Opinión

Kadir el árabe en Cumarebo, por Ernesto Faengo Pérez

Comparte
image_pdfMira en PDFimage_printImprimir

En una de esas madrugadas donde dormir se dificulta, procurando restablecer el sueño estuve recordando una novela muy famosa y popular allá por los años de la década 1970 1980 que escuchábamos en mi casa a través de un destartalado radio de “pilas” que se mantenía no sé como y que muchas veces sirvió de medio para compartir historias noveladas fantásticas que a través de voces en las ondas hercianas escuchábamos con una fidelidad increíble. 

Vivíamos al final de la calle Urdaneta, alumbrándonos de noche con lámparas de querosén o de gasolina, la radionovela la transmitía una emisora de curazao a las nueve de la noche hora de Puerto Cumarebo a esa hora en punto casi  todas las familias cumareberas estábamos alrededor del aparato de radio para oír a “Kadir el árabe” que así se denominaba la famosa radionovela    

En esa época llegaron a Cumarebo muchísimos nacionales de los países del continente asiático, del oriente medio que nosotros no sabíamos identificar, a todos denominábamos como “turcos” o “árabes”  con una vestimenta y forma de ser  muy diferente a la nuestra cuya principal actividad la dedicaban en tiendas, vender telas por cortes muchas veces a domicilio y a crédito, reparar zapatos o el oficio de barbería, excesivos fumadores y tomadores de café negro. 

“Kadir el árabe” era una  radionovela de origen colombiano, cosa que nosotros poco pudimos entender. Kadir era un pirata que vestía todo de negro, ocultaba su rostro con un antifaz negro y usaba una pañoleta blanca descripción que los narradores de la novela hacían con un tono misterioso y envolvente que los oyentes admitían con suprema emoción, su vida era una lucha constante contra la maldad ejercida por un inhumano gobernador cosa que hacía que las mujeres se rindieran frente a su personalidad, curiosas por saber la identidad de aquel valiente e histórico personaje. Lo cierto es que en mi casa a las nueve de la noche era un silencio impresionante todos alrededor del viejo radio para oír el capítulo de esa noche que cada vez se hacía más atractivo y contagioso, la radionovela duró mucho tiempo  y cada vez la sintonía en nuestro aparato era más débil cosa que angustiaba a Pachito quien movía el trajinado radio, le daba unos golpecitos y medio aumentaba el volumen hasta que un día el radio no prendió ni permitió seguir escuchando los emocionantes capítulos de “Kadir el árabe”, su destino fue ir a parar al basurero, la razón de su mudez era muy sencilla, pero nosotros no lo sabíamos, se habían desgastado las “pilas” y había que sustituirlas, no se hizo, esa inocente ignorancia e ingenuidad, produjo la perdida de nuestro viejo radio e impidió conocer en mi familia el final de aquella extraordinaria radionovela en esa época estelar de la radio latinoamericana