Opinión

Miel y Salmuera | Preparativos navideños

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Por: Ana Cristina Chávez Arrieta

   Salir en Maracaibo al borde del mediodía, en transporte público y rumbo al casco central siempre es una aventura (y un acto de valentía, dirán algunos), a eso súmale una fecha próxima al 24 de diciembre y ya te puedes imaginar la escena, que va desde el pornoton (porno-reguetón) en el carrito por puesto y con repetición incluída porque una vez no era suficiente para saber que “el cantante” le pagó la operación a la novia, las uñas, las pestañas y el pelo y por eso ella se creía modelo –por comentarte lo menos soez de su lírica- hasta las colas, gritos, música a todo volumen y la necesidad de apretar bien la cartera y las bolsas de las compras mientras caminas en las aceras invadidas de buhoneros -emprendedores- dirían en Venezolana de Televisión.

   Pero no basta con ir tras la pista de los productos más económicos y que resulten de calidad, cuando tu presupuesto es muy ajustado, sino saber contenerte de mirar en las tiendas para fantasear con la adquisición de algo, ir directo al grano y enfocarte en lo que fuiste a buscar. Como siempre, las mujeres somos las dueñas de las compras, pero simplemente porque nos hacemos responsables o porque nos adoctrinaron para que eso sea así. En el supermercado que visité el 70% de las personas eran del sexo femenino y no faltaba la señora que se quejara por todo lo que hay que hacer para celebrar la Navidad, que va desde comprar los ingredientes de la comida, preparar los alimentos, limpiar la casa, arreglarse, vestir a los niños y pare usted de contar. (Yo le sumo la preocupación de obtener el dinero para eso).

   Algo similar escuché en la interminable cola del bus a la 1:20 pm: «No nos podemos arreglar las uñas todavía porque se nos desconchan con la lavadera de platos antes del 24», le decía una señora mayor a otra más joven. Aquí entran en juego los roles de género y la distribución de la carga de trabajo en el hogar, que sí es trabajo pero que no es remunerado porque la labor de cuidados es considerada una función y tarea propia de las mujeres, como si viniera grabada en nuestro ADN.

   Esto lo escribo mientras espero que abran las llaves del agua en el edificio, porque disfrutaremos de agua potable durante unos dos días o dos días y medio -depende de la generosidad del equipo de HIDROLAGO- lo que quiere decir que estaré de cabeza limpiando y lavando, con la inquietud que genera saber que mientras me concentro en quitarle la mugre a las baldosas del baño y tarareo una canción en mi mente o pienso el tema de mi próximo artículo, un mundo afuera está girando, con mujeres como protagonistas que se preparan para festejar la Navidad y hacerle la vida más agradable a los demás, cuando lo que tal vez quisieran es que las celebraran a ellas por existir y ser para sí mismas. No las olvidemos. ¡Felices fiestas!