Miel y Salmuera / La Tarea
Por: Ana Cristina Chávez Arrieta
Me gusta estudiar, no he sido alumna de 20 puntos pero sí disfruto formarme y trato siempre de cumplir con las actividades asignadas por los docentes. Creo que una tarea es un reto personal para demostrar de qué estoy hecha y aflorar mis capacidades y conocimientos. Para mí las asignaciones académicas son el puente que une la pregunta ¿cómo hago esto? con la exclamación ¡pude hacerlo!
Aunque esté en mi rol de aprendiz, no abandono mi perspectiva docente y con frecuencia evalúo las asignaciones de los cursos y talleres en los que he participado, para tratar de entender lo que el profesor desea que descubramos en nosotros al realizar la tarea, pues como académica comprendo el esfuerzo detrás de cada clase, traducido en tiempo, investigación y planificación; por eso el enterarme que los estudiantes no cumplieron con lo propuesto me genera una duda, una interrogante y ¿por qué no? una decepción.
Ahora bien, ¿qué implica ese no hacer?, ¿acaso es desinterés, falta de tiempo, mala organización personal, procrastinación o la existencia de un perro hambriento que come tareas digitales?, ¿qué ocurre cuando se cumple con la asignación pero la actividad es una copia fiel de un documento de internet o un Frankestein hecho con fragmentos de diversos artículos de libre descarga en la web?
¿Qué es peor, pecar por omisión o pecar por plagio intelectual y falta de ética?, ¿y qué me dicen del descaro de insistir que ese informe es propio y se apega a lo exigido, cuando sabes que es falso?, ¡para colmo los estudiantes se enojan si le demuestras con pruebas y con los enlaces digitales de los documentos, que su trabajo no es original! En fin, cada quien debe hacer su tarea, yo hago la mía lo mejor que puedo sin copiar ni pegar (aunque a veces entregue tarde).


