Opinión

Espiritualidad ecológica

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Desde la publicación de la encíclica Laudato Si en el 2015, la Iglesia ha propuesto para cada 1 de septiembre la Jornada de oración por el cuidado de la creación. Este año en ocasión de los cincuenta años de la institución del día de la tierra, y volviendo sobre la figura bíblica del jubileo cada cincuenta años, el Papa Francisco ha propuesto el Jubileo de la tierra.

No se trata de un jubileo en el sentido en el que estamos acostumbrados de una puerta santa o de indulgencias plenarias, se trata más bien de tiempo para renovar la fe en Dios creador, unirnos todos los cristianos en oración y defensa de la casa común.

El Papa Francisco retoma la idea del jubileo bíblico que dice “Declararán santo el año cincuenta y promulgarán por el país liberación para todos los habitantes. Será para ustedes un jubileo” (Lv25,10). Inspirado en este texto, el Papa propone el jubileo como un tiempo sagrado para recordar, regresar, descansar, reparar y alegrarse. Sobre estos cinco aspectos es importante profundizar para ir adquiriendo una espiritualidad ecológica. 

 Tiempo para recordar que todo en el mundo está relacionado, todos estamos unidos con Dios y entre nosotros, nada pasa en el mundo que no afecte a los demás; por ello los cristianos nos debemos esforzar por vencer los individualismos y reestablecer la armonía de la creación.

Tiempo de regresar, volver atrás y percatarnos que hemos roto la armonía de la creación, que hemos usado el mundo como que si nos perteneciera o lo que es peor, como que si Dios no existiera.

Esa figura usada por San Francisco de la hermana madre tierra, herida y sufrida por los abusos de sus hermanos, esta es una situación que no podemos mantener, los cristianos debemos hacer un alto y regresar a la creación para consolarla y curarla.

Tiempo para descansar y dejar descansar, el jubileo era un año de descanso para no caer en la saturación y explotación de los recursos, descansaba el hombre, pero al mismo tiempo descansaba la tierra de tantos tratos sobre ella.

El descanso implica poner límite, hasta aquí se trabaja, hasta hoy se emplea; el mundo también necesita límites pues lo que no limita se acaba. Lo que se utiliza sin ningún límite se agota, la casa común no es una máquina de refresco de la que se puede tomar cuantas veces se quiera, tiene su límite. Ese límite de descanso es precisamente para dar paso al tiempo de reparar, el mundo descansa y en ese descanso se restaura la justicia, le devolvemos lo que no es nuestro, le regresamos aquello de lo cual nos habíamos apropiado.

Si nos detenemos y vemos lo sucedido durante este tiempo de pandemia, la mayor beneficiada ha sido la casa común; ver al hombre encerrado en cuarentena y junto a él vemos una naturaleza renovada, limpia, pujante, nos pone en evidencia que muchos de nuestros hábitos y costumbres son dañinos y esclavizan.

Por último, es tiempo de alegrarse. El jubileo iniciaba con el sonido escandaloso de un cuerno, este jubileo de la tierra ha iniciado con sonido atormentante de la pandemia; un sonido que no se puede ignorar y que despierta las conciencias, un grito que nos impacta y que nos pide cuidar lo que el Padre nos entregó. Cuando los cristianos cuidemos la creación que se nos ha encomendado, seremos motivo de gran alegría para Dios. Así como un papá se alegra cuando el hijo cuida lo que le ha regalado y eso lo motiva para regalarle cosas mejores; así mismo Dios se llena de gozo cuando sus hijos cuidamos la casa común y así se esfuerza por darnos dones cada vez mejores. Al que cuida se le sigue dando. 

    Estas cinco características del jubileo pueden ayudarnos a despertar dentro de nuestras comunidades cristianas una espiritualidad ecológica. Muchas veces nuestra oración es demasiado narcisista y nuestras celebraciones muy antropocéntricas; es necesario orar como una criatura en medio de un mundo que es voluntad de Dios, celebrar de manera que toda la creación se una a nosotros en una única alabanza al Señor. Debemos comprometernos, en los distintos ámbitos de la pastoral, a respetar la casa común; esto no por simple campaña ecológica sino para cumplir el mandato de Dios al inicio del mundo cuando nos encomendó cuidar la obra de sus manos.

    Durante este mes, hasta la memoria de san Francisco, podríamos tener acciones concretas como familias creyentes que nos vayan ayudando a cambiar los hábitos dañinos: que pueden ir desde el cuidado del agua en casa, el embellecimiento de nuestros jardines o la disminución de consumo de energía. Son pequeñas cosas que pueden ir creando una consciencia más viva sobre el cuidado de la creación.

Ser fraternos entre nosotros, con todas las criaturas y con Dios es el mayor ideal de perfección que debemos alcanzar.

P. Jesús Camacho SCJ

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