Opinión

Dios y el mundo: Luces y sombras presentes en el tiempo de pandemia

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La pandemia puso en marcha un cambio radical en la humanidad y en cada hombre. Nos proponemos acercarnos a esta realidad con una mirada analítica, capaz de identificar algunas  luces y sombras presentes en ella.

Los grandes hitos históricos de la humanidad: Revolución Industrial, las guerras mundiales, etc., incluían aspectos muy oscuros y negativos, pero de manera incipiente ya durante los mismos aparecieron otros positivos. Identificar algunas luces y sombras brindará criterios para  conducirnos de un modo adecuado.

En terminología cristiana la tarea que nos proponemos recibe el nombre de discernimiento. Aunque el discernimiento a realizar sea desde una perspectiva creyente, no significa que sea simplemente una “lectura espiritual” que no toque lo social, lo económico, lo político… por el contrario, el autor comprende desde su acervo filosófico que quien desee entender al hombre ha de tener en cuenta sus circunstancias.

Entre las sombras apuntamos:

Nuestros sistemas de salud no están a la altura del COVID-19. Nos referimos a todos los países. Venezuela es uno de los ejemplos por excelencia. Los médicos no cuentan ni siquiera con el material para prevenir el contagio. En el hospital de Coro, por ejemplo, tuvimos la oportunidad de apoyar a un hermano hospitalizado con un colchón, porque no tenían. Para seguir desarrollando esta cuestión no nos alcanzaría este ni mil artículos más, pero como “lo que está a la vista no necesita anteojos”, dejémoslo hasta aquí, porque “a buen entendedor…”.

La insuficiencia del sistema de salud es un problema mundial. Ciertamente algunos países cuentan con muy buenos centros para garantizar la salud, pero también allí la demanda por parte de los contagiados de COVID-19 es mayor a la oferta. Esto evidencia que el hombre ha invertido en tantas cosas triviales, tal es el caso de los teléfonos inteligentes: mensualmente –tal vez antes– van superándose en sus diseños, aplicaciones, capacidades, entre otros. ¡Ojalá avanzara con tanta velocidad buscar cura a las enfermedades!

Los gobiernos se sirven del COVID- 19 para manipular a su antojo al pueblo. A algunos les aprovecha para disfrazar decadencias socioeconómicas que se muestran en la escasez de gasolina y la hiperinflación. A otros les sirve para desarrollar elecciones electorales falsas.  Esta instrumentalización de una enfermedad, que ha sido para muchos mortal, revela una decadencia ética, una búsqueda ciega de poder que descarta a la persona de antemano. Un gobernante producto de unas elecciones falsas e injustas, no puede ser sino un vulgar ladrón.

Entre las grandes luces encontramos:

La responsabilidad. Podemos ilustrar este planteamiento con lo acaecido en el ámbito de los estudios tal y como se están desarrollando desde el inicio de la pandemia. Los padres y representantes, al menos en el ámbito venezolano, asumieron un rol protagónico en la educación de los hijos, sobre todo los de primaria y secundaria. A nivel universitario también se percibe una conciencia más clara y comprometida con la propia formación profesional, el pasar de tener un profesor todos los días en aula a tener que vérselas con un computador y ser autodidacta es un avance en la educación.

La solidaridad. Sentirse todos necesitados ha llevado a desarrollar la ayuda mutua, el salir de sí mismo para apoyar al otro, al vecino que antes ni saludaba. Esta acogida y servicio al otro se constata no solo a nivel personal, también gran número de países han asumido políticas económicas en este sentido.

Redescubrimiento de la familia y la amistad. Ante una enfermedad que amenaza  el valor fundamental de la vida, se ha propiciado un redescubrimiento del otro como alguien que me pertenece y que otorga a la propia existencia alegría y sentido. Estando confinados a la estreches de la propia casa, cada persona ha comprendido la necesidad de las sanas relaciones para el bienestar personal.

¿Cómo será el mundo después de la pandemia?. Podemos seguir en las sombras que hemos señalado y por ese camino, sin duda alguna, llegarán otras peores. Pero también podemos tomar lo bueno, las luces que surgen en medio de esta tiniebla que vivimos: la solidaridad,  la responsabilidad, el redescubrimiento del valor de la familia y de la amistad, el sentido del ahorro, etc. Lo que será el mundo después de la pandemia depende de si elegimos vivir en las sombras o en la luz.

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