El gran salto
Cuando se produzca el cambio de gobierno en Venezuela. ¿Qué nos espera en el ámbito económico? Esta es una pregunta muy necesaria de abordar en este momento.
Luego de casi 3 décadas de destrucción del sistema productivo; casi 3 décadas de devaluación de la moneda; de aniquilación de la capacidad instalada comercial y productiva de la nación. Todo esto amerita una nueva visión económica del país.
Una reinterpretación de nuestra posición, de nuestro potencial y de cómo concebimos el mañana, de cómo nos preparamos para ese mañana y cómo, desde ahora, aplicamos los cambios necesarios desde el punto de vista estructural, social y político.
Después del chavismo lo que viene es el gran salto hacia la prosperidad de Venezuela.
Debemos recordar que el colapso de la economía venezolana no fue el producto de eventos fortuitos ni de factores externos, sino el resultado deliberado de décadas de saqueo, centralismo, hipertrofia estatal y un desprecio sistemático por la propiedad privada y el libre mercado.
El chavismo aplicado y llevado a una expresión totalitaria, cruel y alocada produjo la destrucción del aparato productivo, la hiperinflación y el éxodo masivo de mano de obra experta, de técnicos experimentados y profesionales de primera línea.
Por ende, crear las condiciones económicas vitales es esencial para el permitir el regreso del talento al país y, además, mejorar el sistema de formación para las nuevas generaciones de venezolanos.
Ahora bien, si Venezuela pretende construir un futuro próspero, debe romper de manera radical con la visión de un Estado intervencionista, centralista y paternalista, esto es indispensable.
Debemos abrazar sin complejos la descentralización, los principios del libre mercado, el respeto a la propiedad privada y la iniciativa individual.
Para alcanzar esto debemos dar un primer paso, que por demás es fundamental, el cual radica en el restablecimiento de la seguridad jurídica y el acatamiento irrestricto a los derechos de propiedad.
Ningún inversionista, sea local o extranjero, arriesgará su capital en un entorno donde las expropiaciones y expoliaciones arbitrales y la inseguridad normativa sean la norma. Es decir, el cambio económico debe indicar con la inviolabilidad de la propiedad de cada quien.
Debemos garantizar reglas del juego claras, imparciales y permanentes, pues esto permitirá reactivar la confianza, atraer inversiones de largo plazo y revitalizar sectores estratégicos como la energía, la agricultura y los servicios, devolviendo al sector privado el rol protagónico que nunca debió perder.
Esto es imperativo, para lograr la meta que nos tracemos como país. Debemos implementar una profunda desregulación del mercado, la eliminación definitiva de los controles de precios y de cambio, y una reducción drástica del gasto público.
Porque un Estado más pequeño y eficiente no solo aliviará la carga tributaria sobre los ciudadanos y los emprendedores, sino que eliminará los incentivos para la corrupción estructural.
La apertura total al comercio internacional, fomentará la competencia, mejorará la calidad de los bienes y servicios, y permitirá que la ley de la oferta y la demanda asigne los recursos de manera productiva. Así empezaremos a ser una nación próspera, con una población productiva.
El futuro económico de Venezuela no se decretará desde un despacho sino de la fuerza creadora de sus ciudadanos en libertad; sin embargo, aunque parezca contradictorio esto sucederá en la medida que tengamos un Estado dirigido por unas personas conscientes del papel que nos toca en el porvenir.
A una dirigencia que vea la realidad y que tenga la capacidad de tomar las decisiones correctas.
A Dios gracias, tenemos a la persona idónea para liderar este proceso: María Corina Machado.
Ella tiene la capacidad y la decisión de emprender las acciones necesarias para hacer de Venezuela una nación grande.
Sin más que agregar, nos leemos la próxima semana.
Por Omar González Moreno


