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Liliana Rodríguez Morillo: No iré al funeral del Puma

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En la entrevista llegó segura, con una braga ajustada al cuerpo en tono brillante negro, dejando ver algo de su despampanante pecho, que hizo recordar a su talentosa madre en sus mejores tiempos, cuando en presentaciones por el canal Venevisión era la reina del rating, con su pelo negro largo, lacio, totalmente cambiada, tanto por fuera como por dentro, tal como se describió en el programa Siéntate Conmigo trasmitido por Televen en su hora estelar dominical.

Es otra Liliana. Sin gritos, sin poses, sin obscenidades en cámara, ni rabiosa, ni maltratada físicamente, ni pisca de odio y por el contrario, con tono amoroso, con seguridad, con brillo en los ojos, con la sonrisa que sacó de su madre Lila de aquella chica que una vez salió en la televisión venezolana con ganas de “tragarse” el mundo llevando sus apellidos Rodríguez Morillo y que lo logró. Vuelve al escenario sin resentimientos y segura de sí, según lo repitió varias veces en una entrevista con Carlos Mesber.

El pasado domingo 30 de julio abrió su corazón para contar la difícil etapa de su vida, desde que comenzó a sentir, según ella, el desprecio de su papá, el famoso José Luis Rodríguez, y de su esposo, el padre de Génesis, su única hija, que se separó después de varios años juntos, y una de las razones del porqué cayó en el alcoholismo y sintió desprecio de sí misma, hasta que logró zafarse de ello con la ayuda de Dios, según contó.

La actriz, cantante, panelista, hija de famosos, habló sin filtros de sus problemas con el alcohol y cómo los superó después de una lucha para reencontrarse a sí misma a los 56 años cumplidos en abril.

Indisciplinada y consentida

Hay que dejar de hacer ciertas cosas que a uno le gustan para entrar en el plano de la disciplina y llevar el talento que Dios te dio y llegar hasta donde tienes que ir. “Fui muy indisciplinada, consentida y terca, por lo que he tenido que aprender por los propios golpes que he permitido darme”.

A Liliana le gusta pedir perdón porque según ella trae grandeza y con ello enseñas a la otra persona de lo que tiene que hacer, y “si es a mí que me toca hacerlo de primera, lo hago. “Borraría algunas reacciones de mi vida”, agregó.

Me consideraba con los años una mujer fuerte, pero he tocado fondo, como cuando mi esposo me abandonó, aun peleando por mi matrimonio a capa y espada, y hoy en día no lo culpo y me siento feliz.

Nunca entendí que mi papá se pudiera morir

Muy calmada, sin movimientos bruscos, como los que tenía en algunas oportunidades y solamente echando su pelo hacías atrás a cada momento, Liliana señaló que, no manejó muy bien el “renacer” de su papá José Luis Rodríguez durante su enfermedad. “No podía entender en mi cabeza que se podía morir y no nos buscó, o sea, una muestra de que no nos quiere para nada y eso fue muy duro”.

Recordó la hija mayor de Lila Morillo que llamó en ese momento a Raúl González por teléfono, que fue el primer nombre que se le vino a la mente, porque siempre lo consideró como un hermano.

“Con un ataque de histeria por el peor desprecio que le pueden hacer a un ser humano, yo me preguntaba a cada momento por qué era así. Yo no puedo creer que esto me esté pasando a mí”.

“Si se murió y resucitó, tiene cuentas pendientes con Dios. Ya yo asumí mi posición, después que hicimos lo humanamente posible por reecontrarnos con él y el mismo Dios me ha ayudado a sanar y me cansé de rebajarme después de tantos desprecios y buscar, buscar, buscar, sentí que ya todo está hecho, ya todo está dicho, ya no hay excusas del otro lado y quizás esto es lo que buscaba Dios, como la última carta de amor.

EFE