El Pacto de Puntofijo todavía es una lección de unidad por aprender
Un 31 de octubre, hace 63 años, tres de los principales partidos políticos del país suscribieron un convenio para garantizar el sistema político democrático que se reiniciaba luego de la dictadura de Marco Pérez Jiménez. Actualmente, cuando Venezuela enfrenta de nuevo a las corrientes autoritarias, la colaboración entre diferentes tendencias y la búsqueda de consensos que estableció el Pacto de Puntofijo sigue siendo tarea pendiente
Luego del derrocamiento de Marcos Pérez Jiménez y para garantizar la estabilidad del régimen democrático que se retomaba luego de 10 años, tres de los principales partidos políticos de la época, AD, URD y Copei, suscribieron el Pacto de Puntofijo, un acuerdo mediante el que se comprometieron a apoyarse mutuamente con miras a las elecciones de 1958, contar con una base programática conjunta para el nuevo gobierno y tener presencia todos en el Gabinete que se habría de instalar en 1959, bases que le dieron fortaleza a la primera gestión de la era democrática de Venezuela y permitieron que el sistema comenzara a caminar con buen pie a pesar de las aspiraciones de sectores militares y civiles radicales por recuperar el poder.
Actualmente, cuando el país sufre la falta de una auténtica división entre los poderes públicos, ataques a la prensa y encarcelamiento de dirigentes políticos, los principales partidos de la oposición han sido intervenidos judicialmente o ilegalizados, y el gobierno acusado por la alta comisionada de las Naciones Unidas para los DDHH, Michelle Bachelet, de violar sistemáticamente los derechos fundamentales, y mientras la Fiscalía de la Corte Penal Internacional (CPI) evalúa si procede una investigación por crímenes de lesa humanidad, la situación encuentra a la oposición fragmentada y a sus dirigentes disputando candidaturas o posturas políticas, por lo que bien vale la pena repasar aquel episodio cuando los líderes políticos dejaron de lado aspiraciones personales y grupales para echar a andar y consolidar el sistema democrático.
El historiador Tomás Straka y los analistas Guillermo Aveledo Coll (doctor en Ciencias Políticas y profesor de la Universidad Metropolitana) y Félix Seijas (estadístico y director de la encuestadora Delphos) analizan el contexto en que ocurrió el acuerdo y sientan un paralelismo con el momento actual, coincidiendo en señalar la necesidad de recuperar el espíritu de unidad que animó el Pacto de Puntofijo.
Aprender de la experiencia del Pacto de Puntofijo
La necesidad de un acuerdo que pudiera garantizar la convivencia en el régimen democrático, sumar esfuerzos de los diferentes sectores sociales y enfrentar conjuntamente los desafíos de la nueva era de libertades arrancó en su mayor parte de la experiencia del período del llamado el trienio adeco (1945-1948), cuando una junta de gobierno, presidida por Rómulo Betancourt ejerció el poder luego del golpe de Estado del 18 de octubre de 1945, que depuso al presidente Isaías Medina Angarita.
Explicó el historiador que el antecedente inmediato del pacto se dio con la coordinación de sectores que años atrás se querían muy poco: adecos, copeyanos y comunistas, que comenzaron a articular acciones y aprovechar los errores políticos de Pérez Jiménez, de quien dijo, pudo haberse quedado más tiempo en el poder, pues el país contaba con recursos económicos producto de un bum petrolero.
«Esa coordinación preliminar que ya en 1957 llevó al pacto de Nueva York de la mano con EE. UU., la firman AD, URD, Copei y un representante diplomático colombiano. Hay un espíritu, un convencimiento de que juntos van a derrocar a la dictadura, y luego que la Junta Patriótica convoca el paro nacional (enero de 1958), se convencen de que no pueden pelear entre ellos como, había ocurrido entre 1945 y 1948», detalló Tomás Straka.
Deponer la crispación
Guillermo Aveledo Coll sostuvo que lo esencial del Pacto de Puntofijo es que se trata de un acuerdo político de no agresión ya que es la moderación entre las élites políticas la que va a permitir el avance un sistema político pluralista.
El analista afirmó que se debe recordar que los partidos URD y Copei se forjan no solo en oposición a AD durante el trienio sino que estas organizaciones —al igual que el Partido Comunista de Venezuela, que apoyó los ideales de la revolución de octubre— se sienten lastimadas y excluidas por AD, lo que generaba un clima de mucha tensión.
«AD consideraba, durante el trienio, que su organización y votantes encarnaban al pueblo y casi que tenían razón porque contaron con una mayoría que fue la más grande en la historia, y gobernaron con un celo y un sectarismo que enardecía a los otros partidos», argumentó.
Hizo énfasis en que la lección aprendida entonces fue que cuando las fuerzas que están a favor del voto popular, la democracia y las reformas no están de acuerdo, resulta más fácil que actores contrarios a la democracia ocupen el sistema, por lo que se impuso el criterio de que había que hacer las paces.
«Se trata de un acuerdo político de no agresión, tenían el convencimiento de que la moderación entre las élites es lo que permite el sistema político pluralista y significa que todos reconocen el sistema electoral y los resultados de las elecciones y que todos van a apoyar el gobierno que surja, así como un programa mínimo de gobierno que vendrá después», abundó Aveledo Coll.
Lo institucional por encima de lo personal
Félix Seijas coincide en que AD comete el error de haber tomado una actitud hegemónica durante el trienio y no abrirse a la participación de otros sectores.
«Incluso al ala militar le cerró las puertas de manera un poco brusca y todo eso generó un nuevo golpe», refirió.
Añadió que, retomada la democracia, toda la experiencia que ya se había vivido contra Pérez Jiménez y ante la presión de un ala militar que quiere volver a instalar un gobierno castrense hizo que se impusiera el llegar a un acuerdo entre los actores políticos principales.
«En ese contexto, Jóvito Villalba, Rafael Caldera y Rómulo Betancourt retoman lo que habían hablado y firmado en Nueva York, con tres pilares fundamentales, respeto a las elecciones, gobierno de unidad nacional y un plan mínimo de gobierno. Buscaban ese consenso, sabían que la manera de tratar de estabilizar todo era ir hacia lo institucional, que eso estuviese por encima de lo individual. Ese es el corazón de Puntofijo», destacó.
Prosiguió Félix Seijas diciendo que, con miras a las elecciones de 1958, se armó un plan de gobierno con unas bases conjuntas y, una vez electo Betancourt, los demás partidos participaron dentro de ese gobierno, todo lo cual permitió que las cosas empezaran a funcionar.
Con información de Tal Cual


