Opinión

El desapego 

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   En mi reflexión de la semana, comienzo por decir un proverbio hindú, el mismo dice, así: «El que abandona lo cierto por correr tras lo dudoso, pierde uno y lo otro», este proverbio hindú, nos advierte que abandonar lo seguro y valioso, es decir; lo cierto, por ilusiones o búsqueda eventuales, puede perderlo todo… pero en sí, en lo personal, mi frase favorita  referente al desapego es la del coach y exmonje londinense, Jay Shetty, cuya cita, dice así: «El desapego no significa que no poseas nada, significa que nada te posee». Según Shetty, en mi limitada interpretación, logro deducir, no se trata de renunciar a todo, sino de no permitir que personas, circunstancias u objetos nos controlan.
   Así que, sin más preámbulo, EL DESAPEGO es una práctica emocional y espiritual que implica soltar el apego a personas, situaciones u objetos. En otras palabras, el desapego consiste en liberarse de las cadenas de las expectativas y la dependencia, permitiendo vivir con mayor libertad y autenticidad. 
Según el estoicismo, EL DESAPEGO es la liberación del sufrimiento emocional al entender que solo lo interno (carácter y virtud) es verdaderamente nuestro, aceptando que lo externo (posesiones, personas, resultados) es transitorio y no conduce a la verdadera felicidad (eudaimonía), sin implicar aislamiento, sino una participación plena, pero sin aferrarse emocionalmente, enfocándose en el proceso y no en resultados específicos para alcanzar la paz interior y la libertad emocional. 

Además, la filosofía o disciplina estoica, uno de sus principios del desapego, es reconocer que la virtud y el carácter son las únicas fuentes de felicidad, no las circunstancias externas. Los estoicos, nos aclaran que podemos aceptar bienes, relaciones y sucesos con aprecio, pero sin apego, sabiendo que pueden cambiar o desaparecer, porque el solo hecho de entender que todo es transitorio, eso nos libera del miedo y sufrimiento al perderlo.

   En resumen, el desapego es una práctica mental para vivir plenamente en el mundo, amando y actuando, pero sin ser esclavo de las personas o cosas externas, logrando así la libertad interior y la paz mental.
   Para finalizar, el desapego es soltar, o sea, dejar ir y eso implica aceptar el final, aceptar lo vivido y centrarnos en nuestro crecimiento personal. Si lo que cargamos nos pesa, entonces es momento de soltar, sanar y seguir adelante, con Dios por delante. 
   Si le gustó mi reflexión de la semana, cuánto le agradezco que me ayude a compartirla.
 iUn abrazo lleno de paz e infinitas bendiciones!
Por Fredis Villanueva