JOROBADOS CALIFORNIANOS EN LOS MÉDANOS DE CORO, por Isaac López

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A Hancer González Sierralta, dedico.

Irreverante y sarcástico, utilizando frontalmente la ironía, Alí Primera canta en su tema «Se está secando el pozo»: «Porque a mi me lo contaron, creo que es mejor que no divulguen esto. Pero a Coro le trajeron camellos para el progreso. Dicen que con chivos los van a cruzar, para bolas criollas poder fabricar. Que bolas tan criollas para gobernar.» (LP «La patria es el hombre, 1977).

Fue en el año 1972. la primera vez de tal intento. Gobernaba el Estado Falcón el ingeniero Ramón Antonio Medina, quien se había encargado en marzo de 1969. Era el primer gobernante regional de  tendencia social cristina y le habían precedido en el ejecutivo Pedro Luis Bracho Navarrete (1958-1962), Pablo Saher (1962-1967) y Rómulo Rodríguez Campos (1967-1969). Fueron ellos nuestros primeros gobernantes el proyecto de la democracia liberal.

Le tocó una situación política difícil al serrano Medina. Decidida oposición de los partidos Acción Democrática y URD en las figuras de Ildemaro Villasmil y José Gudalupe Polanco, quienes desde la Asamblea Legislativa ejercieron fuerte crítica a su gestión. Huelga de desempleados, manifestaciones estudiantiles, frecuente crítica en los medios de comunicación, reclamos de diferentes sectores.

El turismo se empeñaba en perfilarse como alternativa válida para el proyecto de desarrollo regional, y tenía como órgano ejecutor al Instituto de Turismo del Estado Falcón, INTURFAL.

Hacer de los médanos de Coro una atracción para que los visitantes de otras partes del país los disfrutaran se convirtió en un punto focal de aquel proyecto.

En la edición del diario La Mañana del día 23 de febrero de 1972 podemos leer: “Al fin llegaron los camellos.”

La noticia señalaba que tres hembras y un macho arribaron desde California, Estados Unidos, del criadero del señor Eugene Goebel, quien acompañó hasta Coro a los animales, los cuales habrían de constituir una atracción turística excepcional.

500 personas concurrieron al Parque Exposición de Coro, para ver a los camellos traídos por el gobierno regional por medio del Ministerio de Obras Públicas, cuyo titular era el coriano José Curiel. El periodista y jefe de redacción de La Mañana, Cecilio Nava Hurtado, entrevistó al criador, quien describió el viaje realizado en la ruta California-Miami-Maiquetía-Coro.

Goebel indicó que los animales ingerían todo tipo de comida, especialmente alfalfa, maíz, millo, hiervas diversas. Pedro Antonio Cham, a nombre de la Gobernación, señaló que los camellos permanecerían un tiempo en el Parque Exposición para luego llevarlos a los médanos. 

Pronto la expectativa trocó en desilución. Nadie había reparado en lo evidente. Para el día 24 de febrero La Mañana anunciaba “Fraude ¡¡¡ por una joroba. No son camellos son dromedarios.”

La noticia señalaba que los animales de los que había hecho alarde el gobierno como atractivo para el Parque Nacional Médanos de Coro no eran camellos, sino dromedarios, es decir solo tenían una joroba.

Se indicaba que la onerosa inversión realizada por el gobierno del Ingeniero Ramón  Antonio Medina había significado un costo de 2500 dólares, sin incluir gastos de transporte. Se reprochaba que no darían el rendimiento esperado, pues, los turistas que aspiraban  montarlos, para pasear sobre el medanal, lo harían en posición muy incómoda, “a menos que se condicione una silla especial.”

La interrogante en el ambiente político y popular era  si habían engañado al gobierno regional o si los encargados de comprar los animales estaban conscientes de que no eran camellos los artiodáctilos rumiantes que habían adquirido. El señor Goebel nada había aclarado ante la euforia y ahora seguía placidamente en su rancho de California.

Para el día 25 de febrero de 1972 apareció una nota titulada “¿Adónde irán los dromedarios?”. En ella se exponía que los animales, que en un primer momento fueron atracción en el Parque Exposición de Coro, parecían no tener un destino cierto. Los pobres dromedarios parecían ser ahora una verguenza para el ejecutivo regional.

Víctor Romero Ventura, Secretario General de Gobierno, manifestó su opinión personal. Para el funcionario lo mejor era ubicarlos en el Parque Meachiche o en el Parque Los Orumos, constituyéndose en aporte para un zoológico que debía fundarse en alguno de esos lugares.

Parecía que los funcionarios se sintieron también defraudados al constatar que los animales adquiridos en Estados Unidos no eran camellos. Expresa al final la nota: “lo que pasa es que tanto gobierno como pueblo esperaban ‘bijorobados’ y resultó que nos metieron gato por liebre.”

Sin embargo, a pesar de tanta nota negativa, unos meses después apareció lo esperado. Unos niños merideños paseaban alegres sobre los dromedarios por las blancas arenas cantadas por Rafuche. Poco les importó si tenían una o dos jorobas aquellos bichos. Total: todo aquel paisaje era deslumbrante para ellos. Enceguecedor. La Mañana también se hizo eco del acontecimiento.

Poco tiempo después los animales murieron. Desadaptación, falta de alimentos y cuidados, indolencia. En gobiernos regionales posteriores se intentó de nuevo «sembrar», ahora si, camellos en los médanos, cuyo paseo salía desde la llamada Hostería que queda en las cercanías del llamado popularmente Paseo de La Madre. Debió ser en el gobierno de Leoncio López, de AD (1974-1978), si nos atenemos a la canción de Alí Primera.

Historia y anecdotario nuestro. Proyectos que terminan en franco desaguisado, en esperpento y realismo mágico. Los camellos de los médanos de Coro forman parte de nuestras formas de entender el turismo, de crear espejismos sobre una tierra que ya crea bastantes.