Opinión

Historia, cultura y libertad: breves anotaciones, por  Ana Cristina Chávez Arrieta

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La historia: Para mí la historia es la vida misma sucediendo a cada instante. La historia, como disciplina científica de estudio, es la reconstrucción y análisis de la vivencia, de la experiencia, del pensamiento reflejado en la acción del ser, estar y convivir en sociedad.

La historia también es recuerdo, memoria, huella y vestigio de existencia humana. Es una impronta plasmada en la piel, en el alma de los pueblos, en la mente, el espíritu y la esencia de una nación que en colectivo construye los cimientos de su futuro y la cotidianidad de su presente.

 

El estudio de la historia nos permite conocer quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos. Al conocer la historia y reflexionar sobre los hechos sucedidos, podremos afirmar como Neruda, “confieso que he vivido”, porque la historia de los pueblos la escriben los seres humanos en movimiento.

 

Cultura y libertad: En el discurso de Angostura, pronunciado el 15 de febrero de 1819 por el Libertador Simón Bolívar, se sientan las bases ideológicas y filosóficas de la emancipación cultural venezolana, al plantear la necesidad de formar y educar al pueblo para que logre la auténtica libertad, guiándose por las buenas costumbres, la moral republicana y las luces del conocimiento. En el texto, Bolívar aboga por la instrucción popular como una vía para abolir la esclavitud del pensamiento: «La esclavitud es la hija de las tinieblas, un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción…»

El Libertador afirma que al separarse Venezuela de España, nuestra república y sus ciudadanos, obtuvieron la libertad de obrar, de pensar, hablar y escribir, pero se requería de una educación ilustrada que permitiera arraigar los valores y principios de honestidad y dignidad, que enseñara ciencias, artes y letras, no solo a los que aspiraban a asumir las riendas del gobierno, sino a todos los conciudadanos que tenían la responsabilidad de elegirlos.

Para Bolívar, el estudio contribuye a la práctica -o ejercicio del poder legítimo- y la rectitud del espíritu permite el aprovechamiento de la formación. «El progreso de las luces es el que ensancha el progreso de la práctica, y la rectitud del espíritu es la que ensancha el progreso de las luces», asevera.

Igualmente, en el documento, el padre de la patria recalca su ya conocida frase: «Moral y luces son los polos de una República; moral y luces son nuestras primeras necesidades», de allí la urgencia de seguir promoviendo en nuestro país la educación liberadora y transformadora, en donde la lectura, el amor por los libros, la capacidad para crear y escribir, el desarrollo del pensamiento crítico, la ética ciudadana y la identidad nacional, predominen a lo largo de la vida y en los principios rectores de cada uno de los subsistemas educativos, como medios y recursos para emanciparnos.