El mundo ante la actual pandemia, necesita de la solidaridad de todos

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La solidaridad, lo primero en considerar, es que  no es una palabra novedosa viene desde el principio de la creación. Cuando Dios hizo al hombre dice el autor sagrado; “Dijo luego Dios: “No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada…”. (Gn 2 ,18.22-23). Esto quiere decir, que la solidaridad parte de un acto del mismo Dios, que se hace solidario con el hombre y la mujer quienes representan a la especie humana. Entonces, si Dios que es solidario y hace a la pareja humana en solidaridad. ¿Por qué hay tantos gestos opuestos a la solidaridad en el mundo? La respuesta es sencilla, porque el hombre por su envidia y egoísmo rechaza ser solidario con Dios y con los demás. De hecho, lo podemos notar  desde los orígenes de la humanidad en los hermanos, Caín y Abel, entre ellos no hubo solidaridad de parte de Caín, quien por envidia le arrebato la vida a su propio hermano (Gn 4, 3-16), y aunque Dios hizo al hombre y la mujer para vivir en solidaridad, por el contrario han seguido  apareciendo acciones de envidia y egoísmo, como el caso de la parábola del hijo prodigo. “El hermano mayor contra el menor” (Lc 15, 11-31). Y así como hemos descrito estos dos ejemplos, uno del AT y otro del NT, nos dan una muestra fidedigna de estas actitudes que nos demuestran gestiones en contra de la solidaridad en el seno de dos familias.

También se ven estos comportamientos en muchos otros escenarios donde la persona se mueve. Por ejemplo, nos preguntamos. ¿Por qué hay ricos y pobres? ¿Por qué existe aún el racismo? ¿Por qué hay países desarrollados y países en subdesarrollo? ¿Por qué se clasifica la sociedad por estratos? Porque sencillamente el mismo ser humano hombre o mujer se opone a ser solidario con su hermano, con el prójimo, con el ser humano en general. Esta oposición fluye del egoísmo que está en su corazón,  porque se deja seducir por las tentaciones que el demonio le coloco a Jesús: “el poder, tener y placer” (Lc 4, 3- 12). No se puede entender y practicar la solidaridad, si no es a través del paso de la mismidad a la alteridad, es decir, saltar de uno mismo hacia el otro, pasar del yo al nosotros, y para esto se necesita un acto heroico que solo lo dan los que entienden de desprendimiento, donación y caridad, la que comienza por las pequeñas cosas. Bien nos enseña Jesús cuando dice, “el que es de fiar en lo menudo lo será en lo grande”.

En estos momentos el mundo está urgido de cambios muy profundos, y estos se comprueban de un modo más específico en la falta de solidaridad  entre las naciones y las mismas personas, dice el Papa Francisco, “que la Unión Europea pudo levantarse de la enorme crisis a la que fue sometida por la segunda Guerra mundial, porque hubo solidaridad”. Este ejemplo de la historia debe motivar a la humanidad para romper esquemas  y ponerse del lado de los que más sufren y  buscar dar respuestas en bien para todos, comenzando por los migrantes y las familias afectadas por la pérdida de sus seres queridos debido al COVID-19. Cada día que acontece en el mundo en medio de esta pandemia, que está produciendo tanto dolor y tristeza por las vidas que se sigue llevando,  nos hace ver la fragilidad de una sociedad polarizada por el egoísmo y el afán del poder y las riquezas; es urgente la búsqueda de auténticos signos de solidaridad, de unos y otros.

Recordemos aquellas palabras que hemos oído tantas veces e incluso expresadas por innumerables actores en la sociedad como la política, las religiones, los medios de comunicación social, “que en la unión esta la fuerza”. Una fuerza que se necita especialmente hoy para avanzar en vencer el enemigo común. Es el momento propicio para que los hombres que tienen el poder, económico y político; quienes influyen en la sociedad, asuman el reto y demuestren al mundo que no solo se unen para la guerra, sino también para el bien común, que permitan buscar soluciones a los actuales problemas que afectan a la humanidad, desde el punto de vista sanitario debido a la pandemia, están llamados a buscar la solución con vacunas que den con la erradicación de este virus. No basta la buena voluntad sino también los recursos necesarios que faciliten el acondicionamiento de todos los centros de salud, se proteja al personal médico y se pueda atender a todos los afectados en igualdad de condiciones, sin caer en campaña política con lo poco que se hace, es una obligación constitucional, que los gobiernos protejan la salud de sus conciudadanos.

Las primeras comunidades que describe Lucas, surgieron a partir de la solidaridad, “donde nadie pasaba necesidad porque se compartían los bienes entre ellos y cada quien recibía lo que necesitaba” (Hch 2, 43-47). No necesitas tener en cantidad o de sobra para ser solidario. La solución no está en que existan ensayos, teorías, y muchos textos ya escritos y publicados que nos hablen de la solidaridad, porque esto no basta si cada persona no es capaz de entender que nada de lo que se tiene ha llegado por generación espontánea a nuestras vidas, todo ha tenido un origen, un desarrollo y en ese proceso han sucedido incontables sucesos y participado innumerables personas, podemos nombrar por ejemplo, los alimentos que todos los días llegan a nuestra mesa, pero no tomamos en cuenta quienes han participado desde que se preparó el terreno, sembró la semilla, se desarrolló la planta, llego la cosecha, vinieron los recolectores, se vendió y llego a los centros de acopio, luego se distribuyó entre los pequeños comerciantes, lo compre y llego a mi casa, fue a la nevera, paso a la cocina se prepara como alimento y finalmente se sirve. Cuantos somos conscientes de este largo proceso de solidaridad, en agradecer a Dios y a cada persona que participo, para que este trabajo mancomunado llegase a ser disfrutado como alimento y sustento a nuestros cuerpos.

El Papa Emérito Benedicto XVI, “invitaba a la humanidad a descubrir en los actos de solidaridad la presencia de Dios mismo, que ha sido solidario siempre con el ser humano”. El mismo pontífice: “invitaba a todos los hombre de buena voluntad a ser solidarios siempre en el bien venga de donde viniera, pero jamás hacernos solidarios con el mal venga de donde venga”. Podemos concluir que la solidaridad es un acto divino, Dios quiere la solidaridad entre los hombres,  para la donación que lleva a los hombres a saber dar de lo que les pertenece y darse a sí mismos, de ahí que Jesús nos dirá; “hay más alegría en dar que en recibir”. (Lc 6, 38; Hch 20,35).

Pbro. Yofran Antonio Chirinos Hiraola.

La Mañana

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