El callejón de Las Reyes
La memoria hay que cuidarla en un país donde proliferan los discursos de la superficialidad. Un buen día borramos la tradición por la moda, y Buchuaco se llama Saint Tropez o el Edificio Santa Rosa, en Coro, aparece en las trípticos del turismo ignorante como la Casa de las Cien Ventanas.
En estos tiempos de decadencia y destrucción la mirada a los espacios urbanos es de la mayor importancia. Son ellos uno de los mayores retos a las comunidades y su organización.
En Pueblo Nuevo de Paraguaná uno de los escasos espacios corales que ha merecido desde hace varias décadas la atención para su resguardo y conservación es el llamado Callejón de las Reyes, que no Callejón de los Reyes.
Conformaba antiguamente parte de la calle principal del poblado, conservando su diámetro de anchura. Se iniciaba en la Villa Socorro que nombró Ramona Irausquín, proseguía entre la casa de los Dávila Gómez y los Rossell Guiñán; pasaba frente a la iglesia y luego entre las casas de los Tellería y los Sierralta, y se enrumbaba hacia los cementerios. Quizás por marcar el paso entre iglesia y cementerio se le daba la denominación de «calle principal».
El Callejón de Las Reyes recibe su nombre de la familia Reyes Delgado, en especial de sus mujeres. Así como la tradición distingue «la casa de las Osorio» y borra al único de los hijos varones, o la denominación «la casa de las Chirinos» borra a Checheo y Chindito. Así, antes se hablaba de «la casa de las Tellería» y dos de los generales paraguaneros más importantes del siglo XIX eran invisibilizados, o «la casa de las Weffer» y uno de nuestros poetas representativos no existía.
La familia Reyes Delgado la conformaban Luis y Juana, junto a sus hijos Rómulo, Guillermo, Alonso, Cupertino, Juan Bautista, Olimpia, Luisa, Zoila y Cenovia.
Centro de reunión, de juegos y tertulias, la casa de las Reyes era un eco de la vida social, política y cultural de Pueblo Nuevo en los años treinta y cuarenta del siglo XX.
Rómulo Reyes casó con Esther Fernández, hija de Benjamín Fernández y Guillermia Sánchez, siendo los padres de Pedro Napoleón, José Luis (dueños de La Posada de Luis), Rómulo Arturo Carmen Esther y María Elena.
Guillermo Reyes casó con María Delgado, hija de Diego Delgado, y nieta de Manuel Delgado y Aurelia García. Fueron ellos los padres de Esteban y Aida Reyes. También de Guillermo fueron hijos Rafael Bravo y Rosamelia Irausquín. Cupertino no se casó, fue el padre de nuestra buena amiga Ramona Irausquín, quien nos trazó esta genealogía que ha completado su sobrino Pedro Napoleón Reyes Fernández. La niña, de nombre completo Juana Ramona, fue criada por su abuela, Juana Delgado de Reyes.
Alonso Reyes casó con Trina Romero y no tuvieron hijos. El fue un distinguido comerciante local y ella una de las primeras mujeres en manejar en el poblado. Su negocio quedaba donde hoy está la casa del partido Acción Democrática.
Olimpia Reyes contrajo matrimonio con Pedro Pablo Thielen y fueron los padres de Benigno, Próspero, Rolando, Rodolfo, Hilda y Martha.
Luisa Reyes casó con Jacobo Krame, árabe llegado a Paraguaná a inicios del siglo XX, y fueron los padres de Ana Luisa y de Julio León Krame, este último muerto de tifus sin alcanzar la adolescencia. «La Casa del pueblo» era el negocio de Jacobo Krame, y después de su yerno José Hernández Rochill, conocido popularmente como «Yusiff». El negocio quedaba en la casa tradicional situada en la esquina nor-oeste de la plaza Bolívar, donde hoy queda una venta de verduras.
Juan Baustista, el último de los Reyes Delgado se unió con Petra Montiel y no tuvieron descendencia.
Zoila y Cenovia Reyes quedaron solteras y no tuvieron hijos. Eran ellas «mujeres de iglesia». Zoila fue a encargada a finales de la década de 1940 de la recolección de dinero entre los pobladores para comprar la imagen de Jesús atado a la Columna y de El Nazareno, que todavía permanecen en la Iglesia de la Inmaculada Concepción a pesar de tanto maltrato y tanta desidia.
Comentario aparte merece el tratamiento de conservación y restauración arquitectónica que a lo largo del tiempo ha tenido el Callejón. Conformado por diez casas. sólo la mitad de ellas conserva sus características tradicionales.
Las de los Dávila -antes de los Weffer-, la de los Rossell Guiñán, la de la familia Medina -antes de Mariano Hill-, la de los Fierro -ahora propiedad de Charly Díaz-, y la de los Reyes, que antes fuera de la familia Garcés Manzanos, destacados participantes en la Guerra de Independencia. Al resto se les hizo un mascaron de supuesta «arquitectura colonial», como la Calle de la Tradición en Maracaibo o el centro de Cumaná. Unas y otras quedaron atrapadas en un trabajo infame realizado por MINDUR en 1987, que las uniformó e inventó, al igual que algunas casas de las calles principales de paso por Moruy y Buena Vista.
Ojalá algún día se lograra el sueño de la demarcación del centro histórico de Pueblo Nuevo, ojalá algún día nuestros planificadores y administradores, políticos y gerentes, tengan la sensibilidad para valorar lo que queda del patrimonio arquitectónico de Pueblo Nuevo y Paraguaná.
Sirvan estas palabras de recuerdo y homenaje a Ramona Irausquín (1905-2002), a su cordialidad y gentileza, que tanto contribuyeron en nuestro trabajo por el rescate de la memoria de nuestros pueblos.
Isaac López


