Héctor M. Peña, de la herencia Sefardí Coriana

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Es común al trazar los rasgos biográficos del destacado educador paraguanero señalar el nombre de su madre, Dorila Peña, pero nunca o casi nunca se refiere el nombre del padre del maestro.

Dorila Peña Yánez, era hija del General José de Jesús Peña, destacado propietario, político y hombre de armas de la Paraguaná de mediados del siglo XIX, y de Micaela Yánez. José de Jesús Peña es nombrado en periódicos de finales del siglo XIX como parte del correaje de caudillos corianos. El matrimonio tuvo dos hijas: Dorila y Amelia. Esta última bautizada en junio de 1855, quien casó con Theodoro Thielen de familia procedente de Aruba. Dorila Peña fue madre soltera, que concibió su hijo de un hombre casado: Enrique De Lima Bone, vecino de su casa.
Hijo de Thomás de Lima y de Eliza Bone, y nieto de Isaac Abinum De Lima -judío de Curazao-, Enrique era casado con Lucrecia Weffer, hermana de Amoroso, Julián (Sibalié), Amalia, Margarita, Francisca y Olimpia Weffer.

Propietario de dos casas en el centro de Pueblo Nuevo de Paraguaná, la que después fue de David Palm y la que sus sucesores vendieron a Alonso Reyes, donde hoy queda la sede del partido Acción Democrática.

Hijos de Enrique Bernardo De Lima y Lucrecia Weffer fueron Enrique Gabriel, Lucrecia Rosalía, Luisa Eliza, Oscar Agustín, Agenor, Isaac, Diosa y Luz. Esos, los «hermanos de padre» de Héctor Manuel Peña. Enrique y Lucrecia, por «esa aventura» del marido o por otras razones, mantuvieron relaciones conflictivas hasta que él tuvo que hacerle sesión a ella de todos sus bienes.

Nacido en la casa de hato La Boca de Carajaima, en el hogar de Doña Aurelia García de Delgado, en 1880, quizás por el escándalo que significó en la pequeña y conservadora sociedad novopoblana el ser un hijo adulterino, Héctor M. Peña se graduó de bachiller en el Colegio Federal de Coro, donde fue a estudiar junto a los nietos de doña Aurelia, Felipe y Pacomio López Delgado. Su padre murió cuando apenas sobrepasaba los 15 años.
En Coro también se formó en la rama farmacéutica bajo la conducción de José David Curiel, en la Botica Americana. Tal vez la relación con descendientes de la comunidad judía de Coro favoreciera ese magisterio. Hasta hace pocos años, Héctor Peña Díaz -nieto del bachiller- conservaba los formularios de su abuelo con recetas de gárgaras del Dr. Escobar, Elixir del Dr. Curiel o Colirio del Dr. Soto.

En 1925 Héctor Manuel Peña tenía 45 años de edad. En esas fechas contrajo matrimonio con una bella joven novopoblana llamada Carmen Domitila Gómez Castro, de 24, hija de Antonino Gómez Castro e Isolina de Gómez Castro, pertenecientes también a la pequeña élite de comerciantes y propietarios locales. Su origen no parece haber marcado su exclusión social. Testigos de su matrimonio son entre otros: Juan Sierraalta Tinoco, Salustio y Lulio Sierraalta, Francisco Tellería, Antonio Sierraalta, Jorge Chapman, Teodoro y César Dovale, Faustino Riera, Teodoro Thielen Peña -su primo-, César Irausquín De León, Carlos Luis Fortique, Sara López Fonseca, Mercedes Curiel, Carmen Leonor Romero, Elisilia Guiñan, Salomé de Gómez Castro y Cupertino Gámez.

Cuando alguna vez pregunté el nombre del padre de Héctor M. Peña, alguien cercano a la familia me dijo bajito: «De eso no se hablaba. Ese era tema tabú». Consejas de pueblo quizás o quizás tema delicado por los prejuicios y creencias de época.

Al revisar el Álbum de la familia Peña-Gómez dimos con una fotografía cuya dedicatoria señala: «A mis tíos Héctor y esposa. Su sobrino Henrique D. De Lima D. Caracas, julio 6 de 1.926.» Tal notación desmiente el argumento de que Peña no tuviera relación con sus hermanos, pues quien envía la foto era Henrique Augusto De Lima, -hijo de su hermano Oscar Augusto- quien nació en San Felipe, Estado Yaracuy, a inicios del siglo XX y luego se casó e hizo vida en Caracas. En la dedicatoria le trata de tío.

En la larga lista de testigos del matrimonio de Héctor M. Peña y Carmen Domitila Gómez Castro el sistema de relaciones de los contrayentes. Allí, como testigos del acto, varios de los miembros de la familia De Lima, entre otros: Isaac De Lima, Athalí De Lima, Oscar De Lima, César De Lima, Luisa De Lima, Agenor De Lima y Luz De Lima.
En 1930 Luisa y Agenor De Lima otorgaron poder a Héctor M. Peña para que en su nombre vendiera una casa de su propiedad en Pueblo Nuevo, seguramente una de las propiedades de su padre. La relación está más que constatada.

Jefthé De Lima, fino artesano-comerciante caraqueño, ha abundado en la genealogía familiar buscando afanosamente en espacios como Family Search, pero también en el Archivo Histórico del Estado Falcón, Archivo Histórico de Paraguaná, Archivo Arquidiocesano de Caracas o Hemeroteca Nacional para confirmar legalmente su filiación sefardita. A él debemos parte de los datos que nos ayudan a armar esta reseña. Jefthé nos cuenta de Enrique De Lima, sus hermanos e hijos, como si de gente de su cotidianidad se tratara. Él desciende de Luisa De Lima Weffer -hija de Enrique De Lima y Lucrecia Weffer, «media hermana» del bachiller- quien también tuvo descendencia sin casarse, con Martiniano Medina, esposo de una de las hermanas de su madre. Sobre los De Lima, entronques familiares y actividades comerciales en el circuito de relacionamiento coriano de finales del siglo XIX e inicios del siglo XX, son del mayor interés los aportes de la Doctora Blanca De Lima Urdaneta, parte de la misma historia familiar.

En todas estas conexiones un paisaje común de gentes y afanes. Willemstad, Coro, Paraguaná, San Felipe, Barquisimeto y Caracas. Comercio, política, cultura. La comarca caribe que somos desde siempre.
Importante dejar sentado este dato de la biografía de Héctor M. Peña. A pesar de un origen oscuro y escandaloso en un pequeño pueblo interiorano venezolano, ese hombre supo convertirse en referente de servicio a su comunidad, en figura representativa, en líder de causas por el progreso colectivo. No fue una negra mancha, un estigma eterno el ser hijo de una unión adulterina, al contrario, quizás aquello funcionó como estimulo de superación. Por supuesto, pareció tener el apoyo familiar, el cobijo de aquella élite local que pudo despreciarlo, y sobre todo la guía de su madre, a quien señalan los testimonios orales que adoraba.

Con estas letras completamos un rompecabezas, la imagen de un hombre-pueblo. También fue Héctor Manuel Peña parte de la herencia judeo sefardí en Falcón. Un maestro apreciado por varias generaciones de paraguaneros y corianos.

A Doris Peña y Jefthé De Lima

Isaac López

La Mañana

Medio de comunicación impreso mas importante del estado Falcón, con 67 años de trayectoria.

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