Opinión

Feliz Navidad y Venturoso Año Nuevo

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Douglas Jàtem Villa

Pienso que soy uno de los miles de millones de seres humanos “normales”, los que nacen, viven y mueren dejando una hoja de vida cumplida, con al menos una familia que se proyecta en el tiempo con un variado nivel de bienestar. La solidaridad entre los seres humanos, aunque pueda ser insuficiente, se registra entre nosotros los venezolanos, especialmente en estos días navideños y de año nuevo, cuando con mayor o menor espontaneidad entre todos ella está presente y nos colma de optimismo y esperanza.

Se está consciente de que muchos piensan que eso no es realista, que no hay base para la esperanza. Se debe reconocer que la condición de vida del pueblo venezolano está lejos de la que merecemos y necesitamos dada nuestra naturaleza de seres humanos. No se cree necesario repetir la conocida y muy sufrida descripción de esta tragedia, del deterioro económico que nos priva de la capacidad para adquirir bienes y servicio esenciales, como alimentos, electricidad, agua y demás; de la privación de los rasgos de la dignidad humana, como democracia y libertad; y, en fin, de lo que constituyen derechos fundamentales de la humanidad.

Sin embargo, con el mismo grado de realismo se debe reconocer que Venezuela existe, que la destrucción no ha sido total, que nuestra historia a partir de la Independencia da pie para aceptar que nuestro país reúne un potencial suficiente para fundamentar su reconstrucción. Vale la pena destacar el papel protagónico de Venezuela, y del Libertador Simón Bolívar, dentro del proceso de emancipación respecto de España por cuanto ello aportó basamento para el desenvolvimiento autónomo del país.

El recurso humano venezolano constituye un potencial productivo ampliamente demostrado con la creación y manejo de realizaciones muy significativas, como PDVSA la cual llegó a ser una de las empresas petroleras más importantes del mundo; el Sistema de Orquestas Sinfónicas, la capacidad científica y académica sembrada por el Plan Gran Mariscal de Ayacucho y otras más.

Debe apreciarse la dotación de recursos naturales, empezando por el petróleo y completada por otros minerales; la muy ventajosa localización geográfica, los grandes atractivos turísticos, la dotación de tierra para la producción agropecuaria, la tradicional capacidad para la producción pesquera, Todo esto es suficientemente conocido y valorado por el pueblo venezolano. No se trata de engolosinarnos falsamente sino de mantener la conciencia clara de que Venezuela si significa una valiosa capacidad de producción, la cual ya ha sido puesta a prueba con resultados muy positivos, como lo demuestra la evolución de Venezuela a partir de mediados del siglo XX, especialmente después de 1958, cuando el país llegó a constituir un conglomerado humano destacado dentro del contexto internacional, sobre todo a nivel de América Latina. Se considera que debe reconocerse el significado del proceso vivido por Venezuela entre 1945 y 1948 cuando el país registró un liderazgo nuevo y diferente al tradicional gobierno militarista y caudillista.

También se cree que  debe tenerse presente el comportamiento económico y político del país durante el período constitucional 1989-1994, cuando se logró una importante recuperación de la economía nacional, aun enfrentando la muy presionante deuda pública externa, y por otro lado, quizás con mayor importancia, los cambios políticos que ampliaron la capacidad de la democracia venezolana, sobre todo incrementando  significativamente la participación de la población en los diversos estados del país en la conformación del liderazgo nacional.

Obviamente se tiene que registrar la desviación de los partidos políticos que ocasionó la caída del sistema democrático venezolano en 1998, algo que creemos apreciar en el comportamiento de algunos “políticos”, o politiqueros, que anuncian la realización de una “jugada maestra” para acabar con el papel de Juan Guaidó como Presidente Interino, quien, si bien puede haber incurrido en deficiencias diversas, significa un recurso valioso a los fines del combate a Maduro. Al menos es considerado así por algunos de los mejores abogados constitucionalistas de Venezuela. Todo esto tiene que colocarse junto a la situación actual de la humanidad, la cual exhibe el alerta de algunos acerca de la vida humana en peligro, el grave y creciente deterioro de la naturaleza, la guerra entre la invasora Rusia y la invadida Ucrania, uno de los crecientes casos de violación impune de derechos humanos con consecuencias funestas en materia de democracia y libertad, como pudiera apreciarse en el caso del último proceso electoral en  Estados Unidos, uno de países más avanzados; las iniciativas conflictivas de algunas corrientes religiosas negadas a lo que se espera de ellas, curar heridas de la humanidad.

Se puede concluir con que nuestra realidad da pie para asumir tanto la posibilidad de la recuperación, como el agravamiento de la situación. Se registran sectores optimistas respecto a un posible entendimiento “salvador” entre el gobierno y la oposición, algo inimaginable ante el propósito gubernamental de quedarse en el poder, pero que puede resultar un “milagro” propio de la época, y que por lo tanto no se debe descartar por adelantado. Por otro lado, la baja probabilidad de una salida democrática legítima, el debilitamiento continuo de la gestión gubernamental, la cual continuará siendo fuente de mala condición de vida de la gente, pero que no será eterna, como se puede incluso ver en la historia; y, sobre todo, el mantenimiento hasta el final de la lucha democrática de la oposición por el cambio de gobierno, constituyen una base para la fe y la esperanza que nos aporten fortaleza para alcanzar las vitales condiciones de democracia, libertad y bienestar para el pueblo venezolano Debe decirse que esto último será posible con la conducción de un liderazgo opositor que tenemos que construir nosotros, con la participación determinante de la Sociedad Civil, integrado por personas idóneas para tal fin, y muy distintas a quienes han desempeñado este rol anteriormente, muy distintas a quienes esperan descabezar a Guaidó. Mientras tanto, que los días de navidad y año nuevo sean un tiempo de paz, unión familiar y esperanza fortalecedora para todos los venezolanos de buena voluntad