Opinión

La suma de todos los miedos versión Dabajuro

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Es el título de una película muy popular basada en la novela de Tom Clancy. No la he visto por cierto. La única certeza es la de sentir y saber durante esta semana que muchos en nuestro pueblo estamos viviendo la suma de todos los miedos.

Trataré de hacerme explicar mientras me levanto una y otra vez a cumplir mi roles ineludibles en el hogar, en contratiempo por la hora y con el alma pegada al teclado del computador para que desde el occidente falconiano llegue este eco una vez más. Es el trajín desapercibido de la mujer de nuestras tierras, pero es un don maravilloso que mitiga el cansancio.

Sentir que sumamos los miedos es tangible en cada conversación. No es un acto de cobardía reconocer nuestros temores; es un acto de fe y valentía reconocerlos para poder superarlos. Suprema importancia compartirlos para apoyarnos unos a otros. Es natural y hasta conveniente esta conciencia colectiva para poder decir que desde la fe Dios alcanza para todos y que no hay mal que sea eterno.

A nuestra Venezuela como que le tocó una dosis adicional de miedos colectivos. Tal vez es una  deuda hacia tantas cosas que no supimos valorar por desconocimiento pero la misericordia siempre será una promesa de amor hacia la nobleza de nuestro pueblo, de nuestra gente y de lo que somos.

Aquí se siente un desdén adicional como de huérfanos, anhelando liderazgos eficientes que nos animen a seguir adelante cada uno desde su palestra. Duele decirlo desde adentro pero duele más saber que es una realidad. Sin pregonarlo somos de alguna manera huérfanos de querencias humanas ante quienes tienen responsabilidades por mínimas que sean en la vulnerabilidad padecida. No aplica a todos los ámbitos porque también hay organizaciones que aún en medio de la suma de todos los miedos y con limitaciones infinitas siguen con su mano extendida.

Casi finaliza el 2020. Entre susurros de aguinaldos muchos ven en el culminar de este año la superación de un mal tiempo; sin embargo es necesario ser honestos y responsables para asumir los retos del 2021. Por cierto, año muy anunciado por el Presidente Chávez desde el inicio hasta el final de su mandato. El mundo entero se prepara para continuar aprendiendo a construir la vida con nuevas realidades que no van desaparecer después de decir “feliz año”.

Eso sí, este año estamos invitados a decir “feliz año” con el mayor fervor del mundo aunque sea desde el móvil, desde nuestras ventanas a nuestros vecinos y sintiendo el verdadero calor del hogar aunque se sigan sumando los miedos. Pero eso es un tema para otro eco.

¿A qué le tenemos miedo? En realidad ya no lo sabemos con certeza. Se nos juntaron y estamos atravesando “siete mares” para seguir adelante. El amor mitiga el miedo o lo acrecienta. La compasión sí desdobla el miedo de plano.

Hoy es día de Nuestra Señora de Guadalupe, patrona de nuestro estado. Falcón se encomienda al amor maternal perfecto y en una sola voz de devoción nos aferramos a la fe de la Virgen María cuando dijo sin titubear “Hágase en mí según tu palabra”. Uno de los mayores actos de fe de la historia de la humanidad capaz de superar cualquier duda, cualquier miedo e incluso la suma de todos los miedos que sentimos ahora. Que María de Guadalupe de Falcón extienda Su Manto con flores para todos Sus hijos como hizo con Juan Diego. De corazón nos sentimos en El Carrizal y desde el hogar allí estamos juntos, miembros de nuestra Iglesia.

Ayer fue día del locutor venezolano. Renny Ottolina marca la pauta de esta fecha con su admirable don de comunicar y de su constante invitación a ser voces dignas de un país que tiene todo para brillar. Ojalá podamos entender los locutores venezolanos que somos instrumentos llamados a pulir desde nuestra esencia esta joya llamada Venezuela. Debemos comenzar por creer en nosotros mismos, abrazar nuestros talentos y donarnos con coraje para ayudar a vencer los temores del pueblo.

Evoquemos esta frase popular: “hazlo, y si te da miedo, hazlo con miedo”.

Aún en la suma de todos los miedos, sigamos adelante Dabajuro.  Como vaticinó el maestro Rogerio Espinoza; ya llega tu buenaventura.

Ya llega el momento de volver a cantar como lo hacía Alejandro Cerviño junto a nuestro pueblo un “Tin Marin” desde el alma. 

Nos encontraremos en navidad.

Lourdes Díaz Güerere

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