Miel y Salmuera: Tres voces en torno al libro infantil-juvenil y sus creadores

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Ver la conferencia del autor español Jordi Sierra i Fabra, para BBVA, implica acercarse a una declaración de principios sobre el oficio de escribir. Es realmente motivador conocer todos los obstáculos que debió superar, siendo apenas un niño que portaba como estandarte cumplir a toda costa un sueño personal.  

   Frases contundentes como: “A mí leer me salvó la vida”, “Para mí escribir era la salvación”, demuestran que la escritura se convierte para muchos en una tabla de rescate, entendida como un ejercicio terapéutico, pero también como misión vital. “Quería ser escritor, no rico ni famoso”, nos asegura, porque para él “el arte se mide por lo que sientes al hacerlo, no por lo que te pagan por hacerlo”.

   En su presentación, Sierra i Fabra nos revela algunos de sus secretos y técnicas para escribir:

–  Prepara un guión del libro, capítulo por capítulo, para tener una idea general de la historia que desarrollarás.

–  Cuenta las historias usando las palabras precisas y concretas. Evita los rodeos y prefiere ir directo al grano, para atrapar y mantener la atención del lector.

–   Escribe todos los días, no debes tener días de descanso.

–   Para escribir bien hay que leer mucho.

    Igualmente, varias de sus frases nos hacen reflexionar sobre el valor de la escritura:

–         “No vas a cambiar el mundo con tus libros. Pero las novelas cambian a las personas, siempre”.

–          “Escritor ni se estudia ni se aprende, se siente”.

–          “Escribir es algo que sale de dentro, de las tripas”.

–          “Soy lo que soy porque he leído”.

–          “Leer me salvó la vida, escribir le dio un sentido”.

   Por otro lado, escuchar a la ecuatoriana María Fernanda Heredia durante su conferencia en el Primer Congreso de Literatura Infantil y Juvenil realizado en Perú en el año 2014, es enfrentarse con la agilidad mental y carisma de una sabia niña. Usando un discurso atractivo y lleno de anécdotas familiares, nos adentra en su imaginario y en sus concepciones acerca de la escritura.

   Heredia afirma que “la literatura infantil va más allá de las emociones”. Para la autora, “la palabra tiene que defenderse sola. El descubrimiento de una emoción es un acto individual, pero nos permite saber que el otro también siente. A través de las emociones y las sensaciones aprendemos a relacionarnos con el mundo, aun antes de que llegue el lenguaje”.

   Con su melodioso tono de voz, la escritora asegura: “estoy consciente que las palabras no permiten contar exactamente la dimensión de una emoción, pero cuando las palabras no alcanzan para describirlo todo, yo siento que allí empezamos a hablar de literatura”.

   Heredia aclara: “El papel de la literatura no es buscar palabras que nos emocionen, sino de crear el camino, el surco que no permita encontrarnos con eso que es íntimo y personal, con nuestro recuerdo, nuestra decisión de sentir. El papel de la literatura es que el lector fluya, se abalance como una cascada en sus emociones”.

   Para María Fernanda, el lector debe ser consciente de su mundo emocional, por ello cada día intenta como escritora “reivindicar el derecho a recuperar las emociones auténticas, propias”; “defiendo el derecho de leer una buena literatura, que es el motor para conectarnos con lo más esencial… La literatura no enseña nada pero es un detonante para entender el mundo desde la mirada y experiencia íntimas”, explica.

  Y finaliza diciendo: “la literatura infantil es el flechazo con la vida, es el escalofrío que nadie nos ha impuesto, es la posibilidad de plantearnos preguntas y darnos respuestas propias”.

   En este sentido, coincido con la autora y valoro que como lectores de cualquier edad, ante un texto nos formulemos preguntas en torno a la realidad y mundo que allí se expone, al uso del lenguaje y su disfrute pleno, pero que a su vez respondamos como lo haría un niño que descubre la infinidad del universo frente a él: con los ojos bien abiertos y el corazón expectante.

  Por último, tenemos la conferencia del venezolano Fanuel Hanan Díaz, dictada en el marco del Festival de Literatura Infantil del 2019, organizado por el Centro Cultural del Banco de la República de Armenia; quien presenta un discurso bastante contrastante con los de la ecuatoriana Heredia y el español Sierra i Fabra, en cuanto a frescura, originalidad y demostración de la intimidad del escritor.

   En un tono más académico, el investigador tituló su conferencia “Libros que desafían el tiempo”, pues a través de su disertación explica qué hace que un libro valga la pena leerlo y se convierta en un texto significativo, hasta el punto de resistir el paso del tiempo.

   Hanan Díaz introduce el término “Long sellers”, libros de larga vida, y apunta tres elementos comunes, presentes en aquellas historias para niños y jóvenes que han logrado vencer la barrera del tiempo y las tendencias de moda:

–   Una visión optimista, que responde a la necesidad de los lectores de que triunfe el bien.

–   El humor como hilo que permea el relato.

–  Seducción de la literatura a través de la palabra. Seducción del lenguaje.

   El venezolano asegura que en el imaginario de los adultos, el discurso de los libros infantiles y juveniles debe estar carente de toda complejidad, pero en la realidad los textos que han perdurado poseen un lenguaje sencillo, estructuras narrativas vigorosas, precisión en la palabra y personajes variados finamente construidos. Estos han sido –acota- libros escritos bajo el criterio de la poética de la sencillez.

   En conclusión, Fanuel Hanan Díaz expone algunos criterios inmateriales de un buen libro para niños:

1.   Que se someta  a la prueba de la relectura.

2.  Poseer el elemento sorpresa para mantener la atención, lo cual es esencial para conectar a los lectores con el asombro.

3.   Asumir la perspectiva del lector, para lograr el puente entre libro y niño. Para ello, debe definirse desde dónde se cuenta, los temas que se suceden como parte del imaginario y las preocupaciones de los lectores. Hay que entender la genuina visión del niño y del adolescente.

4.  Crear un mundo posible. Los libros deben tener la capacidad de hacernos parte de un mundo excepcional.

5.   Construir personajes entrañables.

6.  Exponer la convivencia entre realidad y fantasía en relaciones complejas y prodigiosas.

De esta manera, tres voces de la literatura en español, nos comparten desde las plataformas digitales sus visiones acerca de la responsabilidad que significa escribir para el público infantil y juvenil, etapas de la vida donde en la mayoría de los casos inicia la afición y el amor por la lectura. Sin embargo, si ya superamos los años del ¿por qué? incesante y de las espinillas indiscretas, disfrutemos por igual de buenos libros y despertemos nuestros niños internos, que para crear e imaginar no hay límite de edad.

Ana Cristina Chávez – [email protected]

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