Opinión

La Unidad entre los venezolanos

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Tiempo Falconiano

Douglas Játem Villa

Venezuela fue uno de los primeros países latinoamericanos, y del mundo en general para la época, en acometer el proceso de independencia. Venezuela fue el país más victorioso en el ámbito militar. Liberó 5 países, Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia, y se ganó la adhesión de un sexto, Panamá. Bolívar no fue un conquistador. Procuró la existencia de la Gran Colombia para darle mayor fortaleza política a los nuevos países.

Venezuela no acompañó a Bolívar en esto. Páez, más allá de sus grandes méritos militares,  no aceptó, junto con el movimiento denominado La Cosiata, la “capitanía de Bogotá, a pesar de que el “jefe” era el venezolano Bolívar, y eso determinó el fin de la Gran Colombia en 1830. Se puede agregar que en cierta medida, ello fue una causa significativa del curso errático que han seguido los pueblos latinoamericanos hasta el presente.

Esto fue, quizás, el mayor caso en la historia, hasta entonces, de un fracaso de Venezuela por falta de unidad entre nosotros. ¿Será ello una demostración “genética” de que no somos capaces de unirnos?. Al menos conocemos la diferencia entre nosotros, colonizados por los católicos de España, y los Estados Unidos, colonizados por los protestantes ingleses.

Sin embargo, se cree que lo ocurrido el 23 de enero de 1958, la breve vigencia del Pacto de Punto Fijo, la victoria sobre la guerrilla “comunista” motorizada por Fidel Castro y las jornadas electorales realizadas entre 1958 y 1998, con mayor o menor grado de legitimidad, demuestran que se puede aceptar que si somos capaces de unirnos.

Pero también se tienen que anotar las graves desviaciones y comportamientos fraccionalistas registrados entre 1958 y 1998, derivados, en gran medida, de la búsqueda de intereses particulares ilegítimos, la cual deterioró nuestro sistema democrático hasta generar su caída. 

Durante los años posteriores a 1998 hemos dado grandes demostraciones unitarias, como la de 2002, la cual logró derribar a Chávez; la de 2007, para derrotar la reforma legal pretendida por Chávez, la de 2015, para lograr las dos terceras partes del total de diputados de la Asamblea Nacional. Pero también hemos dado demostraciones significativas de desunión, como la relacionada con la naturaleza de la oposición al gobierno chavecista, ámbito en el cual se encuentra, por ejemplo, que hay venezolanos, a diferencia de lo que acepta la que se aprecia que es la mayoría, que consideran que Maduro fue elegido presidente en 2018, y venezolanos que invitan a votar en las anunciadas elecciones de la Asamblea Nacional en diciembre de 2020.

Quizás, más allá de la constatación formal de la unión o desunión entre nosotros, se tiene que reconocer que en el presente no somos un pueblo unido, y que inevitablemente tenemos que lograr el cambio necesario en estas condiciones.

Se reconoce, lógicamente, que la unidad dentro del pueblo venezolano es vital a los fines de su progreso, bienestar y felicidad, más allá de su importancia determinante con relación al cambio de gobierno y recuperación pronta del país. Se admite la posibilidad de que esto último puede lograrse incluso sin que exista unidad entre nosotros, como consecuencia del deterioro y debilidad creciente del gobierno, junto con la ayuda legítima que puede, y debe, prestar la comunidad internacional.

Pero es indispensable reconocer que es imperioso que realicemos los cambios de comportamiento requeridos, dentro del patrón de relacionamiento entre nosotros los venezolanos, con la finalidad de que seamos, como naturalmente debe ser, un pueblo unido con la capacidad necesaria para alcanzar y preservar el bienestar y la felicidad.

A continuación, parece que lo exigido es realizar las modificaciones significativas dentro de nuestro patrón de comportamiento, tal como ya se dijo. ¿Quién los liderará, y cómo se realizarán, esos cambios? No queda duda de que la mayor responsabilidad tiene que recaer sobre la misma sociedad, nuestra sociedad civil.

Se debe resaltar que es imprescindible que los partidos políticos y en general los diversos sectores de la colectividad venezolana, congelen durante este presente sus intereses particulares, por muy legítimos que puedan ser.

Es necesario organizar y capacitar la sociedad civil para que pueda cumplir su papel tan esencial y vital. Se debe registrar que  en Venezuela existen personas que encarnan rasgos que son valorados por la sociedad, la cual las ubica en un lugar del imaginario social hasta que aparece la oportunidad de demostrar su fortaleza. Son ciudadanos que son políticos porque son ciudadanos, que no incursionan en el ámbito de los partidos políticos, pero que tienen la capacidad de desenvolverse en ese mundo, pudiendo incluso acometer la función de liderazgo, si la sociedad se los exige, sobre todo si son acompañados y apoyados por la ciudadanía. Nadie puede negar que eso exista en Venezuela

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