Opinión

Los trastornos mentales de Alexis

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Dr. Ernesto Faengo Perez
Cuando le vi por primera vez no se le notaba nada raro, un hombre fuerte, respetuoso, con un machete en la mano que andaba por las calles de la urbanización ofreciendo limpiar los frentes de la casa, así se fue adentrando en la comunidad, como cualquier otro campesino que dejaba atrás su campo natural para buscar en la ciudad un mejor ingreso en sus limitadas capacidades para afrontar la vida, solo exponía su fuerza, su dedicación y su empeño y así se incorporó a luchar para ganarse el pan de cada día con el sudor de su frente.
No fue mucho el tiempo para que comenzara a circular el rumor que Alexis parecía no estar bien, ya no se le notaba el afán en sus trabajos cotidianos, de repente su rostro se descuadraba y una especia de rabia interior asomaba a través del machete con el que, hacia la limpieza de los frentes y solares, los vecinos comentaban, que aparentemente sin razón ni motivos, se ponía furioso, se quitaba la camisa, pero a pesar de esos trastornos que nadie evaluaba, cuando se recuperaba volvía a ser un hombre de trabajo, respetuoso, cordial, su sangre campesina le marcaba su existencia, su humildad le identificaba, pero su mente se fue deteriorando, su cerebro alterado no tuvo la medicina oportuna ni la atención debida, porque a nadie le importó, más allá del comentario.
Así la enfermedad lo fue arropando, dejo las herramientas de trabajo y comenzó a desprenderse de la poca ropa que cubría su cuerpo, ya el comentario era general, Alexis está loco, anda desnudo, era otro, mejor dicho, no era él, andaba empujando su cuerpo enfermo por las aceras y calles de su Puerto, su mente, su cerebro alterado, quien sabe que visiones le acosaban sin frenarse, se sentaba en los asientos de los vehículos y pedía las llaves para conducirlo, revolcaba los pipotes de basura sin oír e importarle los gritos y reclamos de dueños de vehículos o amas de casa que se molestaban porque nadie le paraba, pasaba sus días y noches delirantes, el tiempo, la enfermedad, el hambre y la escasa asistencia médica lo fueron consumiendo, nosotros lo abandonamos, el mar inmenso y bondadoso, benefactor y sorpresivo, le recibió una tarde de un mes de octubre, limpió su cuerpo, calmó su furia, sanó su alma y lo devolvió al Puerto, el manso y peligroso mar ayudó a liberar tu carga, nosotros seguimos con la nuestra en manos de unos, que se creen muy cuerdos y están mucho peor que tú.
Hace siete años, descansas en paz al lado de Dios que seguro supo comprenderte y te recibió con los brazos abiertos para estar sano y tranquilo, en su Santa Gloria