María Corina Machado espera que antes de fin de año Venezuela tenga nuevos CNE y TSJ
Vivió escondida, separada de su familia y sin pasaporte. Ahora, María Corina Machado jura regresar a una Venezuela aún suspendida entre el antiguo régimen y una democracia inconclusa. La premio Nobel de la Paz relata a Democrats Review su lucha por transformar el apoyo popular en una auténtica transición política.
Por Riccardo Romani | Democrats Review
En octubre de 2025, María Corina Machado recibió el Premio Nobel de la Paz por su compromiso con los derechos democráticos de los venezolanos y su lucha por una transición justa y pacífica de la dictadura a la democracia. Sin embargo, el premio generó controversia cuando Machado también se lo dedicó a Donald Trump, agradeciéndole su apoyo a la causa venezolana. Tras la captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos, Machado le entregó su medalla del Nobel a Trump como gesto personal de gratitud.
Es una lucha que le ha costado más de un año escondida y alrededor de dieciocho meses separada de su familia. Sin un pasaporte válido, que las autoridades venezolanas se niegan a renovar, Machado reside actualmente principalmente en Panamá, ya que regresar a Venezuela la expondría a graves riesgos para su vida.
Tras la caída de Maduro, muchos esperaban que regresara a Caracas y liderara la transición. Sin embargo, el poder permaneció en manos de Delcy Rodríguez, una figura central del antiguo régimen, cuya colaboración con Trump ha sumido al país en un limbo político difícil de descifrar.
Desde el extranjero, Machado prosigue su campaña. Una reciente encuesta de Meganálisis le otorgó más del 80 por ciento de los votos en una hipotética contienda electoral contra Rodríguez. En esta entrevista exclusiva con Democrats Review , explica en qué punto se encuentra actualmente su proyecto político.
El terremoto ha provocado una devastadora emergencia humanitaria en un país que ya enfrentaba una profunda fragilidad institucional y económica. ¿ Cómo ha alterado el calendario —o incluso las prioridades— de la transición democrática de Venezuela? ¿Teme que la reconstrucción pueda convertirse en una justificación para posponer la reforma política y las elecciones libres?
El terremoto del 24 de junio asestó el golpe final a la sociedad venezolana, no solo por la devastación y la pérdida de vidas que causó, sino también porque puso al descubierto la incompetencia, la corrupción y la falta de humanidad del régimen. Setenta y dos horas después del terremoto, el régimen no había tomado ni una sola medida para apoyar o ayudar a la población.
Fue el pueblo quien tomó cartas en el asunto. Comenzaron a organizarse para ayudar a sus familiares y vecinos, pero también a completos desconocidos. El régimen no solo no respondió, sino que incluso puso obstáculos a las organizaciones humanitarias internacionales que buscaban intervenir, sin mencionar las numerosas dificultades que creó para los venezolanos que intentaban movilizarse y participar en las operaciones de rescate.
Las imágenes de miembros de las Fuerzas Armadas moviéndose entre los escombros y robando pertenencias personales mientras muchas personas seguían atrapadas bajo las ruinas quedarán grabadas para siempre en la memoria de la sociedad venezolana.
La situación representa un colapso sin precedentes que exige un cambio; un cambio que, por lo tanto, se ha vuelto aún más urgente y ya no puede posponerse. Un cambio que no solo traerá el alivio que la gente reclama y necesita desesperadamente, sino que también propiciará el renacimiento de instituciones capaces de garantizar un progreso decisivo hacia el estado de derecho, el desarrollo económico y oportunidades reales para todos.
Por lo tanto, a pesar de la tragedia que ha supuesto, las consecuencias del terremoto han contribuido a unir a la sociedad civil, que ahora exige, con una fuerza sin precedentes, la reconstrucción física, institucional, social y económica de todo el país.
El secretario de Estado Marco Rubio describió un proceso de tres etapas para Venezuela: estabilización, recuperación y, finalmente, transición democrática. El progreso hacia esa etapa final parece lento, pero usted ha seguido expresando confianza. ¿Qué indicadores concretos —y qué información aún no visible para el público— le llevan a creer que la transición sigue su curso?
A principios de este año (tras la captura de Maduro), el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, implementó tres etapas de un proceso que comprende estabilización, recuperación y, finalmente, transición democrática. Asimismo, dejó claro que estas etapas no necesariamente tienen que darse de forma consecutiva.
Según la administración estadounidense, la fase de estabilización ya ha concluido. En cambio, las tan esperadas inversiones —sobre todo en el sector energético— previstas como parte de la fase de recuperación y reconstrucción aún no se han materializado. Pero es necesario aclarar el contexto.
Venezuela ocupa el último lugar del mundo en cuanto al respeto al estado de derecho. Dado que representantes del régimen han llevado a cabo expropiaciones indiscriminadas contra actores nacionales e internacionales, los riesgos siguen siendo extremadamente altos para cualquiera que desee invertir en Venezuela.
Sin embargo, considerando todos los factores, cabe reconocer que 700 de los 1200 presos políticos del país ya han sido liberados. Estamos empezando a ver cómo las organizaciones de la sociedad civil encuentran espacios para sus protestas y se escuchan voces disidentes contra el régimen. Estos son acontecimientos inimaginables hasta ahora y que el régimen había prohibido categóricamente.
Para nosotros, los venezolanos, la agenda es clara. Sabemos con precisión lo que queremos, empezando por un calendario electoral que incluya una fecha específica para la celebración de elecciones libres y transparentes.
Se están llevando a cabo conversaciones con el Departamento de Estado que nos dan motivos para creer que, antes de que termine el año, se nombrará un nuevo Consejo Electoral Nacional, junto con un nuevo Tribunal Supremo de Justicia.
Sabemos sin ninguna duda que la sociedad venezolana está preparada y deseosa de emprender esta transformación, porque estamos convencidos de que también representará el primer paso hacia la estabilización de todo el pueblo venezolano, tanto dentro como fuera de las fronteras del país.
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