El efecto Pigmalión, por Fredis Villanueva

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Podemos afirmar que cada día de nuestras vidas hay actos que suceden, porque bien sea consciente o inconscientemente, estamos respondiendo a lo que las personas que nos rodean esperan de nosotros, para lo bueno y para lo malo. Lo que los demás esperan de nosotros pueden desencadenar en un conjunto de acciones que nos lleven mucho más allá de lo que podemos imaginar, en lo mejor y en lo peor. A este principio de reacción a partir de las creencias y expectativas de otras personas, es lo que los estudiosos de la conducta humana denominan: “el efecto Pigmalión”, el tema que nos ocupa hoy. Así que, sin más preámbulo, pasamos a centrarnos en dicho tema.

El efecto Pigmalión, su nombre se debe al mito griego de Pigmalión, un escultor que se enamoró de una estatua que había tallado y, al final, esta acabó cobrando vida después de un sueño de Pigmalión, por obra de Afrodita, al ver el amor que este sentía por la estatua, que representa la mujer de sus sueños.

El efecto de Pigmalión, está clasificado en dos tipos: positivo y negativo. El efecto Pigmalión positivo: produce un efecto positivo en la persona, de tal forma, que afianza el aspecto sobre, el cual, se produce el efecto, provocando un aumento de la autoestima de la persona y del aspecto en concreto… El efecto Pigmalión negativo o efecto Golem: produce que la autoestima de la persona disminuya y el aspecto sobre el cual se actúa disminuye e, incluso, puede llegar a desaparecer.

En el ámbito educativo, que es el renglón que dominamos un poquito más lo educadores, ha habido profesores que han hecho estudio sobre el efecto Pigmalión desde la perspectiva de la teoría de la profecía autorrealizada, esta teoría la entendemos como uno de los factores que influyen en la motivación de los alumnos en el aula de clase. Pareciera que fuese un efecto mágico, pero evidentemente que no lo es, lo que pasa es que los profesores formulan expectativas acerca del comportamiento en clase de diferentes alumnos y los tratan de manera distinta de acuerdo con dichas expectativas. Es posible que a los alumnos que los profesores consideran más capacitados les den más y mayores estímulos, más tiempo para sus respuestas, entre otros beneficios.

Los alumnos a los cuales nos estamos refiriendo, al ser tratados de una forma distinta, responden de manera diferente, confirmando así las expectativas de los profesores y respondiendo más acertadamente a cada una de las respuestas con mayor frecuencia. Si esto se hace de manera continuada y por mucho tiempo. Los profesores conseguirán mejores resultados escolares y mejores calificaciones en los exámenes.

En mi muy humilde reflexión final, pienso que para evitar las cuestiones nocivas del efecto Pigmalión, es fundamental que los profesores, padres y personas adultas (me incluyo), que tienen ciertas influencias en los niños y adolescentes, hacernos un ejercicio de autoexploración. Eso nos va a permitir descubrir cuáles son las expectativas reales de quienes tenemos la responsabilidad de ayudar a formarse como hombres y mujeres, útiles a la sociedad.

Gracias por invertir su valioso tiempo en leerme, ojalá se sienta gratificado por la inversión del mismo,

¡Un abrazo lleno de bendiciones!

¡Hasta el próximo miércoles, Dios mediante!

Por Fredis Villanueva