaje nocturno.

 Esto de ser pescadores de estrellas no es fácil, es muy laborioso, y debemos saber seleccionar con cuidado los puntitos brillantes que se ven en el firmamento. Las más escurridizas son las estrellas fugaces, pero con mis patines puedo seguirles el ritmo con facilidad. En este oficio, mis habilidades de esquiador de montañas de arena me han ayudado a alcanzar las estrellas sin que se me despeine ni un solo pelo de mi cabeza de bola de billar.

 Al salir de casa, observamos que el tráfico está congestionado, y los peatones con sus alas de Ícaro, revolotean los campos sin cesar, confundiéndose entre los búhos, lechuzas, murciélagos y lobos que regresan a sus hogares luego de una larga jornada laboral como guardianes municipales.

Pero como andamos en nuestro bote, hoy nos fuimos por el río, atestado de delfines que saludan a los viajeros con su peculiar chirrido. Mientras remamos, notamos que en las tiendas de la orilla colocan los letreros de cerrado y los clientes se arremolinan a sus puertas para cazar las mejores ofertas. En las calles, los buhoneros gritan ¡Lleve tres y pague cuatro!, ¡Todo a más de mil, a más de mil! ¡Venga y compre señorita, la plancha que despeina su cabello y se lo ensortija en un santiamén!

En los parques, las palomas venden pan picado para alimentar a las hormigas; los niños compran globos que te dan la vuelta al mundo en 80 días. En la estación del tren los vagones son pequeños aviones que circulan por la autopista de rieles. Los adultos van a la escuela para aprender a jugar y los niños trabajamos en actividades que invitan a soñar: jardineros de mares, pescadores de estrellas, agricultores de bienmesabe y pudín de cambur, cocineros de libros, ingenieros de montañas rusas, jinetes de tiovivos y entrenadores de peces, son algunas de las tareas.

Ya casi llegamos a nuestro sitio de trabajo, hoy usaré mi máscara de buceo y aletas de tiburón para entrar en lo más profundo de la noche y pescar algo nuevo, la estrella más grande y brillante que he visto: un poco revoltosa, cantarina y de color carmín. De esta no se me escapa antes de que amanezca y toque la hora de descansar. ¡Hola, y buen apetito a todos!, ¡que despierten bien!

                                                                                  [email protected]

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