Miel y Salmuera Abrir y cerrar ciclos
Por: Ana Cristina Chávez Arrieta
Metas, propósitos, objetivos de año nuevo, son palabras que escucharemos y leeremos en este primer mes del 2023. Que si el ejercicio, que si la comida, que si la tesis, ahorrar, mudarse, viajar, montar un negocio, ser más amable, terminar con la relación tóxica o conseguir la pareja anhelada. Que si esto y aquello, que si tal o cual intención para ser personas más felices, más saludables, responsables y exitosas.
¿Pero cuántos de esos propósitos planteados al fragor de la embriagante alegría navideña logran concretarse?, ¿cuántas veces la exigente realidad, cambiante y efímera nos da bofetada tras bofetada a lo largo del año? No es por aquí, anda por allá; mira, surgió este inconveniente, apúrate que no llegas a fin de mes, no te sirve eso ahora, ¡ey, piensa en frío! ¿es realmente lo que quieres o lo que desean los demás?, son frases que surgen en nuestra cabeza cuando menos lo esperamos para cuestionar los planes iniciales.
Y allí vamos, eliminando metas y trazándonos otras a medida que descubrimos desconocidas facetas de nosotros así como inauguramos calendario. Abrimos y cerramos ciclos, haciendo borrón y cuenta nueva en el cuaderno de las expectativas.
Los tiempos de cada quien son eso: ritmos personales, logros propios en los momentos y etapas de la vida que más convienen, cuando se pueden y se quieren. Está bien desear algo con todo el corazón y trabajar por eso. Está bien aprovechar las oportunidades cuando se presentan. Está bien distraerse en el camino, experimentar, desenfocarse y retomar el rumbo si aún persiste la búsqueda de la meta como meta y no como complaciente obligación.
Está bien fracasar, reconocerse como no apta para una tarea, denunciar la inequidad de las condiciones materiales, económicas y políticas que afectan nuestro recorrido. Está bien decir no puedo, no me dejas, tú eres mi obstáculo principal. Está bien reclamar que los privilegios son para unos pocos y enfrentar la injusticia; está bien y es necesario, urgente e imperante gritar, pelear, molestarse, tumbar, quemar destruir esquemas, barreras, barricadas, cárceles, cerrojos, muros mentales, sistémicos y gubernamentales, para alcanzar -desde la rabia personal y colectiva- la edificación de sueños comunes.
La desesperanza no debe prevalecer en los seres humanos. Un ciclo que se cierra es un hasta aquí llegué, hasta aquí llegamos. Un adiós. Una despedida a eso que no funcionó o a eso que se logró satisfactoriamente. Cerrar un ciclo es dar por concluida una etapa y abrirse a novedosas vivencias, a nuevos momentos y temas de interés. Que se vaya lo que se tenga que ir, agradecida estoy; bienvenido lo que tenga que llegar, aquí lo espero, lista para escribir, para soñar y trabajar por lo que quiero.


